¿Por qué el expríncipe Andrés era el hijo favorito de Isabel II?
Suma de factores
Su nacimiento fue interpretado como una señal de estabilidad conyugal, creció bajo una madre más disponible y experimentada y regresó ileso de una guerra que invadió de angustia a la reina
La policía inglesa detiene al expríncipe Andrés, involucrado en el caso Epstein

La reina Isabel II y el príncipe Andrés observan la prueba de resistencia durante el tercer día del Royal Windsor Horse Show, en Windsor, Reino Unido, el 12 de mayo de 2017

La imagen dio la vuelta al mundo. Era el mes de noviembre del 2019. Sólo habían pasado dos días desde que el príncipe Andrés anunciara su decisión de retirarse de la vida pública tras la polémica generada a raíz de una entrevista que dio en televisión donde hablaba de su vinculación con el caso Epstein. Y la reina Isabel II apareció cabalgando junto a él en el castillo de Windsor. El gesto fue leído como una declaración contundente de respaldo materno. Para muchos observadores, aquella escena terminó de consolidar una idea repetida durante décadas: que el príncipe Andrés era el hijo predilecto de Isabel II.
Andrés llegó al mundo en 1960, cuando su madre llevaba ya ocho años en el trono. A diferencia de lo ocurrido con sus dos primeros hijos, Carlos y Ana, la entonces joven soberana había concluido las largas giras por la Commonwealth que marcaron el inicio de su reinado. Esa nueva etapa le permitió implicarse más directamente en la crianza.

El experto en realeza Richard Fitzwilliams explicó que la reina tenía con Andrés “una afinidad particular”. Según su relato, fue ella misma quien le enseñó el alfabeto y a decir correctamente la hora, e incluso quien le contaba cuentos antes de dormir. “Cuando el príncipe Carlos y la princesa Ana nacieron, la reina no pudo pasar todo el tiempo que le gustaría con ellos”, añadía Fitzwilliams.
El contraste con la infancia de su heredero es significativo. La relación entre Isabel II y el entonces príncipe de Gales ha sido objeto de debate durante años. El historiador Robert Lacey, autor de The Crown: The Official Companion, sostiene que la monarca consideraba preferible que los niños permanecieran al cuidado de institutrices antes que acompañarla en sus viajes oficiales. “Después de todo, ella misma había sido criada en ese estilo, con sus padres dejándola en casa y confiando toda su educación a una institutriz y tutores en el hogar”, dijo Lacey a la revista Town & Country.

En su biografía autorizada de 1994, Jonathan Dimbleby recoge palabras del propio Carlos, quien afirmó que fue “inevitablemente el personal de la guardería” quien le enseñó a jugar y presenció sus primeros pasos. Además, sobre él pesaba la carga singular de ser heredero: solo podía convertirse en rey tras la muerte de su madre, una circunstancia que marcó inevitablemente su vínculo.
Se da la circunstancia que el nacimiento de Andrés coincidió, además, con rumores de crisis entre la reina y su esposo, Felipe de Edimburgo. El palacio de Buckingham llegó a desmentir públicamente las especulaciones. En ese contexto, el tercer embarazo fue interpretado como una señal de estabilidad conyugal, diez años después del nacimiento de la princesa Ana.
La biógrafa lady Colin Campbell ha ido más allá al afirmar: “Creo que esa relación especial que existe entre madre e hijo nació en ese mismo momento, porque la reina siempre asoció a Andrés con el reinicio de su matrimonio”. El simbolismo también estuvo presente en el nombre elegido: Andrés, en homenaje al padre del duque de Edimburgo, el príncipe Andrés de Grecia. Y no solo eso: fue el primero en ser bautizado con el apellido Mountbatten-Windsor, en lugar de Windsor a secas, un gesto que satisfacía una vieja aspiración de su consorte.

Ya adulto, el duque de York reforzó el orgullo de sus padres al insistir en servir en la Royal Navy y participar en 1982 en la guerra de las Malvinas. El contexto era especialmente delicado: tres años antes, el IRA había asesinado a lord Mountbatten, y trascendió que la dictadura militar argentina habría contemplado atentar contra el príncipe en Mustique.
La reina seguía llevando en su bolso una fotografía de su hijo el día de su regreso de la guerra de las Malvinas, según el biógrafo Andrew Morton
El biógrafo Andrew Morton recordó el impacto emocional de aquel periodo: “Fue una época horrible para la reina, así que se llevó un gran alivio cuando el príncipe Andrés regresó sano y salvo”. Según ha asegurado, la monarca seguía llevando en su bolso una fotografía de su hijo el día de su regreso de la guerra.

La trayectoria pública de Andrés —desde su carrera naval hasta su labor como Representante Especial para el Comercio Internacional y la Inversión— quedó ensombrecida en los últimos años por sus vínculos con Epstein y por la entrevista televisiva que desencadenó su retirada. Sin embargo, la reina nunca dejó de mostrarle apoyo.
En definitiva, la percepción de que Andrés era el favorito no descansa en una única prueba, sino en la suma de factores: fue el primer hijo nacido ya con Isabel plenamente asentada en el trono, el que creció bajo una madre más disponible y experimentada, el que simbolizó una etapa de renovación matrimonial y el que regresó ileso de una guerra que la llenó de angustia.


