
¿Hubo un cuarto Rey?
Hoy es noche de Reyes y recordaremos, de un modo popular y legendario, lo que narra Mateo en su Evangelio:
“Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron:
–¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.” ( Mt 2,1-2)
Y un poco más adelante, sigue:
“Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra.” ( Mt 2,11)
A Melchor, Gaspar y Baltasar se le añadió un aborigen brasileño: póquer de reyes
En sitio alguno figura cuántos eran, pero, al haber tres regalos, el número se fijó en tres sabios. Ninguno de los otros evangelios canónicos habla de ellos, y Mateo no revela sus nombres. Siglos después, la tradición fue construyendo un perfil más completo de esos tres sabios, o magos, quizá sacerdotes de Zoroastro (o Zaratustra). Por ejemplo, se les convirtió en reyes para que se cumpliera lo que dicen los profetas, que los reyes adorarían al Mesías.
También se estableció que cada uno representaría una de las edades del hombre, y se les asignó un nombre; el anciano se llamaría Melchor, el maduro sería Gaspar, y el joven, Baltasar. Eso se fijó en la alta edad media. Más adelante, se mantuvieron las edades, pero se les asignó uno de los tres continentes conocidos a cada uno, además de un color de piel: el blanco fue el representante de Europa; el rubio, el de Asia, y el negro, el de África. Así, la referencia de Oriente que aparece en el Evangelio de Mateo se perdía, pero es como ha quedado establecido hasta hoy.

El hecho de que los magos representaran a los tres continentes conocidos provocó que, cuando se descubrió América, en Portugal se despertara el orgullo conquistador. Eso hizo que algún artista considerara que, dado que había otro continente hasta entonces desconocido, era necesario que los Reyes que adoraron a Jesús pasaran a ser cuatro. En el siglo XVI, por ejemplo, en la adoración de los Reyes del retablo de la catedral de Viseo, en Portugal, el pintor Grão Vasco añadió un cuarto rey, caracterizado como un aborigen brasileño: póquer de reyes.
Las leyendas también hablan de un cuarto rey oriental que, aunque descubrió la estrella, no llegó nunca a adorar a Jesús porque, por el camino, se iba deteniendo para ayudar a la gente necesitada y no se encontró con los otros sabios. Su nombre era Artabán.
Fuera como fuese, esta noche, multiplicados exponencialmente, una multitud de Reyes atenderán a los más pequeños de cada casa.
¡Buenos Reyes!
