Una mujer siberiana de hace 2.500 años recibió la primera prótesis bucal de la historia tras una compleja cirugía en la mandíbula
Arqueología
Los cirujanos de la cultura Pazyryk solucionaron una grave lesión que dejó a la chica sin poder hablar ni comer

La mujer fue encontrada en un cementerio de la cultura Pazyryk, en las montañas de Altái (Rusia)

En la despoblada meseta de Ukok, en la República de Altái (Rusia), conseguir madera de alerce siberiano (Larix sibirica) hace 2.500 años era costoso. Y, aún así, la tribu nómada de los Pazyryk dedicó ingentes esfuerzos para construir una estructura hecha de troncos macizos.
Era un valioso féretro para una mujer que murió entre los 25 y los 30 años, pero no era lo más sorprendente de este atípico entierro en el que no se encontró ajuar funerario. Los investigadores de la Universidad Estatal de Novosibirsk han realizado una tomografía computarizada del cráneo de esta persona y han descubierto que tenía el primer implante bucal conocido.
Sufrió una grave lesión en la cabeza
El análisis reveló que durante su vida sufrió una grave lesión en la cabeza que le destruyó de la articulación temporomandibular derecha, que conecta la mandíbula con el hueso temporal del cráneo, permitiendo movimientos de apertura, cierre, masticación y habla.
Los miembros de su clan, sin embargo, no la dejaron morir. La sometieron a una cirugía mayor para restaurar la función de la mandíbula inferior, lo que le permitió hablar y comer. “La operación demuestra que su vida era valiosa y que incluso se optó por un arriesgado método para prolongarla”, dicen los arqueólogos.

La tomografía permitió superar un obstáculo importante: los tejidos blandos momificados que ocultaban la estructura ósea. “Los rayos X sirvieron para retirar virtualmente estas cubiertas y crear un modelo preciso del cráneo”, explica Vladimir Kanygin, jefe del Laboratorio de Medicina Nuclear de la Facultad de Física de la NSU.
La mujer tenía una depresión de entre 6 y 8 milímetros en el hueso temporal derecho, desplazamiento y subluxación de la mandíbula con rotura de ligamentos, dos canales óseos artificiales en la zona articular perforados durante su vida y compactación ósea anular a su alrededor, lo que demuestra un proceso de curación.
Al intentar sondear los canales, se revelaron restos de un material elástico (probablemente tendón o cabello) usado como ligadura quirúrgica para estabilizar la mandíbula. El estudio también reveló una asimetría en la arcada dental y signos de mayor tensión en el lado izquierdo, confirmando el éxito de la antigua cirugía.
“La tomografía actuó como una 'máquina del tiempo' que nos permitió diagnosticar la lesión y reconstruir los resultados de un complejo procedimiento quirúrgico, transformando un único hallazgo en una prueba detallada del alto nivel de conocimiento médico de los antiguos siberianos”, dice Kanygin.

Los restos de esta joven fueron descubiertos en el cementerio Verkh-Kaldzhin-2, un yacimiento descubierto en 1994 y que pertenece a la cultura. Este monumento pertenece a la cultura Pazyryk, de la Edad del Hierro (siglos VI-III a.C.) Y conocida por sus tumbas congeladas, que conservan objetos orgánicos e incluso momias.
En esta pequeña necrópolis compuesta por cinco pequeños túmulos apenas visibles se excavaron tres estructuras funerarias de piedra. Dos de ellas estaban intactas. Ambas tumbas eran poco profundas y en las criptas de madera se conservaron varios utensilios de madera y prendas de vestir de tela y piel.
Un entierro al que no se le dio importancia
Pero quedaba un entierro, ubicado entre estos dos, sobre el que no se puso mucha atención pese a que había el cuerpo intacto de una mujer, conservado en una lente de hielo. Yacía sobre sobre una cama de madera de alerce, acostada sobre su lado derecho, con las piernas dobladas, en posición de dormir.
El sepulcro, de forma inusual, no contaba con ajuar funerario, razón por la que probablemente despertó poco interés. El único objeto encontrado fue una peluca, típica de las mujeres de la cultura Pazyryk, sobre su cabeza. Pero no tenía joyas.

Es probable que transcurriera muy poco tiempo entre la muerte y la sepultura, por lo que el cuerpo no había tenido tiempo de momificarse. Normalmente, un cadáver preparado se disecaba durante el almacenamiento, que podía durar hasta seis meses. Lo que los arqueólogos vieron fue simplemente unos restos en descomposición.
Apenas una parte de la cabeza resultó estar parcialmente momificada en la zona facial. “Esta porción impidió la investigación antropológica, pero queríamos aprender todo lo posible sobre ella, y para ello solo contábamos con su cráneo. Por eso aprovechamos la oportunidad de estudiarla con un escáner”, recuerda Natalya Polosmak, de la Academia Rusa de Ciencias.
Este estudio y otros trabajos anteriores ya habían demostrado que los Pazyryk sabían cómo hacer una trepanación craneal en vida y que no abandonaban a los enfermos y heridos a su suerte, sino que los trataban de curarlos con los métodos y medios disponibles.
Su tradición de momificar cuerpos les había dado un amplio conocimiento de la estructura del cuerpo humano y sus órganos internos. Por eso los investigadores creen esta prtáctica contribuyó al desarrollo de la cirugía. Los egipcios, por ejemplo, también se encontraban entre los cirujanos más destacados de la antigüedad.

La cirugía, necesaria para mantener y prolongar la vida, fue esencial para que esta tribu nómada pudiera sobrevivir en las extremas condiciones de los valles montañosos del Altái. Los Pazyryk eran una población pequeña con una baja tasa de natalidad y una corta esperanza de vida, especialmente para las mujeres. Cada vida era valiosa.
Abrigos de cuero, vasijas, bolsas y otros artículos hechos con material orgánico cosido hallados en las tumbas de esta tribu han revelado una motricidad fina muy desarrollada. “Las manos de estos hábiles artesanos ya estaban preparadas para las operaciones quirúrgicas”, apunta Polosmak.
Un complejo procedimiento quirúrgico
Cuando la tomografía computarizada dejó claro que había rastros de un complejo procedimiento quirúrgico que implicaba una reparación protésica primitiva de una articulación destruida los expertos rusos tuvieron claro que probablemente estaban ante la evidencia de la primera cirugía de este tipo.
Los investigadores creen que una lesión tan grave, que le dejó el cráneo torcido, hundido del lado derecho, se pudo deber a un fuerte golpe al caer de un caballo al galope o desde una altura considerable. Pero probablemente sobrevivió varios meses o incluso años tras la operación.



