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Starmer evalúa el modo de captar inversiones de China sin incomodar a Trump.

El nuevo orden mundial

El mandatario británico se encuentra en el país asiático para ratificar convenios de comercio que logren dinamizar la evolución de su economía paralizada.

El primer ministro británico, Keir Starmer, a su llegada a China este miércoles

El primer ministro británico, Keir Starmer, a su llegada a China este miércoles

Carl Court / Getty

Keir Starmer aborrece el conflicto y prefiere mantenerse en una posición neutral. En un espacio bidimensional, cuando cuatro puntos constituyen un cuadrado o un rectángulo, la ubicación equidistante se halla donde se cruzan sus diagonales. En el supuesto de que configuren una circunferencia, dicho punto corresponde a su núcleo central. No obstante, si se trata de un tetraedro o un cuadrilátero cíclico (tal como ocurre con el Reino Unido, la Unión Europea, Estados Unidos y China), la situación se vuelve bastante más compleja, requiriendo localizar el cruce de las mediatrices mediante diversas ecuaciones de alejamiento.

Starmer no posee dotes de matemático, pero se encuentra inmerso en esa encrucijada, intentando alcanzar un balance ideal entre Londres, Washington, Pekín y Bruselas, y por ello ha realizado el primer desplazamiento de un mandatario de Downing Street a China desde Theresa May en el 2018. Finalidad: obtener financiación y apertura en los mercados de la nación asiática para reactivar la paralizada economía del Reino Unido.

La visita de tres días de Starmer a China representa el primer viaje de un dirigente político británico desde Theresa May en 2018.

Existen diversos obstáculos para lograrlo. Inicialmente, el mandatario de China, Xi Jinping, podría sentirse agraviado si se le mencionan los atropellos a las libertades de la comunidad uigur, o si se solicita la excarcelación del magnate de la prensa de Hong Kong Jimmy Lai, quien posee nacionalidad británica y encara una potencial sentencia de prisión de por vida.

La segunda cuestión reside en que, al suscribir un pacto mercantil provechoso, Trump podría molestarse e intimidar con nuevos gravámenes (tal como ocurrió con Canadá). El tercer punto indica que el sector de China resulta bastante reducido para el Reino Unido, representando apenas el 3.6% de sus ventas externas (durante el ejercicio previo exportó productos por 35.000 millones de euros, frente a los 60.000 millones destinados a la modesta Irlanda y los 220.000 millones enviados a Estados Unidos).

Starmer, quien ha efectuado el viaje sin su ministra de Exteriores, Yvette Cooper (un gesto notable), ha afirmado que “sacará todos los temas que sea necesario sacar” y que “nunca canjeará comercio por seguridad nacional”.

Sin embargo, los opositores conservadores le avisan de que en China son especialistas en el espionaje, que no adquieren nada de fuera si no es para copiarlo y luego ofrecerlo como un invento propio, y que resulta peligroso haberles permitido instaurar una megaembajada justo por donde pasan los cables de fibra óptica en las operaciones financieras de la City.

Pekín busca eliminar el matiz político de su vínculo mutuo con el Reino Unido, presentándose como un aliado firme y confiable, a diferencia del caos desmedido que simboliza Trump, y suministrar a Londres placas fotovoltaicas, vehículos eléctricos y turbinas eólicas cuyo servicio técnico depende exclusivamente de empresas chinas mediante componentes chinos. Esto generaría un vínculo de subordinación; y respecto a tal subordinación, los británicos ya cuentan con una frente a Estados Unidos.

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Londres

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Jurista y profesional de la información, fue enviado de 'Guyana Guardian' en Washington de 1977 a 1994, y en Londres a partir de 1994.

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