Con el mejor fútbol de la temporada, el Atlético de Madrid apagó la luz de La Cartuja (62.000 teléfonos móviles encendidos recibieron a los equipos) y de un Betis decepcionante en uno de los partidos más esperados entre su hinchada, que acabó yéndose a casa a la hora de juego o quedándose a silbar (0-5). Tumbar al equipo de Simeone, que camina por el 2026 cogido por hilos y cuestionado, podía estar al alcance de los verdiblancos, siempre llamados a hacer algo grande en alguna competición. Pero la respuesta de los colchoneros fue tan bella como violenta.
Es curioso que el mejor Atlético naciera de sus centrocampistas y del toque, de las combinaciones rápidas pero inteligentes, juntando el talento. Tras los chispazos de Antony y Abde, donde se ceñía el peligro local, el equipo rojiblanco se adueñó del juego. Hancko y Pubill saltaron con facilidad la presión, Baena, Barrios, Koke y Griezmann se encontraron por dentro combinando a un toque y encontrando a un vertiginoso Lookman, cuyo estreno fue tan fugaz como su encaje. Lo suyo es un amor a primera vista para el colchonero.
Domado el Betis, el Atlético estaba preparado para sentenciarlo. La primera llegó en el minuto 12, cuando un córner servido por Koke lo cabeceó Hancko y entró con la ayuda de Adrián (0-1). Cuatro minutos después, Lookman tuvo otras dos: la primera la cruzó demasiado y la segunda se le fue por arriba. El Betis era un coladero y el Atlético atacaba como si jugara con las manos, con precisión, velocidad y ante moscas.
El 0-2 llegó en el minuto 30 con una combinación de tiralíneas entre Ruggieri, Baena y Lookman por la izquierda, que remachó Giuliano, el más listo de la clase. El Betis ni reaccionó ni hizo intención de cambiar el guion, sin capacidad para saber cómo jugarle a un equipo que le sorprendió y que hizo el 0-3 en un contraataque que codujo Barrios y que resolvió Lookman. Esta vez sí, el ex del Atalanta que apenas lleva dos días en el club, resolvió con dos recortes y un lanzamiento cruzado.
Mientras el Atlético era capaz de combinar en un zulo, el Betis le concedió un latifundio. Demasiadas facilidades. La afición despidió a los locales con tímidos silbidos. “Y en la noche, quejío y quiebro”, reza su himno. Nunca tan acertado.
La noche, no obstante, no fue completa para los rojiblancos. Pablo Barrios se echó la mano al muslo derecho y se marchó lesionado en el comienzo del segundo tiempo. A falta de pruebas, por sus gestos y desesperación, su lesión recuerda a la de Pedri en el Barça ante el Slavia de Praga que le mantendrá alrededor de un mes de baja.
Todo estaba resuelto, pero Lookman quería más. Con Julián Álvarez viéndolo todo desde el banquillo, el nigeriano corrió de nuevo al espacio y asistió a Griezmann, que anotó por arriba el 0-4. Era el minuto 65. Y La Cartuja empezaba a vaciarse a convertir los silbidos en una costumbre.
Simeone dio entrada a todos los fichajes de invierno (salió Lookman, que fue aplaudido por los aficionados visitantes), ya el partido en forma de calentamiento, por lo que Obed Vargas y Rodrigo Mendoza pudieron tener minutos y abrazar a Almada, el autor del 0-5. Una fiesta para los de Simeone que cierran debates de un plumazo. Una pesadilla para un Betis que reabre otros y que se despide con vergüenza de la Copa. El árbitro no añadió ni un segundo.

