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Carme Casacuberta, enóloga: “El vino debe formar parte de un estilo de vida consciente; sin excesos, es placer, familia y cultura”

Vinos

Casacuberta fundó Vinyes d'Olivardots junto a su marido a los 40 años, sin tener experiencia previa ni tener raíces viticultoras. “El respeto no llega de entrada, y menos en un sector donde la tradición pesa tanto; nos lo hemos ganado con coherencia, constancia y resultados”, dice

Actualmente, es la presidenta de la DO Empordà y continúa liderando el proyecto junto a su hija, Carlota Pena, otra generación que apuesta por la agricultura biodinámica, la fitoterapia y la sostenibilidad

Carme Casacuberta es presidenta de la DO Empordà. 

Carme Casacuberta es presidenta de la DO Empordà. 

Cedida

Carme Casacuberta lo dice alto y claro: Vinyes d’Olivardots nació de una afición compartida junto a su marido y del sueño de elaborar un vino propio. Y es que, enamorados del Empordà, de sus viñas viejas, sus suelos y su paisaje, en el año 2000 tuvieron la oportunidad de adquirir el Paraje Olivardots, en Capmany, y dos años después plantaron su primera viña. “Partimos de cero, no venimos de una familia de viticultores;  el vino apareció en nuestra vida como una manera de arraigar y de construir un proyecto con sentido”, cuenta.

Así fue como, a los 40 años y sin tradición familiar en el sector, Carme lo dejó todo por una nueva ilusión. Y ella, que era química de profesión, regresó a la universidad para formarse en enología y dar solidez a un proyecto construido desde la convicción. El vino se convirtió así en una manera de echar raíces y de levantar una iniciativa coherente con sus valores y con el territorio, asumiendo el riesgo como el precio necesario para ganar libertad. Actualmente, es la presidenta de la DO Empordà, y no solo continúa activa en su bodega, sino que su legado permanece en su hija Carlota Pena, enóloga y también implicada en el proyecto. 

Teniendo en cuenta que no tenías experiencia y que es un sector especializado, ¿no sentiste vértigo cuando empezaste?

Sí, y todavía hoy lo siento de vez en cuando. El mundo del vino es complejo y muy exigente. Pero el vértigo también es un motor: te obliga a formarte, a escuchar, a ser humilde. Con el tiempo entiendes que el conocimiento se construye paso a paso y que la credibilidad no se proclama, sino que se demuestra.

Siendo un proyecto que partía de cero, ¿fue difícil ganarse el respeto de profesionales del sector?

Ha sido difícil, sí. El respeto no llega de entrada, y menos en un sector donde la tradición pesa tanto. Lo hemos ganado con coherencia, constancia y resultados. A base de mimar la viña, de ser rigurosos con el producto y de tener claro qué queríamos hacer, el reconocimiento ha ido llegando poco a poco de manera natural.

¿Habéis tenido que renunciar a maneras de hacer para poder evolucionar?

Nuestra filosofía siempre ha estado basada en hacer vinos que expliquen honestamente el lugar donde nacen. Con los años he aprendido que evolucionar también significa desaprender, cuestionarte cosas que dabas por hechas, observar y escuchar mucho más la viña que los manuales. No siento que hayamos renunciado a nada, sino que hemos ido afinando nuestra manera de hacer, haciéndola cada vez más coherente. El respeto por el paisaje y por la identidad es compatible con la innovación.

Carme Casacuberta empezó el proyecto a los 40 años. 
Carme Casacuberta empezó el proyecto a los 40 años. Cedida

El respeto no llega de entrada, y menos en un sector donde la tradición pesa tanto; no lo hemos ganado con coherencia, constancia y resultados

Carme Casacuberta

Compartes proyecto con tu hija. ¿Cuál es vuestro día a día en Vinyes d’Olivardots?

