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“Hay regiones que suman reputación a sus vinos y bodegas, y otras que restan”: ¿qué es el determinismo latitudinal?

Vinos

Las regiones vinícolas que están situadas en zonas menos conocidas, sobre todo, tienen el reto de prever el contexto reputacional que impera para actuar en consecuencia y sobrevivir

La región puede beneficiar (o perjudicar) a la reputación del producto final. 

La región puede beneficiar (o perjudicar) a la reputación del producto final. 

TONO BALAGUER

Vamos a ver, vanguardier. ¿A qué ves muy normal entrar en un bar y pedir un Rioja (o riojita)? ¿O muy pertinente acompañar una carne con un Ribera del Duero? Estás acostumbrado a que el personal se pida un Ribeiro, un albariño, una godello o un verdejo fresquito, pero ¿y qué pasa con las demás regiones, que no son las ya señaladas, y que no trabajan las uvas mencionadas?

Vamos con la última pregunta: ¿Alguna vez has pedido una merseguera, un Terra Alta o un Ribera del Júcar en un local? No, salvo que seas de una de esas regiones, o estés en una de ellas y quieras practicar el llamado consumo de cercanía. De no ser así, y siendo un civil, jamás habrá ocurrido.

Por tanto, a poco que vayáis procesando esta información, que lo mismo no os lo habíais planteado, llegaréis a la conclusión de que no es lo mismo tener la bodega en el Priorat que en Cigales. Porque no es ni parecido situarse en una región con bastante foco mediático, aunque sea iniciado, como es Cebreros (o lo que llamamos “garnachas del centro”), a hacerlo en Almansa.

Eso es a lo que llamo determinismo latitudinal, y es que hay regiones que suman reputación a sus bodegas, otras que restan y, por supuesto, también las que ni lo uno ni lo otro. Aunque pueden, las bodegas inmersas en latitudes exitosas o neutras no deberían obviar esta circunstancia, pero para las que están situadas en las menos conocidas, darse cuenta de este contexto es una cuestión de supervivencia para proceder en consecuencia. Por ejemplo, si eres el propietario de una bodega en una zona poco agraciada, o te centras en el ya mencionado consumo de cercanía, o te toca apuntar al consumidor iniciado, apostarlo todo a la calidad y atraer atención.

Y es que en un mercado tan competitivo y con cada vez menos consumidores, como es el del vino, no queda otra que ir a precio y presencia masiva (para conseguir civiles) o bien sacar ventaja de una supuesta debilidad y plantear una estrategia de diferenciación y singularidad (orientada a captar iniciados, el único sector de consumo vinero que crece).

Si eres el propietario de una bodega en una zona poco agraciada, o te centras en el consumo de cercanía o apuntas al consumidor iniciado y a la calidad

¿Quién va a pedir una Juan García (una variedad de uva) en Madrid? Pues alguien con la suficiente curiosidad y espíritu como para no estar bebiendo siempre lo mismo. Son aquellos que pensamos que en la variedad está la diversión. Por tanto, planteado este terreno de juego, y como yo a los vanguardiers, como mínimo, os considero en vías de iniciación, es el momento de pasar a la teoría aplicada con tres ejemplos de muy buenos vinos de regiones algo, o bastante, ignoradas.

El Hato y el Garabato, Ecléctico, 2023, DO Arribes (17,50 euros)

En tierras de Zamora y Salamanca se halla esta DO que atesora proyectos muy a tener en cuenta. Uno de ellos es el de El Hato y el Garabato, un proyecto familiar de Liliana Fernández y José Manuel Benéitez (también enólogo de Vía Cénit), orientado a vinos diferenciales, frescos y fluidos. Es decir, de un estilo muy vigente. Podéis probar cualquiera de sus tintos, pero yo aquí vengo con su puesta en cruz, variedad autóctona que aquí nos deja un blanco salino y vertical, de fruta contenida y bastante suelo. Sin duda, uno de los mejores blancos de este país por debajo de 20 euros.

Boticario de Silos, 2022, DO Arlanza (28,90 euros)

Seguimos en Castilla y León, ahora entre Burgos y Palencia, con un elaborador que está empezando a llamar la atención: Andrés Septién. Además de su innegable calidad, aquí hay que señalar un fenómeno interesante, que es el de haber sabido colocar sus referencias en una distribuidora acostumbrada a tratar con vinos de culto como es Almavinos.

Y es que una de las maneras de prestigiarse es introducir tu marca en el canal adecuado y en eso Andrés ya ha hecho parte del trabajo. Ahora os toca a vosotros probar este ensamblaje de Tempranillo, Garnacha y Mencía de textura fluida, sabor frutal y estimable frescura. Perfecto para sorprender a propios y extraños.

Siluvio Tinto, 2023, DOP Cangas (26,95 euros)

Y cierro en un municipio de Cangas bastante más remoto de lo que podría parecer: Cecos. Ahí es donde se ubica Bodegas Siluvio, el proyecto personal de Lalo Méndez, conocido distribuidor de vinos que se ve que no tenía otra cosa que hacer que tirar hasta este complicado lugar, tanto por acceso como por su tórrido verano, a elaborar blancos complejos —esto que ahora se llama gastronómicos— y tintos ligeros.

Su Siluvio es una mezcla de Mencía con algo de Carrasquín, Verdejo Negro y Albarín Tinto que es todo un ejemplo de equilibrio entre su parte frutal y mineral. Un vino muy divertido de beber. Así es que nada, vanguardiers, en vosotros confío para que las bodegas menos agraciadas con su geolocalización tengan una oportunidad. De nosotros dependen.

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