Cada día, centenares de contenedores atraviesan el Port de Barcelona, uno de los principales nodos logísticos del sur de Europa. La imagen es conocida: grúas en movimiento, buques atracando, camiones y trenes entrando y saliendo del recinto. Sin embargo, más allá de esa coreografía industrial, existe una actividad mucho menos visible pero estratégica y decisiva: la generación de conocimiento. Desde hace dos décadas, la presencia de alumnos de la Escola Europea Intermodal Transport también forma parte de este paisaje portuario. Son futuros expertos en logística, transporte sostenible y comercio internacional que no solo estudian el funcionamiento del puerto, sino que lo recorren, lo analizan y lo incorporan como aula viva donde se diseñan las rutas del futuro.
La Escola nació en 2004, en un momento clave para la política europea de transportes. Por aquel entonces, la Comisión Europea impulsaba las llamadas “autopistas del mar”, una red de servicios marítimos regulares destinada a reducir el tráfico por carretera, aliviar la congestión y disminuir emisiones. El Port de Barcelona, junto con los italianos de Civitavecchia y Génova, y las navieras Grimaldi Lines y GNV (del grupo Mediterranean Shipping Company), decidió acompañar esa apuesta con formación. “La Escola nace en esencia para demostrar que hay alternativa al camión”, resume su director, Eduard Rodés, uno de los impulsores del proyecto desde los inicios. La idea era sencilla; no así su aplicación, porque no bastaba con lanzar rutas ni firmar acuerdos. Había que mover también mentalidades. Y ahí empezó todo.
Un centenar de profesores son los encargados de impartir cursos específicos y estudios reglados como FP
Convencer a empresas, gestores de flotas y operadores no era solo una cuestión técnica. “Había una barrera mental importante”, apunta Rodés. “La carretera era lo habitual, lo que se conocía. Y el barco, aunque más eficiente para ciertas rutas, generaba dudas por desconocimiento”. Por eso, desde el principio, la formación se planteó como una inmersión real en el transporte marítimo de corta distancia. Los cursos se organizan –y se siguen organizando– a bordo de los ferris que operan la línea regular entre Barcelona y Civitavecchia. Durante la travesía, los participantes –alumnos de logística, trabajadores en activo e incluso responsables públicos– asisten a sesiones técnicas y al mismo tiempo recorren las cubiertas, acceden a la sala de máquinas, observan las maniobras portuarias y calculan tiempos y emisiones como si formaran parte del equipo operativo.
Alumnos de la Escola Europea del Port de Barcelona, en una clase inmersiva en un ferry
Con el paso de los años, esa metodología se consolidó y se amplió. A la intermodalidad marítima se sumaron contenidos sobre ferrocarril, gestión portuaria, comercio internacional y, más recientemente, sostenibilidad y digitalización. Hoy, la Escola ofrece formación a estudiantes universitarios, alumnos de formación profesional, profesionales en activo y responsables públicos. Cada año pasan por sus programas más de 2.500 personas procedentes de universidades, empresas y centros formativos de toda Europa y América Latina. La plantilla de profesorado alcanza ya el centenar de especialistas.
El enfoque responde a un diagnóstico cada vez más compartido en el sector. “El marítimo y el portuario han empezado a incorporar innovaciones y modelos de transporte más sostenibles, pero el reto se extiende a toda la cadena logística y al comercio internacional”, señala Rodés. En ese contexto, la necesidad de reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética o invertir en infraestructuras verdes ha dejado de ser una recomendación para convertirse en un elemento clave de competitividad.
Por las aulas de la Escola pasan anualmente unos 2.500 alumnos procedentes de Europa y Latinoamérica
Esa visión se traslada al aula –o al barco o al muelle, según dónde sea ese día la clase– con contenidos muy concretos. Los participantes aprenden aspectos como por ejemplo calcular emisiones de gases de efecto invernadero, a analizar costes externos, a evaluar innovaciones técnicas y a comprender procesos de descarbonización como el suministro eléctrico en puerto, el conocido Onshore Power Supply. También se profundiza en las políticas europeas de sostenibilidad y en el papel del transporte marítimo dentro de la Red Transeuropea de Transporte.
Recorrer los muelles del Port de Barcelona es una práctica habitual para los alumnos de la Escola Europea
La pandemia, recuerda Rodés, supuso un punto de inflexión. La Escola tuvo que detener su actividad eminentemente presencial y replantear su modelo. La respuesta llegó en forma de simulador: el Port Virtual Lab. Diseñado inicialmente como una solución temporal, el entorno digital se ha convertido hoy en una herramienta clave. Permite recrear cadenas logísticas completas, desde el puerto de origen hasta el destino final, e identificar cuellos de botella, impactos ambientales o alternativas más eficientes. Actualmente está implantado en más de 35 centros formativos de once países, y ha sido reconocido en varias iniciativas europeas del Mediterráneo occidental.
La Escola nació para demostrar que había alternativa a las carreteras y los camiones
Ese impulso ha reforzado la proyección internacional de la Escola, que en los últimos años ha abierto oficinas en Roma, Génova y Sicilia, y ha ampliado su red de colaboración con instituciones y centros formativos de ambos lados del Mediterráneo. Uno de los proyectos más recientes, Open Trade Med, impulsado junto al Port de Barcelona y presentado hace unos días, traslada este modelo educativo a puertos como Argel y Trípoli, con apoyo institucional y de la Unión por el Mediterráneo. El objetivo: formar a profesionales y formadores en países donde la logística aún no cuenta con estructuras consolidadas de capacitación técnica.
Cumplir 20 años
Uno de los rasgos distintivos de la Escola ha sido, desde el inicio, la incorporación de valores éticos a la formación técnica. No solo se enseña a optimizar rutas o reducir emisiones: también se reflexiona sobre el papel de la logística en el mundo que viene. No es casualidad que el curso conmemorativo del 20º aniversario, previsto para octubre de 2026, esté dirigido a formadores y lleve por título Education Beyond Intelligence. El programa incluye sesiones sobre música, teatro, neurociencia o gestión del talento, conectadas con modelos educativos abiertos, constructivistas y orientados al pensamiento crítico.
