Barcelona
Fermín Villar

Fermín Villar

Expresidente de Amics de la Rambla

Pesaditos con la gentrificación

Opinión

Día sí día también leemos o escuchamos acerca de la gentrificación de nuestras ciudades. El vocablo en cuestión, con validez normativa en español y en catalán desde el año 2023, se utiliza para explicar los cambios de perfil de los residentes de ciertos barrios, principalmente tras una mejora urbanística o al ponerse de moda entre gente adinerada. La ventaja de usar gentrificación en vez de algún término similar no prestado es que, al ser una adaptación de gentrify, automáticamente podemos culpar de un imparable cambio sociológico a la gente que viene de fuera hablando inglés y con más poder adquisitivo. O sea, a los expat, palabra que ya tarda en ser aceptada académicamente.

Hace más de diez años algunos ya advertíamos de que, viendo la nueva movilidad global, todo lo que estuviera a menos de treinta minutos caminando de las playas de Barcelona se iba a disparar de precio. Porque no hay nada similar en Europa y porque nuestros salarios medios están muy abajo en la liga en la que juega Barcelona. Es, por tanto, cuestión de tiempo que la misma presión llegue a otros barrios o a ciudades metropolitanas bien conectadas por transporte público. Mientras tanto, podemos prohibir los pisos turísticos, regular los alquileres de temporada y limitar las rentas. Y cuanto más limitemos los precios, más barata le ponemos la ciudad a la gente de mayor nivel económico que seguirá llegando.

Cuanto más limitemos los precios, más barata le ponemos la ciudad a la gente de mayor nivel económico

La perversa ironía es que quizá podríamos hablar de sustitución de residentes, pero no hay valor porque eso obligaría a incluir ahí a las nuevas inmigraciones –recuerden, si cobran menos que nosotros son inmigrantes, si cobran más son expats– que se han ido instalando en los barrios tradicionalmente obreros. Algo que ya sucedió en los años 50 y 60 con la llegada de gente de otras partes de España, aunque, a diferencia de ahora, en esa época se construyeron miles de viviendas e incluso crecieron nuevas ciudades. Se podría usar también el concepto expulsión cuando muchos vecinos de edificios viejos tienen que venderse el piso al no poder hacer frente a derramas comunitarias, ya que ser propietario no significa ser millonario. Fincas que, por normativa, se encuentran obligadas a exorbitadas reformas para las que no hay ayudas y que acaban en manos de quien sí puede pagarlas.

Todo esto no es gentrificación. ¿Saben lo que es gentrificación de manual? Pues reformar un eje principal del Eixample, haciéndolo de manera ilegal como demostró la entidad Barcelona Oberta en los tribunales aun teniendo que sufrir los ataques de impostores que se llenan la boca sobre lo que debe ser Barcelona. Cargándose la trama Cerdà con dinero público y provocando que el metro cuadrado de alquiler residencial y comercial aumentara de precio de forma espectacular, sin que los siempre sospechosos privados, posteriormente beneficiados, tuvieran que invertir ni un solo céntimo para engrosar su patrimonio.

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