El doctor Manuel Sans Segarra lanza una alerta contundente contra los sedentarios empedernidos: “No hay nada peor”

Bienestar

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Según el doctor Manuel Sans, quedarse quieto es casi una sentencia para el cuerpo

Xavier Cervera / Propias

El sofá puede parecer el mejor amigo después de un día agotador, pero es un traidor en el largo plazo. Más de un experto lo ha señalado, y el doctor Manuel Sans Segarra no se corta un pelo al decirlo: el sedentarismo es el enemigo número uno de nuestra salud. ¿Por qué? Porque quedarse quieto no solo frena el cuerpo, sino que pone en marcha un círculo vicioso que acaba afectando cada rincón del organismo.

Sans lanza un mensaje claro: “Se liberan muchas moléculas ácidas, y las moléculas ácidas provocan inflamación, y toda inflamación provoca rigidez y fibrosis”. En otras palabras, esa sensación de estar oxidándose cuando se pasan horas sin moverse no es un simple efecto de la edad, sino el resultado directo del estilo de vida. 

Anquilosamiento

Deja el sofá antes de que sea demasiado tarde

La solución a este problema tan común es sencilla: moverse mucho más. “No hay nada peor que sentarse y mirar la televisión”, subraya, dejando claro que el simple acto de levantarse en vez de estar horas sin moverse puede ser revolucionario para el cuerpo.

La televisión, además, no sale bien parada en su análisis. Sans critica con firmeza los contenidos actuales, describiéndolos como “nefastos desde su punto de vista educativo”. Y no se trata solo de apagar la pantalla, sino de entender que dedicar tanto tiempo a actividades pasivas es un lujo que nuestro cuerpo no puede permitirse.

El problema no es solo físico. El sedentarismo tiene implicaciones que van más allá de los músculos y articulaciones. La inactividad constante afecta la mente, fomenta hábitos poco saludables y agrava problemas como la obesidad o el estrés. Un cuerpo que no se mueve empieza a fallar, y los daños, aunque no se vean al principio, se acumulan con los años.

Por supuesto, moverse no significa lanzarse a una maratón sin preparación. Caminar, subir escaleras o hacer pequeñas actividades cotidianas puede marcar la diferencia. Sans insiste en que no hace falta obsesionarse con rutinas estrictas; lo importante es evitar la inacción. Porque, como él mismo dice, “la manera de evitar el anquilosamiento es moviéndose”.

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