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Sarah Marmorosch, la investigadora que estudia las vocalizaciones de las marmotas en los Alpes suizos.

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Una científica novel de Berna descubre los esquemas comunicativos que utilizan dichas criaturas para expresarse.

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Sarah Marmorosch (23, Berna), bióloga, en su estudio de investigación

Sarah Marmorosch (23, Berna), bióloga, en su estudio de investigación

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Ante la llegada del 2 de febrero y el retorno de la marmota al foco de la prensa, día en que   anuncian el pronóstico según si Phil ve o no su sombra, un estudio suizo manifiesta que estos mamíferos de imagen afable poseen una capacidad comunicativa mayor a la sospechada. No obstante, traducir su idioma demandó la perseverancia extrema de alguien decidida a emplear su tiempo libre en la contemplación y la atención auditiva.

Hablamos de Sarah Marmorosch (24), una científica licenciada en Biología por la Universidad de Berna que transcurrió su niñez en los Alpes suizos cautivada por la conducta de las marmotas mientras se planteaba si los chillidos que lanzaban eran iguales en todos los valles.

Ese interés se materializó tiempo más tarde en su proyecto de fin de bachillerato. El concepto no apareció de forma espontánea. Marmorosch había descubierto que las aves poseen variaciones regionales, aunque al indagar si sucedía igual con los mamíferos, Google “me devolvió el vacío”. “Ese silencio fue mi punto de partida”, rememora ante Guyana Guardian. Provista de un micrófono, un trípode y una paciencia sin límites, la científica comparó los giros lingüísticos de dos poblaciones alpinas separadas por 200 kilómetros: Kiental (Berna) y Müstair (Grisones). “La mayoría de los días no pasaba nada”, admite. La joven capturó un total de 86 “gritos de alarma” válidos que demandaron horas de vigilancia y se analizaron después con una aplicación de estudio espectral.

No obstante, previo a su medición, “hubo que descifrar el dialecto propio”, explica. Estos animales no chillan de forma aleatoria, sino que aplican un lenguaje binario fundamental. Producen un “silbido único”, breve y tajante, para avisar sobre riesgos aéreos inminentes, como un águila, lo que induce a la colonia a refugiarse bajo el suelo velozmente. Por el contrario, recurren a una “serie de silbidos” cadenciosa frente a peligros terrestres menos críticos, como personas o zorros. Fue mediante estas sucesiones como identificó ambos dialectos.

Un micrófono, un trípode y paciencia para observar a las marmotas en Kiental
Un micrófono, un trípode y paciencia para observar a las marmotas en KientalREDACCIÓN / Otras Fuentes

Las representaciones gráficas indicaron que “las marmotas tienen dialecto”. En la región de los Grisones, los pitidos alcanzan tonos más elevados (3.455 Hz respecto a los 2.849 Hz de Berna) y el aviso de alarma inicial se extiende algo más (0,17 segundos). ¿Cuál es el motivo de tal variación? El entorno de Müstair es más despejado y propenso a las corrientes. La experta dedujo que, en ese contexto, el estruendo profundo de las ráfagas oculta los tonos graves. Por este motivo, las marmotas “han tenido que adaptar el tono, para que la señal de alarma destaque sobre el viento. No es un capricho, es supervivencia”, indica.

El estudio de Marmorosch no representa un caso único. Un grupo perteneciente al Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (Creaf) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) comprobó durante el 2020 que las marmotas pirenaicas asimismo cuentan con modos de comunicación particulares y marginan a los individuos de otras zonas.. Notaron que la respuesta varía dependiendo de quién emita el aviso. “Las marmotas son capaces de reconocer el grito de los miembros de la población y responden más temerosas si no saben quién es la emisora”, resalta el informe. El análisis plantea que el dialecto puede obtenerse mediante el aprendizaje social, y distinguir la entonación del vecino facilita administrar la alarma y conservar energía. La experta suiza describe como “asombrosa” esta sintonía entre científicos que evidencia “el creciente interés y progreso para entender mejor cómo los animales interactúan con el entorno acústico”.

