Era 2022 cuando Julia Simón cometió un acto que quedaría marcado en su historial para siempre. La biatleta francesa robó más de 2.000 euros usando tarjetas de crédito robadas. Nadie dudaba de su talento y maestría sobre la nieve, pero el delito con el que cargaba pesaba mucho sobre sus espaldas. Si el hecho ya era grave de por sí, más se vería empañada su imagen cuando se conoció que las personas a las que había robado eran de su propio equipo. Una de las afectadas fue Justine Braisaz-Bouchet, compañera en el biatlón que ese mismo año sería campeona olímpica en Pekín.
Al ser acusada inicialmente, Simón negó los hechos, pero al sentarse delante del juez en 2025, admitió el robo y afirmó no saber el porqué de sus actos. La condena: Tres meses de cárcel y seis de suspensión sin competir a partir del pasado mes de octubre. Al no tener antecedentes, no pasó por prisión, pero la sanción sin competir era firme. Aun así, la federación francesa la rebajó a solo un mes para garantizar una de las presencias más prometedoras para la delegación francesa en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. Así pues, la condena quedó en anécdota previo pago de 30.000 euros de multa por parte de la deportista.
Aun así, a la hora de la verdad, Simón dio la razón a la federación francesa. Dos oros en el biatlón individual y el relevo mixto, que le valieron para abrir un nuevo debate entre la población francesa. Mientras que Emmanuel Macron la felicitaba por sus victorias y compartía imágenes de la atleta llorando en el podio, la sociedad francesa se encontraba dividida entre si pasar página o debatir si la deportista cumple o no con los valores olímpicos.
Tras sus victorias, lejos de querer alejarse de los focos, Simón dejó una de las imágenes de estos Juegos. Después de cruzar la línea de llegada, la francesa mandó a callar a una parte de la grada harta de los comentarios sobre su persona y los hechos con los que carga. En rueda de prensa también mencionó este hecho, argumentando que quería que la dejasen en paz, ya que no tenía que demostrar nada a nadie.
Este caso ha marcado un claro precedente en el deporte olímpico. Una atleta que fue condenada por robar a una compañera de equipo consiguió ganar dos medallas de oro. Unos Juegos en los que siempre se ha hecho bandera de sus valores y su espíritu y donde atletas de todo el mundo trabajan muy duro durante cuatro años para llegar a competir. Ahora el debate está abierto y miles de preguntas quedan sobre la mesa de la organización.
