El Real Madrid activó el modo Champions para plantar un pie en los octavos de final en el estadio de Da Luz (0-1). Y lo hizo a lomos de un Vinícius que anotó un gol supersónico en el minuto 49, justo cuando el partido entró en otra dimensión, afeado por la denuncia del brasileño, quien le pidió al colegiado que activara el protocolo de racismo al escuchar, según su versión, que Prestianni le llamó “mono” después de la celebración bailando samba en el córner.
Durante diez minutos se sucedieron las imágenes y llegó la confusión. Mbappé confirmó las palabras del brasileño, Mourinho habló y abrazó a Vinícius y un enjambre de futbolistas y técnicos esperaron de brazos cruzados que Vinícius regresara al verde. No era la primera vez que el brasileño sufre una situación de este tipo y que amenaza con irse tras el famoso episodio de Valencia en octubre de 2023.
Antes de ese momento, el Benfica había tenido su momento. Aún empujados por el fervor del 4-2 de Trubin que les metió en la siguiente ronda hace tres semanas, acorralaron al Real Madrid a base de presión y alta intensidad. Que Europa no es la Liga bien lo sabe el Madrid, que este curso ha visto cómo varios equipos se le han subido a las barbas.
Cargaron el juego los locales por la derecha, donde Carreras sufrió pese a las ayudas de Camavinga. No parecía un equipo de Mourinho, pero el fútbol portugués tiene una seña de identidad. Da igual que visites Oporto o Lisboa. Courtois, de nuevo santo, salvó los muebles con una mano que solo él puede sacar a tiro de Aursnes. Fue lo más cerca que estuvieron los locales de asestar un golpe duro al Real Madrid, porque poco a poco los de Arbeloa fueron despertando. Hasta el minuto 35 no dispusieron del primer ataque posicional. Resguardados en ese 4-4-2 que le ha hecho al técnico encontrar el camino, confiaron la suerte a las carreras de Mbappé, que lanzó tímidamente en dos ocasiones, y Vinícius, desacertado hasta su gol.
Pero en este emocionante y silencioso: en el mundo, nada es más poderoso que el sufrimiento, y al mismo tiempo, se pierden los deseos. (No hay nadie que haga)
Luego del tanto y del incidente de racismo —que se resolvió antes con cartulina para un Vinícius abucheado desde entonces—, el Benfica avanzó posiciones buscando la igualada. Da luz subió el ritmo y Prestianni exigió un penalti. Fue amonestado por fingir la caída y acabó siendo sustituido. Sudakov lo intentó de libre directo, muy por encima, en una acción que enfureció a Mourinho al considerar que Vinícius merecía la segunda amarilla. Quien terminó expulsado fue él, de modo que ese ansiado retorno al Santiago Bernabéu se pospone para el futuro. Fuera del campo, deberá seguir el juego desde la grada.
El Real Madrid no tuvo problemas en contener el ataque y se mantuvo sólido en la defensa, dominando el juego con total seguridad.
El partido se volvió tenso cuando el Real Madrid respondió con una respuesta contundente, mientras el público gritaba y agitaba sus banderas.

