La profesora Andrea Herranz dejó España para mudarse a Finlandia: percibe 2.500 euros en lugar de 1.100, lo cual mejora su autonomía y su potencial de ahorro.
VIVIR EN EL EXTRANJERO
Herranz, una mujer de 26 años oriunda de Madrid, ha pasado los recientes 2 años en Finlandia ejerciendo su labor como maestra de Educación Infantil.

Andrea Herranz, profesora en Finlandia (cedida)

Tu historia
Españoles en el extranjero
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Un número creciente de personas jóvenes decide dejarlo todo y salir de su nación de origen con el fin de desempeñar su labor profesional y juntar ahorros para forjarse un porvenir superior. Andrea Herranz, docente de primaria e infantil de 26 años, evitó presentarse a oposiciones en España, pues cree que iniciar dicho trámite a tan corta edad le restaría posibilidades. La escasez de vacantes en España y las remuneraciones insuficientes que recibía impulsaron a esta madrileña a transformar radicalmente su existencia y mudarse a Finlandia. No obstante, su vínculo con el territorio nórdico era previo, dado que durante sus estudios de magisterio realizó un Erasmus y regresó fascinada por dicha nación.
La enseñanza constituye una de las bases esenciales para el progreso de toda comunidad. El contraste entre el sistema educativo español y el de otros países europeos representa un asunto de discusión habitual. Finlandia figura como uno de los estados con mayor relevancia en las clasificaciones formativas globales, habiendo servido de guía para múltiples territorios por mucho tiempo. Justamente esa disparidad respecto al sistema español fue uno de los factores que más motivó a Andrea a iniciar su experiencia.

Asimismo, desde su establecimiento en Finlandia resolvió narrar sus vivencias, su rutina como docente y múltiples aspectos llamativos de habitar en un lugar tan remoto por medio de sus perfiles sociales, con la denominación @teacherstudio, donde ya suma más de 30.000 usuarios. Tras aproximadamente 2 años lejos de España, Andrea detalla, en un diálogo con Guyana Guardian, las distinciones entre el esquema pedagógico español y el finés junto a la valoración que se le otorga a la enseñanza.
¿Cómo surgió la idea de mudarse a Finlandia?
Me dedico a la enseñanza en educación infantil y primaria. Cursé un Erasmus en Finlandia y luego retorné a Madrid, pero no surgía nada. Localizaba algunos puestos, aunque el sueldo era pésimo. Incluso me planteaban contratos de prácticas, lo cual me asombraba porque no había visto algo así en mi vida. Como me sentía un poco perdida y veía que nada mejoraba, busqué vacantes en Finlandia y me postulé a una. Me hicieron la entrevista por internet y a los dos días me comunicaron que me habían seleccionado.
¿Tuvo que tomar la decisión muy rápido?
Sinceramente, me otorgaron bastante flexibilidad. Realicé la entrevista durante noviembre y mi superiora me comentó que era posible empezar de inmediato. Sin embargo, consideré que se acercaba Navidad y debía regresar a España, ya que no deseaba celebrarlas en Finlandia. Al concluir, acordaron que podía iniciar en febrero para trasladarme de forma definitiva. Ese periodo me permitió pedir las ayudas gubernamentales, obteniendo fondos para el pasaje, el depósito de la vivienda y hasta el trámite de los títulos. De este modo, conté con 3 meses para planificarlo todo.
La enseñanza en Finlandia resulta bastante más flexible y espontánea, fundamentada en las vivencias y el entorno natural.
¿Cuáles son las disparidades fundamentales entre la formación preescolar en Finlandia y la que se imparte en España?
Resulta considerablemente más flexible y espontánea. En España existe un programa académico obligatorio, orientado a alcanzar metas específicas y desarrollar diversos temas con los pequeños. Por el contrario, en este lugar la libertad es total y la docente se encarga de observar los requerimientos de los estudiantes, sus intereses y sus inclinaciones, para diseñar ella misma la propuesta pedagógica.
Al comenzar el periodo escolar evalué los intereses de los alumnos y les pedí su opinión. Cada pequeño me indicó un par de temas que deseaba estudiar en este ciclo. Con base en dicha información, desarrollo las materias y las tareas que llevamos a cabo.
¿Qué es lo que más le gusta del sistema finés?
Se trata de una enseñanza muy centrada en la existencia y el entorno natural. Semanalmente hacemos salidas, acudiendo a la arboleda, a centros culturales o a presenciar obras de teatro.
Especialmente prefiero este método al sistema de España debido a las tasas de alumnos. En España se asigna 1 docente por cada unos 20 estudiantes, y en Finlandia disponen de un profesor por cada 7 alumnos.
Me encuentro con alumnos de 5 y 6 años, y conformamos un equipo de 3 adultos en el aula para 19 estudiantes. Desempeño el cargo de docente titular y tengo 2 asistentes que me respaldan en múltiples tareas. Incluso, a veces participan en la programación y me brindan propuestas creativas.