Somos dos enólogas y viticultoras que compartimos una misma manera de entender la viña y el vino, muy vinculada al respeto por la naturaleza y al compromiso con el territorio, elaborando vinos que expresen el paisaje. Somos una bodega pequeña y eso significa que trabajamos juntas cada día, codo con codo, en un diálogo constante, compartiendo tareas, conocimientos, ideas, esfuerzo e ilusión. Yo continúo implicada en todas las tareas y decisiones del proyecto, tanto en la viña como en la bodega, el estilo de los vinos, las estrategias… Y Carlota, además, ha dado un paso muy firme para llevar nuestra viticultura aún más allá, profundizando en el trabajo biodinámico y la fitoterapia, con una mirada muy sensible hacia la sostenibilidad y los equilibrios naturales de nuestras fincas.

Ser de generaciones diferentes, ¿se nota a la hora de entender el vino y su consumo?

Yo vengo de una generación que tuvo que demostrar calidad y consolidar prestigio en un momento en que el Empordà todavía tenía mucho que demostrar. Ella forma parte de una generación que ya puede hablar más de identidad, de sostenibilidad y de conexión emocional con el consumidor. Creo que, más que diferencias, lo que tenemos son dos visiones que se complementan, y esa es la fortaleza de nuestro proyecto.

Precisamente, el consumo de alcohol (y de vino) entre los jóvenes ha disminuido. ¿Es un dato que os preocupa?

Es un dato que nos hace reflexionar. En los tiempos actuales que vivimos, las nuevas generaciones parecen ser más conscientes con todo lo que consumen, no solo con el alcohol. El reto es que el joven de hoy no perciba el vino como algo lejano o elitista, sino como un producto cercano, que lo conecta con el territorio y que también es cultura. Por eso creo que la finalidad sería que entiendan qué es el vino y que lo asocien con el placer consciente, la autenticidad y la calidad.

¿Y qué papel debe jugar el vino dentro de una sociedad que cada vez demanda más salud, conciencia y moderación?

El vino debe formar parte de un estilo de vida consciente. El vino es parte de nuestra identidad mediterránea desde los inicios de la historia y debe recuperar su lugar como elemento cultural y gastronómico. Consumido con moderación, el vino es placer, es tiempo compartido, familia y cultura; no es un exceso ni tampoco algo incompatible con la salud.

Este cambio de consumo, ¿también se tiene en cuenta a la hora de replantear los vinos?

Sí, y mucho. Por un lado, hoy el consumidor quiere entender lo que bebe, de dónde viene y cómo se ha hecho. Y, por otro, el cambio climático y las altas temperaturas están influyendo mucho en los tipos de vinos que más se consumen. Se buscan vinos con más ligereza y frescura. Por tanto, es importante hacer una buena comunicación y que las experiencias o propuestas acerquen el vino a momentos de consumo más cotidianos y menos solemnes.

Las redes sociales se han llenado de gente que explica el mundo del vino con trucos y consejos. ¿Es suficiente con explicar cosas prácticas para acercar la cultura del vino?

Creo que es necesario, pero no suficiente. Es un buen primer paso porque rompe barreras y hace el vino más accesible. Pero el vino también necesita relato, porque también es historia, cultura y emoción. Si nos quedamos solo con la parte práctica, corremos el riesgo de vaciarlo de significado.

El cambio climático y las altas temperaturas están influyendo mucho en los tipos de vinos que más se consumen; se buscan vinos con más ligereza y frescura

Carme Casacuberta

Cuando nace Vinyes d’Olivardots, ¿el reconocimiento de los vinos del Empordà estaba muy lejos del que tienen ahora?

Mucho. El Empordà había sido durante años una denominación poco explicada y poco valorada. La evolución desde entonces ha sido mirar hacia el futuro desde las raíces, apostar por las variedades locales y valorar la diversidad territorial; se ha buscado la identidad y la calidad de sus vinos. Hoy podemos decir que ya goza de un buen reconocimiento, fruto de estos años de esfuerzo y trabajo colectivo.