Ante la falta de respuestas en Google, opté

No obstante, Marmorosch, quien actualmente se especializa en bioinformática y genética poblacional dentro del Swiss Tropical And Public Health Institute de Basilea, proyecta seguir con el estudio “comparando diferentes poblaciones de marmotas en varios países”. Si bien acepta que más adelante esto se solucionaría a través de análisis de translocación empleando ejemplares cautivos o por medio de simulaciones computacionales, confiesa que, actualmente, “no hay planes concretos”.

A pesar de los hallazgos, la científica debió enfrentarse a sus propias incertidumbres: “Al principio, mi tutor me tuvo que convencer porque yo no creía que mi proyecto interesara a nadie”. El trabajo consiguió el galardón principal del certamen nacional Jóvenes Investigadores Suizos.

Las marmotas adaptan el tono para la supervivencia
Las marmotas adaptan el tono para la supervivenciaYongqing Bao

Al tiempo que la ciencia progresa, la percepción social continúa observando a este animal velludo desde una perspectiva mucho más funcional. En Suiza, constituye un símbolo de los paisajes alpinos, pero también se le cataloga como una molestia y un recurso culinario. Las excavaciones que realiza son consideradas por los productores pecuarios como perjudiciales para el forraje y, para gestionar su cantidad, cada temporada se eliminan miles de sujetos, a la vez que en diversos locales el ragú de marmota se ofrece como un plato típico de gran valor.

Dónde observar (y tocar) marmotas en Suiza
 

Lugares para observar (y tocar) marmotas en Suiza.

Si alguien busca emular la vivencia de Sarah Marmorosch, Suiza cuenta con una infraestructura de transporte colectivo que permite arribar casi hasta los mismos escondrijos sin precisar un vehículo. La alternativa más adecuada es organizar el recorrido mediante Turismo de Suiza y trasladarse con el Swiss Travel Pass, que abarca trayectos en tren, autobús, embarcación y teleférico.
Valle de Müstair (Grisones): En la frontera del Parque Nacional Suizo, este entorno indómito exige calma y sigilo, y dispone de acceso en autocar.
Kiental (Berna): Un valle escarpado y con menor afluencia de visitantes. Partiendo de la terminal de Reichenbach im Kandertal, el autocar conduce al área de Griesalp, sitio de inicio para realizar el avistamiento.
​Zermatt (Valais): En la base del Cervino. Representa uno de los lugares más tradicionales. Al utilizar el ferrocarril de cremallera de Gornergrat, las áreas óptimas para la observación se localizan entre las paradas de Rofelboden y Riffelalp. En ese sitio, las marmotas están habituadas a los senderistas y resultan sencillas de divisar en las vertientes iluminadas por el sol, si bien raramente se aproximan a los caminantes.
​Saas-Fee (Valais): En la parada de montaña de Spielboden, a la que se llega en teleférico, reside una agrupación célebre por su carácter afable. Con frecuencia se aproximan a los turistas buscando algo que comer (se autoriza darles alimento con prudencia en este sector determinado, pese a que se sugiere no sucumbir a las demandas de estos seres).
​Interlaken (Berna): Aquellos que disponen de escaso tiempo o tienen dificultades de movimiento pueden visitar el Alpine Wildlife Park, situado muy cerca de la terminal del funicular de Harder Kulm, donde es posible observarlas en un recinto reducido con diversos animales locales, a escasa distancia del núcleo urbano.
​Lenk (Simmental): En la cumbre de Betelberg se localiza un camino didáctico de 3 km (Murmeli-Trail) excelente para familias, que incluye tableros explicativos sobre el día a día de estos animales y guaridas que se distinguen con facilidad.

Ivan Comas Parra

Ivan Comas Parra

Redactor

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Escritor y parte del equipo de portadas. Miembro acreditado del Col·legi de Periodistes de Catalunya.

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