Cultura

‘Maspalomas’ y su entorno, junto con el litoral, mantienen su encanto mientras el resto del litoral se extiende.

Un hombre mayor deambula entre las dunas; tres jóvenes se besan y manosean desnudos en la maleza; él mira y sigue buscando sexo, hasta que lo encuentra. Los vemos follar. Después regresa a un chiringuito de la playa y descubrimos que estamos en Maspalomas, un complejo turístico LGTB de Gran Canaria. La película de José Mari Goenaga y Aitor Arregi comienza con ese cruising (cancaneo) entre personas de edades muy distintas; después nos conduce, en euskera, a una residencia geriátrica de San Sebastián; pero también a apps de fotopollas, una sauna decadente y, sobre todo, al drama de haber salido del armario en las Canarias, pero no haberlo hecho en tu ciudad natal.

Dunas de la playa de Maspalomas 
Dunas de la playa de Maspalomas Valery Bareta

Me pregunto qué habrán sentido los ancianos homosexuales al ver Maspalomas . Y también los heterosexuales, que quizá ya habían leído el cómic Arrugas (Astiberri), de Paco Roca, o habían visto el documental chileno Agente topo , de Maite Alberdi, tal vez los dos relatos más conocidos sobre hogares de la tercera edad. Sentí que me contaban mundos que no me habían narrado antes. Se me revelaba a través de ellos el último hogar de mi abuela Teresa. Es raro: la página o la pantalla te permiten entender mejor lo que no procesaste en directo. Te obligan a pensar en tu propio cuerpo, que envejece; en tu sexualidad durante las próximas décadas; y en lo importante que es sentirse representado.

Paradójicamente, a pesar de que la mayoría está representada, rara vez se refleja adecuadamente.

En el filme, ambientado en 2019 y 2020, no solo presenciamos la intimidad promiscua de muchos gays o la soledad relativa de tantas ancianas, también el auge de Vox. Incluye tanto a los votantes de izquierda como a los de derecha, con sus prejuicios y contradicciones. Es importante, porque vivimos en el maelstrom de una gran crisis de la representación. Todos sentimos tener derecho a ser incluidos en el imaginario y las narrativas, en los espacios físicos y simbólicos. Y la percepción subjetiva de la exclusión, amplificada por las redes sociales –esas tecnologías de las representaciones–, está en el epicentro de muchos temblores contemporáneos.

“Aquí lo tienes todo”, dice el nuevo eslogan de Prime Video. No es cierto. Predominan el cine y las series estadounidenses, los productos comerciales españoles, los crímenes reales, el audiovisual romántico, el anime y la telerrealidad. El mainstream . En Filmin sí está casi todo: lenguas, géneros, temas, continentes; Europa, Asia, África, América Latina y Australia (139 obras encontradas, contra una mayoría de contenidos sobre tenis en el buscador de Amazon). Pese a que el capital de la empresa sea global, en la plataforma hay Filmin Euskaraz, Cine Galego y FilminCAT. En los espacios mayoritarios, paradójicamente, la mayoría se queda sin representación. Su tendencia al monopolio de la imaginación es peligroso. Hay que defender lo plural.