El Algarrobico, veinte años de derribos anunciados y un hotel que se niega a caer
En Almería
Ni el blindaje judicial del suelo ni las promesas desde Madrid y Sevilla logran que las máquinas de demolición entren en la playa para despejar el horizonte del Parque Natural de Cabo de Gata

Playa del Algarrobico, Carboneras, Almería.

El esqueleto del Algarrobico sigue ahí, desafiante, como si con él no fuera la cosa. Han pasado veinte años desde que la Justicia paró las máquinas, pero ese mastodonte de ladrillo continúa sin desaparecer del horizonte del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Es la imagen viva de un fracaso: el de una política que promete derribos pero que se enreda en los despachos.
Todo saltó por los aires un 21 de febrero de 2006. Aquel día, el juez Jesús Rivera firmó el parón de unas obras que la promotora, Azata del Sol, intentaba terminar a la desesperada. Los obreros doblaban turnos de noche para levantar el hotel antes de que llegara el mazo judicial, algo más que previsible después de las quejas de diferentes organizaciones no gubernamentales, tales como Greenpeace. No dio tiempo a inaugurarlo. La construcción se quedó parada al 95.
Sentencias que no tiran el esqueleto del hotel
La historia del hotel es un enredo de autos, recursos y patadas hacia adelante. Los ecologistas ganaron la batalla sobre el papel cuando el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ya ha dicho por activa y por pasiva que ese suelo es protegido y no se puede urbanizar. Este pronunciamiento judicial ha sido una victoria para los que se negaron a ver cómo la playa se intoxicaba de cemento pero, a día de hoy, es una victoria a medias puesto que el esqueleto del edificio sigue en pie. Y el motivo de que sigua impasible no es otro que la burocracia.
La licencia de obras de 2003 sigue en un limbo administrativo. El Ayuntamiento de Carboneras intentó anularla, pero el expediente caducó a principios de este año por errores en la tramitación. Sin ese papel en el que conste la anulación, no hay máquinas que valgan. Mientras, los ecologistas ya señalan directamente al alcalde, Salvador Hernández, de quien sospechan que los plazos se han dejado pasar a propósito y piden que se investigue si hay desobediencia.
El peso de la política
Y en mitad de esta situación, la política de ámbito regional y estatal también se cruza. La vicepresidenta María Jesús Montero insiste en que el Gobierno de Sánchez quiere reducir el hotel a escombros vía expropiación. Pero este discurso siempre viene con dardo incluido hacia la Junta de Andalucía, a la que acusan de no arrimar el hombro. Mientras dure este rifirrafe entre administraciones, la demolición no arranca.
Que este caso se esté eternizando hace que los ciudadanos se muestren agotados y que pierdan la confianza en una solución. Mientras apuntan a la necesidad de recuperar la riqueza de esta playa, los enfrentamientos políticos no cesan, haciendo de este ataque al patrimonio una excusa más para avivar polémicas. De momento, el suelo está blindado, la Justicia ha dado permiso para ocupar los terrenos y el Gobierno dice tener la voluntad.
Pero veinte años después, el paisaje sigue roto. Cambian los ministros, pasan los alcaldes y se jubilan los jueces, pero el Algarrobico sigue allí, recordándonos que en Almería el tiempo se congela cuando el ladrillo y la política chocan de frente.
