Golpe de mano en Caracas

EE.UU. Bombardea Venezuela

Golpe de mano en Caracas
Redactor jefe de Internacional

Las Claves

  • Donald Trump coordinó ofensivas militares en Caracas y el arresto de Nicolás Maduro mediante un equipo de la Delta Force.
  • Las posturas radicales de Marco Rubio prevalec

El jueves, Donald Trump advirtió a Irán sobre una posible acción militar si no concluía el hostigamiento a las manifestaciones. Durante esta madrugada, coordinó una serie de ofensivas que, con exactitud técnica, han deshabilitado zonas clave de la capital venezolana, sumado al arresto, por parte de un equipo de la Delta Force, de Nicolás Maduro y su esposa para retirarlos del territorio. Tratándose de un líder que arrancó su segundo periodo sosteniendo que no sentía predilección por las contiendas armadas y que evitaba comprometer a los estadounidenses en pugnas externas, su primer ejercicio en la Casa Blanca ha transformado el uso de la coacción en la marca característica que define su diplomacia. Y únicamente han transcurrido doce meses.

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Los civiles huyen de las explosiones en Caracas (AP Photo/Matias Delacroix)

Matias Delacroix / Ap-LaPresse

Respecto a Venezuela, el gobierno de Trump oscilaba hasta este momento entre las posturas de los realistas y las de los sectores radicales de Miami. El grupo inicial priorizaba los negocios, buscando una resolución pactada que evitara obstaculizar la extracción de crudo en la nación, que posee los depósitos certificados más grandes del mundo. Se trataba del grupo de presión de Texas y, particularmente, de Chevron, compañía que continúa funcionando habitualmente en el territorio caribeño, ajena a las ofensivas que las tropas estadounidenses han dirigido recientemente hacia los buques cisterna de Venezuela. En realidad, las maniobras finales de Nicolás Maduro para impedir la acción que se ha iniciado hoy evidenciaban una voluntad de permitir el acceso de corporaciones de Estados Unidos al ámbito energético. Representaba, considerando el resultado actual, su recurso final y malogrado.

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Finalmente han triunfado las posturas radicales, encabezadas por el secretario de Estado, Marco Rubio. Son quienes consideran que no queda lugar para una transformación dialogada en Venezuela, sino que es preciso obligarla. Están seguros de que si se derrumba Venezuela, tarde o temprano sucederá igual con Cuba, el deseo máximo del influyente lobby de Miami, ese territorio que para mantenerse en pie precisa del petróleo venezolano tanto como el aire para vivir.

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¿De qué manera transcurrirán los momentos venideros? ¿Qué probabilidades hay de que la ofensiva contra el sistema de Nicolás Maduro desemboque en una transformación? Sigue siendo una incógnita. Las pautas de las intervenciones regionales señalan que el motor de la transición se halla siempre en los acuartelamientos. Sin el respaldo de una fracción de la milicia, este tipo de acciones resultan sumamente complejas. Los reportes que se recibían hasta el momento desde la nación caribeña apuntaban a que el mando militar estaba ligado a un gobierno del cual obtenía provecho. En la actualidad se rumorea que los pilares de la sublevación se encuentran en la fuerza aérea.

Resultan igualmente inciertas las previsiones en torno a María Corina Machado, la referente de la oposición, y su destreza para conformar un bloque de intereses que le garantice progresar. Si bien el Nobel de la Paz ha supuesto un refuerzo para Machado, su defensa de las incursiones militares estadounidenses en el Caribe no ha favorecido exactamente su estima entre los venezolanos.

La postura de China y Rusia, los socios de Maduro, resultará determinante para la conclusión definitiva de la táctica.

Al momento en que Estados Unidos inició las ofensivas contra supuestas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe, violando abiertamente los principios de derechos humanos, resultaba creíble suponer que dichas acciones buscaban satisfacer al electorado de un gobierno que ha convertido la migración y el tráfico de drogas en pilares fundamentales de su agenda. No obstante, la imponente movilización de tropas en la región simplemente ha servido como preámbulo a la incursión armada en el territorio continental. Y tal como suele ocurrir con la figura de Trump, todo esto se desarrolla bajo una estrategia comunicativa inconsistente.

La agresión contra Venezuela resulta consistente con la estrategia que la Casa Blanca ha proyectado para el territorio continental y sus zonas adyacentes. La toma de Groenlandia en cuanto sea factible y Dinamarca pierda fuerza; la incorporación de Canadá y, siguiendo esa lógica, también de México; el recobro del Canal de Panamá, centro de logística que en una época determinada perteneció a los estadounidenses. Además del desgaste, o incluso la supresión, de las administraciones que no se alineen con las directrices dominantes de la derecha americana. En definitiva, un retorno a las épocas más oscuras del predominio de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental.

Bajo dicho prisma debe interpretarse la injerencia en Venezuela, el hostigamiento a la colindante Colombia, asustada por la probabilidad de ser el siguiente blanco de este plan de intromisiones, o el respaldo a las gestiones de Javier Milei en Argentina (sumando estímulos financieros) y al Chile futuro de José Antonio Kast, una nación con cuantiosas existencias de litio y cobre, dos materias primas vitales para el sector tecnológico y bélico.

EE.UU. Consolida mediante dicha acción su hegemonía en la región.

Resulta imposible no percibir en tales acciones una pugna entre Estados Unidos y China, la nación en ascenso que durante los pasados diez años ha expandido su influencia en Sudamérica, poniendo en riesgo ciertos abastecimientos fundamentales para el coloso septentrional. Rusia y China, los principales aliados de Nicolás Maduro recientemente, desempeñan una función determinante en las jornadas venideras. El destino final del panorama en Venezuela está igualmente supeditado a su postura. Resta ver si promueven una resistencia extrema, algo que parece poco factible. O si, siguiendo la tendencia de la actual configuración geopolítica global, basada en la distribución de zonas de dominio para los estados más poderosos, colaboran en la mediación de un retiro digno que les garantice, asimismo, fortalecer su autoridad en los foros de diálogo.

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