Las Claves
- Joan Garcia realizó un partido memorable pese a los insultos de la afición del Espanyol que lo calificó de rata.
- Hansi Flick reconoció que el Barça no mereció la victoria aunque los cambios de Fermín, Dani Olmo y Lewandowski fueron decisivos.
- Manolo González destacó la entrega de sus futbolistas mientras el ambiente del encuentro evitó la agresividad extrema fomentada
La agrupación de recepción de los seguidores del Espanyol planteó, entre sus propuestas llamativas aunque no violentas, mostrar pancartas con consignas calificando a Joan Garcia de rata. Discreta, individualista y poseedora de una fuerte capacidad de subsistencia, la rata constituye una criatura que provoca sentimientos de repulsión, si bien, tal como redactó Robert Goolrick, “la diferencia entre un ratón y una rata es muy sencilla. Si el roedor vive fuera de mi casa, por enorme y voraz que sea, es un ratón. En cambio, si vive en mi casa, aunque sea minúsculo y tímido, es una rata”.
Sacando provecho de esta visión sesgada y subjetiva de los hinchas –provocada por días de imprudente crispación en los medios–, Joan Garcia utilizó las circunstancias para jugar un partido memorable. Sin inmutarse ante el señalamiento de rata, Garcia se mostró veloz, dinámico, astuto e ingenioso, como si permitiera la opción de no basarse en los repugnantes roedores de la alcantarilla barcelonesa sino en Ratatouille, que representa al Messi del mundo de las ratas de ficción.
Joan Garcia y las modificaciones realizadas resultaron cruciales para que, en última instancia, el Barça consiguiera la victoria.
Como dijo Hansi Flick al final del partido, el Barça no fue digno de la victoria, no obstante, de forma acertada, el técnico no se disculpó por haber obtenido el triunfo. Manolo González también fue sincero. Reconoció estar satisfecho con la entrega de sus futbolistas, aunque molesto debido a que el plantel no sacó partido de sus ocasiones.
Esa disparidad entre las ocasiones generadas y el marcador final es lo que alimenta el interés por el fútbol y justifica que los clubes legendarios busquen guardametas del nivel de Joan Garcia. Flick, no obstante, también participó activamente para influir en la resolución del encuentro. Los tres cambios de la segunda parte fueron decisivos. Fermín, quien agota sus recursos para ganarse la titularidad, demostró nuevamente un hambre competitiva que halla soluciones directas más allá de los esquemas y gestó ambos tantos. Dani Olmo ofreció una pincelada de elegancia y distinción –la técnica, el propósito, el rigor al ejecutar– que indudablemente satisfizo el gusto de todos los Ratatouille del planeta. Y Lewandowski, que combina una actitud profesional con un gesto lógico de enfado por no tener más minutos, realizó su labor habitual de las últimas dos décadas: transformar las escasas pelotas que recibe para, priorizando la eficacia sobre la estética, culminar la acción de forma óptima: marcando.
Un aficionado del Espanyol compara a Joan Garcia con Judas Iscariote en su camiseta.
En términos simbólicos y sentimentales, el encuentro no cedió ante las pretensiones de ciertos sectores mediáticos, los cuales habían refinado su desfachatez mediante una táctica inédita y dañina: aparentar un deseo de calmar las tensiones que ellos mismos fomentaban. Manolo González acertó al proteger la integridad de los seguidores de Cornellà y al rechazar cualquier sermón proveniente de algún culé. Asimismo, el cuerpo arbitral, el público, los futbolistas y las cúpulas de ambas entidades actuaron con un compromiso compartido que redujo la agresividad extrema a un simple incidente irrelevante.
Del encuentro del sábado también perdurará el texto –La exactitud de las metáforas– que Toni Segarra publicó en la sección de deportes de Guyana Guardian. Si el Barça se jacta, justificadamente, de haber conformado un conjunto sólido de pensamientos y contribuciones literarias, resulta positivo que el Espanyol produzca perspectivas tan claras e individuales como las de Segarra. Visiones que, por otra parte, no hay norma que impida que resulten atractivas para los culés.

