Barcelona desatasca el proyecto de la plataforma marina del Fòrum tras 20 años de controversia
Urbanismo
El Ayuntamiento encarga el proyecto de urbanización para que este espacio, el más grande sin desarrollar de todo el litoral de la capital catalana, sea una gran plaza ciudadana y deportiva en el 2031

La plataforma marina del Fòrum, este lunes. Al fondo, a la izquierda, el Hotel W, al que se llegará andando tras un paseo de siete kilómetros

“Ya sé que vamos con el tiempo justo”, decía en septiembre del año 2000 el entonces teniente de alcalde Jordi Portabella. El concejal de ERC se refería al calendario de la construcción del zoo marino en el Fòrum, un proyecto que debía esponjar el abigarrado animalario de la Ciutadella y que debía estar listo en el 2004 por un coste de 25.000 millones de pesetas, unos 150 millones de euros. En el 2007, ya totalmente fuera de plazo, se cimentó la plataforma, y en el 2011 se descartó el plan. Y así fue cómo se generó el enésimo no lugar de Barcelona, que en los últimos 15 años se ha usado para festivales, circos y poco más. Ahora hay una nueva hoja de ruta sobre la mesa. Incluso algo más que eso: ya hay un dibujo concreto y un equipo que ha ganado el concurso para redactar el proyecto de urbanización de estas 12,7 hectáreas que, cuando estén terminadas, si todo va bien, en el 2031, culminarán un paseo lineal de siete kilómetros desde la nueva bocana del Port Vell hasta el Besòs. Y así, ha resumido este lunes el alcalde Jaume Collboni en una visita al Fòrum, “la ciudad terminará por fin su frente marítimo”.
Suele decirse que Barcelona dejó de estar de espaldas al mar con los Juegos del 92, una afirmación que ningunea el barraquismo litoral, la actividad industrial junto al Mediterráneo, la línea ferroviaria que iba junto a los arenales, la vida propia de la Barceloneta o la actividad portuaria. En cualquier caso, lo que seguro trajo la cita olímpica fue la habilitación de las nueve playas de la ciudad, a las que se unió, en el albor del nuevo siglo, la zona de baños del Fòrum. Faltaba coserlas, que la capital catalana dispusiera de una arteria marítima que permita recorrer a pie el perímetro costero sin mojarse los pies o llenárselos de arena. Con este proyecto y la culminación, el año que viene, del nuevo paseo de la Mar Bella, el Hotel W y el Besòs quedarán unidos por una larga lengua verde.

Las obras que se podían ver este lunes sobre la inmensa losa nada tienen que ver con los usos definitivos de la plataforma. Son trabajos vinculados con el Grand Départ del Tour de Francia, que en su etapa barcelonesa a principios de julio partirá desde este punto. Será, junto con Glòries, el segundo espacio público (al margen de la Ciutadella, Montjuïc y Collserola) más grande de Barcelona. Con semejante tamaño, se imponía preguntarle al alcalde cuál será su nombre definitivo. Si no media consulta ciudadana y no hay sorpresas, será, simplemente, “la plataforma marina”. Además de desbloquear la mayor área sin urbanizar del litoral de la ciudad, la obra permitirá que la Rambla Prim, que ahora choca con la plaza de Llevant, desembocadura de la Diagonal, llegue hasta el agua. “Será -ha celebrado Collboni- la última gran obertura de la ciudad al mar”.
Calendario
El Ayuntamiento prevé invertir 10 millones cada año hasta que el proyecto se termine, si todo va bien, en el 2031
En el extremo suroeste de la nueva gran plaza mediterránea se instalará el campo de fútbol Poblenou-Agapito Fernández, que abandonará su actual ubicación junto al pabellón de la Mar Bella, donde está previsto un depósito de recogida de agua pluvial. Toda la parte central está pensada como un espacio abierto multifuncional para la celebración de todo tipo de actividades ciudadanas, deportivas y culturales, ha destacado el alcalde. Todo el entorno dejará de ser “hostil para los vecinos”, ha definido Collboni, al que han acompañado en su visita al lugar la teniente de alcalde de Urbanismo, Laia Bonet, y el concejal de Sant Martí y de Deportes, David Escudé.

Los residentes de los barrios cercanos sin embargo, no comparten la euforia municipal. Seis agrupaciones vecinales, respaldadas por la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB) han compartido su malestar por un proyecto que, a su modo de ver, “privatiza el espacio público”. A través de un comunicado, denuncian que el Ayuntamiento ha encargado “un diseño destinado a actividades de gran formato y aforo incompatibles con la existencia de un parque”. Consideran, además, que el proceso de decisión “ha sido opaco y no responde a criterios de participación”, sino que favorece “intereses privados de fondos de inversión internacionales”.

