Paula Rodríguez, experta en dermofarmacia: “Muchas veces interpretamos la irritación cutánea como una señal de eficacia cuando en realidad es una llamada de auxilio”
Belleza
Las especialistas apuntan que es muy importante no alterar el mecanismo de defensa de la piel porque puede pasar factura

La piel puede desarrollar irritación, rojeces o granos al comenzar a usar retinol.

La exfoliación de la piel es un paso imprescindible en la rutina de cuidado. Eliminar las células muertas es esencial para que los activos que se aplican penetren con mayor eficacia, pero muchas personas utilizan prácticamente a diario exfoliantes e ingredientes que renuevan la renovación celular, lo que provoca la aparición de lesiones cutáneas.
“La piel tiene memoria. Cuando abusamos de los ácidos o los retinoides, su mecanismo de defensa se altera y empieza a reaccionar con enrojecimiento, tirantez o descamación”, expone la bioquímica especializada en dermofarmacia y cosmética, Paula Rodríguez. Según la también portavoz de Druni, “el problema es que muchas veces interpretamos esa irritación como una señal de eficacia, cuando en realidad es una llamada de auxilio”.

Esta inflamación cutánea es más común de lo que muchos creen, especialmente en aquellas mujeres que quieren probar varios activos de moda o se dejan llevar por las recomendaciones de “especialistas” que no dejan de promocionar productos en redes. “Vivimos en la era de la sobreexposición: a la polución, a la luz azul, al estrés y, por supuesto, a los cosméticos. Todo eso acumula microagresiones que vuelven la piel hipersensible”, asegura la bioquímica.
Para la experta, uno de los errores que más se cometen es abusar de los exfoliantes químicos, cuyo uso debe ser de unas tres aplicaciones semanales en pieles normales y grasas y, en el caso de las sensibles, una vez por semana o cada quince días. “Un exfoliante con alta concentración de ácidos puede eliminar las células muertas, sí, pero también hace que las inmaduras salgan antes de tiempo, sin estar preparadas para proteger la piel”, expone Rodríguez.

Otro gran fallo es limpiar la piel en exceso o usar productos muy astringentes. “Hay quien piensa que la sensación de tirantez después de limpiar el rostro es sinónimo de pureza. En realidad, es el primer signo de que el manto hidrolipídico se ha dañado”, indica la experta, que advierte que no es buena idea usar en una misma rutina exfoliantes, retinoides y vitamina C. “No se trata de demonizar los ingredientes potentes, sino de aprender a dosificarlos. Cada piel tiene un umbral distinto de tolerancia”, apunta.

Cuando la piel se ha irritado es necesario parar el uso de exfoliantes y de activos que puedan dañar aún más la barrera cutánea y optar por un limpiador suave, una crema hidratante neutra y un fotoprotector. También se puede optar por cremas que ayuden a reparar la barrera y que contengan ingredientes como la niacinamida, las ceramidas, la centella asiática, la ectoína o ciertos péptidos que fortalecen la piel y reducen la inflamación.
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“Estas moléculas actúan como un escudo que refuerza la estructura de la epidermis, evitando la pérdida de agua y devolviendo elasticidad y confort”, dice la bioquímica, que aconseja reintroducir los activos con mucha precaución y, lo más importante, ver cómo reacciona la piel a medida que se van usando. “Lo ideal es probar uno solo durante 48 horas y observar cómo reacciona la piel”, añade.
Paula Rodríguez explica que uno de los retos actuales de la cosmética es combinar eficacia con suavidad. “Cada vez más marcas reformulan sus ácidos y retinoides para incluir moléculas calmantes o sistemas de liberación controlada. Esto permite obtener resultados visibles sin comprometer la salud cutánea”, señala la experta, que destaca los agentes formadores de película, unos polímeros invisibles que crean una capa protectora sobre la piel.

