Marta Ortega, licenciada en farmacia, afirma que la respiración bucal frente a la nasal acelera el envejecimiento.
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La experta explica cinco costumbres comunes que impactan de forma directa en la salud de la piel y del organismo.

La farmacéutica y fundadora de la firma MLAB, Marta Ortega

Con frecuencia adoptamos costumbres que podrían no ser las más beneficiosas para nuestro bienestar, sobre todo en lo que respecta al cutis. Mostrar una cara humectada, radiante y libre de marcas representa la meta de numerosos individuos, sin embargo, ciertas acciones cotidianas tienen el potencial de apresurar su deterioro.
De esta manera lo confirma la farmacéutica Marta Ortega, quien revela cinco hábitos muy frecuentes que inciden en el estado de la piel y del cuerpo. “Muchos de estos hábitos pasan desapercibidos porque forman parte de nuestra rutina diaria (…) Revisarlos y corregirlos puede marcar una gran diferencia en cómo envejecemos por dentro y por fuera”, apunta la fundadora de la marca de nutricosmética MLAB.
Un hábito que perjudica notablemente el cutis consiste en descansar habitualmente sobre el mismo costado. “La estructura ósea puede alterarse y perder soporte interno”, señala la especialista, quien agrega que el roce y el apoyo continuo contra la dermis merman la producción de colágeno y elastina, moléculas fundamentales para conservar la tersura y flexibilidad, además de limitar la oxigenación de los tejidos. “Cambiar de lado es fundamental para evitar un envejecimiento prematuro”, afirma.
Una práctica diferente consiste en inhalar por la boca en vez de por las fosas nasales. “Tu oxigenación cae en picado y dificulta cualquier organismo y síntesis celular”, indica Ortega. Esta conducta, que bastantes individuos efectúan de forma involuntaria, tiene el potencial de modificar la anatomía de los huesos. “La respiración nasal no solo mejora la oxigenación, sino que también influye en el correcto desarrollo de la estructura ósea facial”, sostiene.

Asimismo, existe el hábito de tensionar la mandíbula por la noche o padecer bruxismo, comportamientos que generan un desarrollo del músculo masetero y otorgan mayor dureza y anchura a las facciones. “Además de generar dolor y tensión, puede producir flacidez en la zona inferior de la cara y favorecer la aparición de papada”, advierte la farmacéutica.
Marta Ortega advierte asimismo que las transiciones repentinas de temperaturas gélidas a un calor excesivo tienen la capacidad de impactar de forma directa en la condición cutánea, ya que son capaces de fragilizar la protección de la dermis. Según manifiesta, conservarla en óptimas condiciones resulta “clave” con el fin de que el cutis luzca “sana, bonita y joven”.
Por último, la especialista alude al contacto extendido con la iluminación artificial, el cual repercute de forma directa sobre el cutis y modifica los ciclos biológicos. “Acelera el deterioro cutáneo y contribuye al envejecimiento prematuro”, finaliza.

