Deng Xiaoping y la lección industrial
Newsletter de Historia y Vida
El debate sobre el papel de la industria y la innovación existió en el pasado y existe hoy. Esta semana hablamos también de bases estadounidenses en Europa y del caso especial de Francia

Un grupo de soldados ante un cartel en homenaje a Deng Xiaoping /

En la última entrega de la serie “Fuentes primarias”, Ramón Álvarez escoge un discurso de Deng Xiaoping de principios de los noventa. El sucesor de Mao, en su gran apuesta por la prosperidad económica china, abogaba por una producción con innovación. No bastaba con ser una fábrica del mundo. “Debemos ser más audaces que antes al llevar a cabo reformas y abrirnos al exterior, y tener el coraje de experimentar –decía Deng–. No debemos actuar como mujeres con los pies vendados”. (Al respecto de aquella brutal práctica, puedes leer esto). Hoy China está en el club de los diez países más innovadores, según el Índice Global de Innovación 2025.
Este principio, el tándem de producción e innovación, fue el que allanó el camino al Reino Unido hacia la revolución industrial, como menciona Ramon Aymerich en este artículo en el que retrata las distintas posiciones sobre la desindustrialización occidental. El debate actual en torno a la deslocalización recuerda al que mantuvieron los británicos en el siglo XIX sobre la conveniencia o no de dejar salir del país a técnicos y maquinaria (aquí un ejemplo en la Cámara de los Comunes en 1843).

Hoy Carlos Hernández-Echevarría traza la historia de las bases estadounidenses en Europa, unas instalaciones ideadas en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial que iban a durar dos años..., y ahí siguen, por ahora. El artículo se detiene en el caso de Francia, muy particular: ¿por qué no hay bases permanentes americanas en su suelo?
La amistad entre París y Washington ha sido más una cuestión de necesidad que de afecto. En 1918 ya tuvieron desacuerdos con las deudas contraídas por la primera en la Gran Guerra. En la Guerra Fría sus políticas exteriores no siempre compartían intereses. Y la brecha se amplió cuando Charles de Gaulle sacó a Francia del mando militar integrado de la OTAN. Eusebio Val explicaba recientemente la tradicional desconfianza de los franceses hacia los norteamericanos, y por qué el de nuestros vecinos es el país “mejor preparado históricamente” para asumir el divorcio transatlántico.
CUATRO COSAS ANTES DE IRNOS (O ALGUNA MÁS)
● A finales de enero nos dejaba, a los 76 años, el historiador británico David Abulafia, célebre estudioso del Mediterráneo en la Edad Media y el Renacimiento. El medievalista Amedeo Feniello le recuerda “refractario a las mitologías identitarias y las simplificaciones consoladoras” en este obituario en el Corriere della Sera (en italiano).
● Antonio Muñoz Lorente entrevista a Ismael López, que acaba de publicar Sables al viento, libro que repasa siglo y medio de caballería en la guerra moderna.
● La aparición del tema Streets of Minneapolis, de Springsteen, sirve a Óscar Herradón para hablar de la trayectoria de la canción protesta.
● Bajo el agua de la costa de Gallipoli (la ciudad italiana, no la turca), un barco romano cargado de garum espera a ser rescatado.
● Los estudios de obras de arte con infrarrojos dan pistas como esta: un retrato de Ana Bolena mostrando unas manos que no estaban inicialmente previstas, probablemente para desmentir que en la derecha tuviera seis dedos (muy de bruja para la época). (En inglés).
Volvemos el próximo jueves con más historias.