Cultura

Artur Ramon desmiente la percepción de los anticuarios como personajes oscuros y fraudulentos.

Novedad editorial

El escritor, quien también se desempeña como historiador del arte, aboga con entusiasmo por esta labor en 'Anticuarios modernos' y reclama que se reconozca la contribución de dichos expertos al legado histórico de sus comunidades cercanas.

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Ramon, junto con un Casas a la izquierda y un arcángel de la escuela napolitana (hacia 1700) a la derecha

Ramon, escoltado por un Casas en la parte izquierda y un arcángel de la escuela napolitana (cerca de 1700) en la parte derecha.

Ana Jiménez / Propias

Las constantes y abundantes aclaraciones sobre lo que van a probar y las múltiples pautas para ingerir las dieciocho elaboraciones que les presentan, impiden que Héctor cierre la venta de una pieza etrusca de mármol del siglo III a.C. A un relevante productor cinematográfico que viajó específicamente desde Nueva York a Barcelona. Demasiado hastiados han quedado con tantas pausas...

El relato es imaginario, aunque posee un fundamento verídico. Al igual que las demás narraciones integradas en Anticuarios modernos (editorial Elba), obra de Artur Ramon (Barcelona, 1967). El infortunio de Héctor funciona como pretexto para atacar con dureza a “la exageración con que hemos ensalzado a los cocineros”, los cuales actualmente gozan de una relevancia “casi obsceno”. Se trata de un elemento que utiliza -sumado a diversos comentarios en otros textos- para describir la profesión y realizar las precisiones necesarias con el fin de que los anticuarios dejen de ser vistos como individuos sombríos o siniestros.

En Anticuarios modernos existe narrativa, por supuesto, aunque también un tramo inicial de análisis en el que pretende precisar los conceptos.

¿De dónde proviene esta percepción oscura del anticuario?

Proviene de las letras románticas y de la época victoriana. Sobre todo, esta visión es definida por la narrativa de habla inglesa, como Dickens o Walter Scott. No obstante, se extiende a otros autores como Balzac o los hermanos Goncourt... Retratan al anticuario como un individuo habitualmente anciano y sombrío, que administra un establecimiento lleno de polvo y busca estafar al público. Mi intención es defender que este oficio ha evolucionado notablemente con el tiempo y que no encajamos en esa descripción.

Los grandes cocineros

Me cansa el discurso artificial de la gastronomía contemporánea

Per se, la palabra ya tiene una connotación mala...

En el ámbito de la prensa, se suele informar únicamente ante sucesos negativos, tales como saqueos, hurtos y situaciones similares. Por el contrario, si las labores se realizan correctamente –hallar objetos, trasladarlos a instituciones museísticas u organizar muestras–, se guarda silencio. Exijo una mayor equidad. Ciertamente existen aspectos sombríos, al igual que en cualquier otro oficio, no obstante, ruego que se difundan igualmente los logros positivos.

¿Escribir Anticuarios modernos ha sido un ejercicio de reivindicación o de rebeldía?

Ambos aspectos. Esta obra surge con el propósito de relatar mi universo, explorando el límite entre lo imaginario y lo verídico. Considerando que no me es posible detallar los hechos reales debido al secreto profesional, pero procesándolos mediante el tamiz narrativo, los relatos que expongo poseen un fundamento auténtico.

¿Pero cómo puede discernir el lector lo real de lo ficcionado?

Se trata de relatos que he experimentado en carne propia o que he presenciado de forma directa. Poseen un fundamento verídico. No obstante, existen pasajes donde recurro a la fantasía. Esto me permite cuestionar, por citar un caso, a determinados individuos de mi ámbito laboral que se sobrevaloran y demuestran una altivez o vanidad desmedidas.

¿Y hay envidias dentro del colectivo?

Inevitablemente existen. No obstante, en Barcelona, desde hace unas dos décadas, ha surgido una camada reciente de anticuarios jóvenes que nos unimos a los veteranos del sector. De este modo, se ha formado un entorno magnífico con una excelente sintonía. Durante la etapa previa, la que perteneció a mi padre –y que pude presenciar–, la rivalidad era extrema. Actualmente actuamos como grupo de presión y colaboramos mutuamente hasta en las adquisiciones.

¿Qué piensa de los copistas o de los falsificadores como Beltracchi?

Mientras el arte tenga un valor de cambio potente, habrá gente que querrá sacar provecho de manera ilícita. Son los personajes más egocentristas del mundo, porque van diciendo que tienen copias en todos los museos, y lo que dicen lo tenemos que rebajar a más de la mitad.

Trato con compañeros

Pese a la envidia en el sector, Barcelona destaca por su unión y labor de lobby

¿Tragarse una falsificación es la mayor desazón del anticuario?

Existen tres temas que generan inquietud constante: la procedencia –que no se trate de piezas sustraídas o saqueadas, por ejemplo, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial–, las imitaciones fraudulentas y el tráfico ilícito, o sea, esos objetos que carecen de las autorizaciones de salida necesarias.

En El cazador recrimina a los que dicen que un Miró lo puede pintar un niño.

Son gente que no entiende, porque es un tema más abstracto o más conceptual.