¿Se percibe un mayor reconocimiento hacia el gremio educativo, particularmente desde el entorno familiar?
Efectivamente, bastante. En España no desempeñé el cargo de maestra, pero en el periodo de prácticas noté el trato de las tutoras con los parientes. Y es totalmente distinto. Noto que nos estiman muchísimo, y de hecho, todos nos lo expresan. A veces, los familiares nos comentan que poseemos gran paciencia y nos preguntan de qué manera lo conseguimos.
Me percibo sumamente apreciada. Previo al receso de Navidad, celebramos el cierre del ciclo anual y resultan fundamentales los comentarios de los progenitores sobre mi labor profesional. Además, nos obsequiaron numerosos detalles, algo poco habitual en España. Aunque no resulta imprescindible, constituye su modo de evidenciar el reconocimiento hacia nuestro desempeño.
Me considero sumamente estimada por los parientes, ya que resulta trascendental la opinión que tienen de mi desempeño.
Y respecto al sueldo, ¿existe una gran diferencia respecto a España?
Efectivamente. Antes de marcharme, realicé diversas entrevistas en Madrid, y en un centro de educación infantil parecido al que desempeño ahora, me proponían 1.100 euros. Y en Finlandia, en este momento recibo 2.500 euros netos mensuales, que en términos brutos suponen 3.000 euros.
Por consiguiente, la disparidad es significativa. Aquí disfruto de mi independencia, habitando por mi cuenta una residencia espaciosa a 20 minutos del núcleo de Helsinki. Esto sería inviable en España. Con dicha remuneración me vería forzada a residir con mis padres, pero en Finlandia consigo sufragar la renta, los víveres, las distracciones y, además, conservar parte del dinero.

¿La vida es muy cara en Finlandia?
No es para tanto. Se suele creer que los precios son prohibitivos. Es verdad que existen cosas más costosas, como el alcohol, que tiene un precio elevadísimo. Ir al cine o a los bolos resulta más caro que en España, pero lo demás es bastante similar.
Abono 800 euros mensuales por el arrendamiento de una vivienda de cerca de 50 metros cuadrados para mi uso individual. Y algo semejante en Madrid resulta imposible de localizar.
¿Y a nivel personal que cree que le está aportando vivir tan lejos de casa?
Durante este par de años he descubierto más sobre la existencia y sobre mi propio ser que en casi toda mi trayectoria anterior. En última instancia, te ves obligada a gestionar cada situación por tu cuenta. Ha supuesto una gran enseñanza en todas las dimensiones vitales de forma simultánea.
Extrañar a tus parientes también te permite valorarlos con mayor intensidad. Lo mismo ocurre con la carencia de luz solar. El año previo, mientras estaba en Madrid por Navidad, subí la persiana al amanecer y, al entrar la claridad, se me saltaron las lágrimas. A menudo ignoramos esta fortuna y la asumimos como algo garantizado.

