Everest, Andes, Sáhara...
Contesta a mi primer watsap desde los Andes, donde ha completado El Cruce, una carrera de alrededor de 30 km diarios entre Argentina y Chile”; el año pasado me hubiera respondido desde el Trail Everest; y en anteriores, desde el Sáhara, porque es una consumada sablera de los 250 km del Marathon des Sables. Me intereso por sus rótulas –la cruz del maratoniano– y admite que “Me he quedado sin rodillas”. Tener un padre oro olímpico no sé si suma, pero descubro con Paula Fernández-Ochoa que reta. Y ella añade que enseña a aplicar los valores del deporte y la superación en el día a día: “Te obliga a entrenar cuando no apetece, a descubrir paisajes, geografías; y a gestionar una logística a menudo complicada. Es un saber experiencial que puedes aplicar al mundo de la empresa”.
Su padre, primer oro olímpico del esquí español, ¿le suma o le reta?
La clave es que mi padre era esquiador, pero de familia muy modesta. Mis abuelos tenían una panadería y trabajaban en la escuela de esquí; pero de cocineros. Y con ocho hijos. Mi padre nos enseñó humildad.
¿Allí en la sierra de Guadarrama?
Y en casa, en Cercedilla, al final de un camino de tierra con días en que no íbamos al cole por las nevadas. Mi padre me conoció dos meses después de que yo naciera, porque estaba en EE.UU. De competición. Y entonces los vuelos no eran baratos.
Navacerrada... Tan cerca de Madrid.
Todos los inviernos íbamos a esquiar con la Casa Real con el príncipe y las infantas. Nos seguían varios guardaespaldas por las pistas y yo, acostumbrada a esquiar feliz a mi bola, le preguntaba a mi padre: “Papá, ¿por qué tenemos que esquiar tantos a la vez?”.
¿No le dio a usted por competir en esquí?
Hice otras carreras: me licencié en Derecho y Economía. Trabajé en Garrigues...
¿No es más aburrido que un gran slalom?
Mi padre murió joven: a los 56 años. Yo no me lo creía. ¡Tenía tanta vida aún! Algo se rompió dentro de mí. Fue momento de reconsiderar escenarios. Quise ser honesta conmigo misma y me di cuenta de que seguía ejerciendo más por responsabilidad que por vocación. Y escuché a mi padre.
¿Qué le dijo?
En una de nuestras últimas conversaciones me dijo: “Polilla –era mi mote familiar–, haz lo que te haga feliz y, si lo haces, será tu competición y ya no te ganará nadie”.
¿Acertó?
Me hizo pensar y actuar. Me formé en Esade, en IESE...
¿Para qué?
Entonces se abría toda un área de innovación en el marketing digital y empecé a trabajar en Roca Junyent ya en desarrollo de negocio. Trabajé dos años hasta que decidí volar sola.
¿No hace frío ahí afuera para estar solo?
Eso me decían los colegas. Pero ¿adónde vas a ir?
¿Adónde iba a ir?
Pues iría donde yo quisiera. Y decidir dónde, además de ser abogada, me ayudaba a ser consciente de algo que olvidamos a menudo y es que hoy en día un contrato indefinido de indefinido solo tiene el nombre, porque de hecho estás en la calle estés donde estés. Y yo necesito muy poco para ser feliz. No estar del todo segura del futuro me incentiva.
¿Y dónde decidió estar?
Yo había aprendido lo que era gestionar en un entorno muy competitivo, tanto en el deporte como en la empresa, así que pensé y pienso que puedo ayudar a mejorar a quienes deben enfrentarse a él.
¿A competir se aprende compitiendo?
Para empezar, debes encontrar el motivo. Cuando descubres el sentido de lo que quieres hacer, encontrarás cómo hacerlo siempre.
¿Por dónde empiezo?
Busca en tu interior por qué estás aquí y qué puedes aportar a los demás. Le doy una pista: las dos cosas están íntimamente ligadas.
¿Qué viene después?
No trabajes solo hacía fuera: trabaja también hacia dentro. Tu marca personal solo será auténtica cuando rasques y rasquen en lo que comunicas y no se descubra que es una mera estrategia. Debes manifestarte desde dentro, desde tu más profunda verdad, hacia afuera.
¿Y después?
La mayoría dejan que les pasen cosas y viven sin rumbo o tras la mera intuición, pero yo creo en el haz que pase.
¿Cómo lograr que pase lo que quieres?
Traza tu plan A y conviértelo en un plan de acción y, después, aplica el método cotidiano para llevarlo a cabo con constancia, disciplina y saber hacer. Te llevarán mucho más allá de la mera intuición del “quiero llegar a ser esto” o “quiero tener aquello”.
¿Con eso basta?
No lograrás nada si no juegas en equipo y si no lideras, que es mucho más que mandar: se manda, bien o mal, con el cargo; pero solo se logra liderar con el ejemplo.
¿El ejemplo lidera aun sin cargo?
Liderar y jugar en equipo es todo. Lo aprendí de mi padre, porque ni la vida ni el liderazgo se pueden ejercer solo en singular. Ser líder empieza por serlo de ti mismo y eso ya es liderar con el ejemplo sobre todos. Tu talento no es para ganar medallas para ti, sino para que potencies el de los demás.
¿Qué ha aprendido en estos años de consultora en alta competición?
¿Debo quedarme con una sola reflexión?
¡Venga!
Reír, sonreír es un acto de poder y más si sabes contagiar tu sonrisa. Lo he aprendido a los 47 y lo seguiré aprendiendo a los 74. Espero que se contagie.