No obstante, tal vez sea preciso comprenderlos. Son individuos que al acceder a la Fundación Miró observan una pieza inmensa pintada de blanco con una diminuta marca azul en un costado, sin recibir apenas aclaraciones...

Es preciso aproximarse a la obra artística con una visión virgen, plenamente clara, sin ideas previas, y mantenerse muy abierto, contemplar, contemplar, contemplar para posteriormente interpretar, racionalizar lo observado. Analiza a Miró, su comienzo en Montroig, bajo un realismo algo ingenuo, su progresión, el modo en que elabora un sistema de signos particular, su depuración constante, su intención de demoler la pintura hasta arribar a este resultado.

Dice usted que ser coleccionista es ir contra los vientos.

Puesto que se ha promovido una especie de exaltación de las vivencias, las sensaciones y los recorridos. Existe paralelamente una desmaterialización de lo cultural, indicando que la costumbre de reunir piezas pertenece a otra época. Se nota un descrédito de lo pretérito. El coleccionismo exige unos plazos, un nivel de atención, una indagación y un fervor que no armonizan con la comunidad actual, excesiva, fugaz y externa, donde las representaciones visuales circulan a una rapidez extrema.

Artur Ramon, con parte de su colección. 
Artur Ramon, con parte de su colección. Ana Jiménez

En La pantera etrusca arremete contra “la retórica gastronómica” de hoy día.

Lleva ya bastante tiempo dándosele prioridad a las sensaciones y los sentimientos por encima del saber, la formación intelectual y lo material. Esto sucede porque experimentar lo emocional no requiere de grandes sacrificios para ser vivido. En este punto surge el ámbito de la gastronomía, el cual considero en ocasiones un engaño absoluto, especialmente porque me resulta molesto el discurso que se emplea hoy en día.

¿Por qué?

Resulta excesivo que en un local de comida te molesten sin sentido cada poco tiempo para detallar el plato y la forma de ingerirlo... Considero que hemos superado los límites de la lógica.  Dentro de La pantera etrusca, un experto en arqueología se encuentra frente a una transacción crucial que no logra concretar debido a la mala elección del sitio para citar al comprador, ya que sufren pausas continuas. Comprendo la relevancia de la cocina y su potencial para ser sublime, aunque sea debatible su estatus artístico, pero me incomoda este discurso pues lo percibo como una vertiente de la creación actual que me resulta ajena. Asimismo, estamos colocando en la cúspide de la jerarquía comunitaria a chefs y deportistas de élite, en lugar de priorizar a literatos, creadores, pensadores, investigadores y al saber mismo. Tal hecho refleja bastante sobre nuestra civilización actual.

“Barcelona, esa ciudad del este de Manhattan donde se confunde el arte con la cocina”, acaba por declarar usted.

Barcelona lleva bastante tiempo experimentando esta tendencia culinaria. Comprendo que posee una relevancia financiera considerable al tratarse de un sector industrial. No obstante, resulta inadmisible que en las visitas del Govern de la Generalitat a Japón se promocione Barcelona únicamente mediante su gastronomía. Fundamentalmente, porque aunque el arte de cocinar integra la cultura, algo que admito, no representa la totalidad de la misma. ¿Dónde quedan los músicos? ¿Qué sucede con los científicos? Se ha llegado a afirmar que diversos chefs se sitúan a la altura de Picasso... ¿Acaso nos hemos vuelto locos?

Aborda también usted las supersticiones de los anticuarios.

Resulta algo milenario. Poseo varias manías: cada mañana me pongo en pie golpeando suavemente tres veces con mi extremidad derecha. Existe un sitio que considero mi amuleto... He acudido a ese punto tras el nacimiento de mis descendientes o frente a una transacción relevante: se encuentra un pequeño portón tras el Palau de la Música con un par de orificios similares a una marca, donde introduzco dos dedos y eso me otorga... Asimismo, observo con frecuencia las placas de los vehículos: si circulo en motocicleta y me detengo frente a un automóvil, reviso su identificación, y si el total es 21, presagio una jornada positiva.

¿Qué consejos daría para ir a pujar en una subasta?

Evita siempre dejarte arrastrar por el entorno o la situación actual. Es fundamental acudir con una cifra ya establecida de antemano. No es posible presentarse y reflexionar: bueno, ya decidiremos el coste. ¿El motivo? Debido a que podrías terminar en la ruina. Además, resulta esencial mantener la discreción. No es preciso realizar gestos exagerados como si llamáramos a un taxi. Debes intentar no llamar la atención y establecer contacto visual con el subastador, quien detectará cada una de tus ofertas.

¿Los Encants o el Rastro?

Ambas plazas resultan atractivas, pues allí termina lo que solemos descartar. Funcionan como depósitos de la memoria, poseyendo por ello ese matiz melancólico. El Rastro goza de una tradición más profunda. ¡Además, en El Rastro adquiero artículos con mayor soltura porque paso desapercibido!

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort Sagués

Redactor

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Periodista de Cultura. Cubrió la sección de Política entre 2014 y 2025. En Guyana Guardian a partir de 2007, tras haber participado en El País. Graduado en Humanidades y Periodismo por la UPF.

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