Japón paraliza la reactivación de la mayor central nuclear del mundo al cabo de un día
Kashiwazaki-Kariwa
TEPCO, la misma empresa de Fukushima, da marcha atrás al saltar una alarma de seguridad

El reactor número 6 de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, en la foto, fue reactivado en solitario el miércoles pasado, tras un parón de catorce años, por parte de la misma empresa que gestionaba la central de Fukushima. Ayer TEPCO tuvo que dar marcha atrás.

La energía nuclear sigue provocando sobresaltos en Japón. La largamente anunciada reactivación de la mayor central atómica del mundo, en Kashiwazaki-Kariwa (KK), ha durado apenas unas horas. La compañía eléctrica japonesa TEPCO (Tokyo Electric Power Company) decidió paralizar ayer jueves el reinicio del reactor número 6, que había arrancado la tarde anterior, tras 14 años fuera de servicio.
La alarma saltó durante la operación de retirada de las barras de control, que regulan, de 0 a 100, la potencia del reactor. Aun después de sustituir los componentes eléctricos del panel de control, la señal de alarma se mantuvo, por lo que TEPCO optó por abortar la puesta en marcha e iniciar una investigación.
“La planta ha sido apagada y se encuentra en condiciones estables, sin que haya habido impacto radiactivo”, ha comunicado la empresa.
La semana pasada ya se disparó una alarma, cosa que pospuso la reapertura inicialmente prevista para el domingo. Esta se produjo finalmente anteayer miércoles. Simbólicamente, el mismo día en que el juzgado de Nara condenaba a cadena perpetua al asesino del exprimer ministro Shinzo Abe, que fue quien revirtió el parón nuclear decretado tras la catástrofe de Fukushima. Tras aquel fatídico tsunami, en 2011, todo el parque nuclear japonés, con 54 reactores, llegó a ser desactivado. Desde entonces, solo 14 han vuelto a la red, aunque 11 más, entre ellos dos de KK, han recibido ya permiso para hacerlo.

Este nuevo contratiempo en el gigante nuclear de KK solo puede aumentar la desazón de muchos de los habitantes de Niigata, su prefectura, al oeste de la gran isla de Honshu. El 60% estaba en contra de su reapertura, según las encuestas. Pero el gobierno ha primado las necesidades energéticas. Uno de sus reactores basta para cubrir las necesidades energéticas de un millar de hogares en Tokio. También de varias grandes centrales de datos, a las que aspiran a atraer a sus inmediaciones.
A la espera de un informe concluyente, no hay todavía una nueva fecha de entrada en servicio. Cuando la central en cuestión operaba a pleno rendimiento era la mayor fuente de producción de energía del mundo. De forma paulatina se prevé que, en años sucesivos, llegue a reactivar cinco de sus siete reactores, mientras que los dos más antiguos, con toda probabilidad, serán desmantelados.
A finales del año pasado, tanto el gobernador como la asamblea de la prefectura de Niigata, donde se encuentra la central de KK, aprobaron la reactivación del reactor número 6, después de que el regulador nuclear diera su visto bueno a la entrada en servicio de dos de los siete reactores del complejo.
Por su capacidad de más de 8.000 megavatios (MW), la planta de Kashiwazaki-Kariwa es clave para TEPCO y se alinea con la estrategia del gobierno de Sanae Takaichi de impulsar las nucleares, ostensiblemente para alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones y la neutralidad de carbono en 2050. Mientras llega ese día, Japón sigue siendo el país del G-7 que quema más combustibles fósiles para generar energía, incluso por encima de EE.UU.. La energía eólica, por ejemplo, solo representa un 1% de su cóctel energético.

Japón se toma muy en serio la seguridad del suministro energético, clave de su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Como es sabido, el Imperio Japonés, que dependía del petróleo estadounidense, bombardeó Pearl Harbour -y luego invadió las Indias Orientales Holandesas- después de que EE.UU. Le cerrara el grifo del petróleo.
Por ello, aunque su política exterior ha ido a remolque de la de EE.UU. Desde la posguerra, Japón sigue considerando innegociable su soberanía energética. Tanto es así que sigue comprando un volumen apreciable de petróleo procedente de Irán, mientras que una décima parte de sus importaciones de gas licuado proceden de Rusia, del cercano yacimiento de Sajalín-2.
Cuando se dice que la Séptima Flota de EE.UU. Controla el estrecha de Malaca, por donde circula un porcentaje apabullantes del tráfico mundial de contenedores y también de crudo, esto no solo es verdad para China, sino también para Japón (además de Corea del Sur y Filipinas).
La campaña más corta
Este viernes se ha disuelto la Dieta de Japón, que irá a elecciones el 8 de febrero
Por otro lado, este viernes se ha disuelto efectivamente la Dieta japonesa, tal como anunció el lunes la primera ministra, Sanae Takaichi. Las elecciones serán el 8 de febrero, dentro de apenas dieciséis días, el margen más estrecho en la historia de Japón. La campaña empezará oficialmente el martes, pero la mayoría de japoneses difícilmente se darán cuenta, ya que los carteles electorales brillan por su ausencia, fuera de un puñado de espacios discretos habilitados por cada ayuntamiento.
La premura pilla con el pie cambiado a la Alianza de Centro Reformista, pilotada por el exprimer ministro Yoshihiko Noda, del Partido Democrático Constitucional, formalizada hace justamente una semana con Komeito, la fuerza budista que fue escudero del Partido Liberal Demócrata (PLD) durante un cuarto de siglo, pero que recela del militarismo de Sanae Takaichi y de su ascenso a hombros del incombustible Taro Aso. Prueba, según Komeito, de que Takaichi no piensa atajar la corrupción dentro de su partido.
El PLD lleva setenta años gobernando Japón de forma casi ininterrumpida. Desde poco después de su fundación, animada por EE.UU., a mediados de los cincuenta, el PLD ha sido objeto de críticas por sus relaciones peligrosas con la yakuza -la mafia japonesa- y con la Iglesia de la Reunificación, más conocida como la secta Moon.