La limitación del trayecto entre Barcelona-Madrid provoca un fuerte descontento entre los viajeros.
Crisis ferroviaria
Debido directamente a tales limitaciones, sumado al impacto del clima adverso que azota a gran parte de España, un viaje que normalmente requiere aproximadamente dos horas y media podría extenderse hasta llegar a casi cinco horas.

Inquietud entre los pasajeros en la estación de Sants durante toda la jornada previa.
El sistema ferroviario de gran velocidad que vincula Barcelona con el territorio nacional se halla en un momento de graves complicaciones. Debido a los incidentes en Adamuz y Gelida, las prestaciones de trenes que parten de o llegan a la capital catalana están sufriendo alteraciones bastante significativas.
Las limitaciones de rapidez establecidas en el amplio sector ubicado entre Guadalajara y Calatayud (donde de forma usual los ferrocarriles alcanzan los 300 kilómetros por hora) se mantienen operativas y todavía no disponen de un día fijado para su retirada, situación que está originando un descontento al alza entre los pasajeros.
Debido directamente a estas restricciones, un viaje que habitualmente dura alrededor de dos horas y media, tal como sucede con el recorrido de la alta velocidad entre Madrid y Barcelona, podría extenderse hasta casi las cinco horas. El escenario empeora sobre todo por la tarde, al momento en que los convoyes acumulan las demoras generadas durante la jornada y se vuelve casi inviable que partan según el horario programado.

Informantes de Adif vinculan las tardanzas a los límites de rapidez, pero asimismo al clima adverso que castiga a gran parte de España, perjudicando de igual modo a todas las empresas que operan esta línea; esto es, a Renfe, Iryo y Ouigo.
Dichas limitaciones están dificultando la rutina de aproximadamente 40.000 viajeros cada día. Esto afecta a los pasajeros del Ave Madrid-Barcelona que tenían prevista su llegada este miércoles a las 12:42 y que finalmente sufrieron una demora de tres horas. Durante las horas recientes, las plataformas digitales se han colmado de protestas y reclamaciones de los usuarios, muchos de los cuales lamentan la ausencia de datos y aclaraciones por parte de las empresas de transporte ferroviario.
Las limitaciones de rapidez también están generando consecuencias sucesivas en otras prestaciones. Este es el ejemplo de Xavi, un pasajero que hoy temprano debía completar el trayecto Tarragona-Barcelona en un ferrocarril Alvia y que alcanzó su destino con una hora de demora. Según su relato, se le sugirió subir a otro convoy que tenía prevista su entrada a las 10:00 pero que finalmente no apareció hasta las 13:00, sumando así un total de tres horas de retraso. En ese intervalo, los viajeros han estado esperando en la plataforma mientras se concedía preferencia a los transportes de alta velocidad que venían de Madrid.
Las consecuencias de las demoras han alcanzado incluso al calendario oficial, tal como ocurrió en la comparecencia ante los medios de la presentación Año Gaudí de esta mañana, la cual debió posponerse una hora debido a que diversos reporteros que venían de Madrid no lograron arribar puntualmente por los problemas en la red ferroviaria.
La borrasca Kristin, que azota este miércoles a varios puntos de España, no ayuda en absoluto a resolver el panorama. Fabricio, uno de los usuarios damnificados por estas demoras en el servicio de alta velocidad, ha relatado a EFE que su convoy partió a tiempo de la terminal de Atocha a las 08:22 horas, y arribó a la de Sants tras las 13:00 horas.
“En Guadalajara el tren ha parado un buen rato por la tremenda nevada. Después de Aragón ya ha ido bien, aunque más lento por lo que ya sabemos”, ha afirmado este viajero, que ha tomado un transporte de la firma Iryo. En esta situación, las empresas ferroviarias han notificado a los usuarios de los trenes la demora sobre la hora fijada motivada, esencialmente, por las inclemencias de la nieve.
Bajo esta perspectiva, el único aspecto favorable del día de ayer fue el arreglo de la grieta localizada el lunes cerca de la Espluga de Francolí, a unos 120 kilómetros de Barcelona, un contratiempo que había forzado a disminuir la marcha a 80 kilómetros por hora y que dilataba todavía más el tiempo de trayecto entre Madrid y Barcelona.