Los vinos de la DO Empordà han arrastrado el hándicap de tener una imagen menos conocida que otras DO catalanas, como Penedès o Priorat, y a menudo se ha dicho que son poco significativos. ¿Se han infravalorado?

Sí, claramente. El Empordà tiene una diversidad de suelos y paisajes extraordinaria por su ubicación entre el Pirineo y el mar Mediterráneo. Asimismo, tiene una historia vinícola que se remonta al siglo VI a.C. Y una riqueza de variedades única. Durante tiempo no supimos explicar lo que teníamos ni tampoco se supo valorar, pero, como te decía, eso ha ido cambiando.

Carme Casacuberta junto a su hija, Carlota Pena. 
Carme Casacuberta junto a su hija, Carlota Pena. Cedida

¿Cómo habéis contribuido las bodegas a explicarlo mejor?

Con la apuesta clara por las variedades locales, garnachas y cariñenas, elaborando vinos fruto del respeto a la tipicidad y los orígenes, y sobre todo abriendo las puertas de las bodegas, apostando por el enoturismo y hablando con orgullo de lo que somos. Hemos pasado de querer parecernos a otras zonas a reivindicarnos.

En tu caso, en 2023 te convertiste en la primera mujer en presidir la DO Empordà desde 1975. ¿Están cambiando las cosas en el sector desde la perspectiva de género?

Sí, están cambiando, pero todavía queda camino. El sector del vino históricamente ha estado muy masculinizado, aunque la mujer siempre ha estado presente tanto en la viña como en la bodega, pero sin visibilidad. Creo que estamos en un momento de cambio real. Cada vez hay más mujeres muy bien preparadas en el sector: enólogas, viticultoras, directivas, sumilleres y propietarias de bodegas, y eso también transforma la manera de liderar y comunicar. Personalmente, no he vivido situaciones de discriminación explícita, pero sí he tenido que mantenerme firme y demostrar mucho mi valía. Con el tiempo y el trabajo bien hecho se consigue el respeto.

El Empordà había sido durante años una denominación poco explicada y poco valorada; hemos pasado de querer parecernos a otras zonas a reivindicarnos

Carme Casacuberta

Otro de los grandes retos es el cambio climático.

Con el cambio climático, la viña requiere mucha más observación, capacidad de adaptación y cambios en la toma de decisiones a la hora de realizar las distintas tareas. Profundizar en una agricultura biodinámica nos está ayudando a reforzar la vitalidad del suelo y la resiliencia de las plantas. Buscamos más equilibrio vegetativo para proteger las uvas de las olas de calor y menos trabajo de suelo, manteniendo cubiertas vegetales que retengan vida y humedad. También ha supuesto cambios en el calendario, tanto de poda como de vendimia, y una apuesta clara por las variedades locales en las nuevas plantaciones, sobre todo recuperando las cariñenas en sus tres colores (blanca, roja/gris y negra), ya que hemos visto que son claramente las más antiguas, adaptadas y resilientes.

¿El Empordà está mejor o peor preparado que otras zonas para afrontar este nuevo escenario?

No me gustaría plantearlo en términos de mejor o peor, porque cada territorio tiene sus fortalezas y debilidades. Lo que sí puedo decir es que el Empordà tiene una gran capacidad de adaptación gracias a la diversidad de suelos y altitudes y la constante influencia de la tramuntana. Aunque también somos una zona expuesta a la sequía y a episodios extremos. Estar preparados significa ser conscientes y actuar, y en eso el sector está muy alineado. Las bodegas están invirtiendo en sostenibilidad, en gestión eficiente del agua, en recuperación de variedades históricas y en prácticas que refuercen la resiliencia de la viña. Sabemos que el futuro no será fácil, pero creo firmemente que el Empordà tiene una gran capacidad de adaptarse sin perder identidad.

Malgrat de Mar, 1991. Graduada en Periodismo por la UAB y máster en Periodismo Político Internacional en la UPF