Bienestar

Alfredo Corell, inmunólogo: “Conocemos el secreto de la longevidad de María Branyas: tenía una microbiota de una chica de 20 años”

Microbiota y longevidad

El experto subraya la importancia de incluir probióticos a diario y rescata el caso de la mujer más longeva de España como ejemplo real del poder de la flora intestinal

Alejandra Stivaletta, médica experta en microbiota: “Tu intestino no solo digiere: también produce serotonina y puede influir en tu ansiedad, tu cansancio y tu humor”

María Branyas, que vivió 117 años, tenía una microbiota de veinteañera, según sus médicos 

María Branyas, que vivió 117 años, tenía una microbiota de veinteañera, según sus médicos 

ACN | CADENA SER

¿Qué tienen en común el yogur, el sistema inmunitario y una mujer que vivió 117 años? La respuesta la tiene Alfredo Corell, inmunólogo, catedrático y divulgador científico. Durante una entrevista en el programa Hora 25 de Cadena SER, el experto explicó cómo la microbiota —el conjunto de microorganismos que habita en nuestro intestino— influye directamente en la salud, el estado de ánimo… y hasta en la longevidad.

“María Branyas, esta mujer de Olot que falleció el año pasado y que es la octava mujer más longeva de la historia de la humanidad, tomaba dos yogures al día. Sus médicos han publicado este año que su microbiota era la de una mujer de veintitantos años”, explicó Corell. No se trata de una simple anécdota: según los análisis de su flora intestinal, la centenaria mantenía un ecosistema bacteriano tan joven como el de una chica de 20 años. “El yogur había conseguido, entre otras cosas, que su flora intestinal fuera como la de una chica joven, lo que le produjo esta longevidad”, añadió.

Una flora intestinal joven, incluso a los 117 años

El caso de María Branyas demuestra cómo mantener el equilibrio microbiano puede influir en la longevidad

Corell no duda en calificar el yogur como un alimento clave: “Deberíamos incluir un probiótico al día en nuestra dieta, como mínimo”. El experto recomienda consumir productos que contengan bacterias vivas beneficiosas, como Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus, presentes en los yogures tradicionales, o las levaduras del kéfir. Eso sí, advierte: “Hay muchos que están muy azucarados. Hay que consumir los que tengan el azúcar natural de la leche, que es en torno a un 4 o 5 %”.

Además, señala que hay opciones para personas intolerantes a la lactosa o veganas: “Tienen opciones de yogures con estas mismas bacterias, pero crecidas en un estrato de soja o de avena”.

El caso de Branyas no es único ni aislado. Corell cita también al inmunólogo ruso Iliá Méchnikov, Premio Nobel de Medicina en 1908, que ya a principios del siglo XX aseguraba que aprender a ingerir correctamente el yogur permitiría duplicar la esperanza de vida. “Y eso lo dijo en 1940, cuando él tenía 70 años”, recordó.

No todo vale

La importancia de saber elegir

A pesar del boom de productos “funcionales”, Corell advierte que muchos de los que se venden como buenos para el sistema inmunitario carecen de evidencia científica. En su libro Inmunidad en forma, el catedrático revisa los más populares y concluye que, salvo casos específicos como intolerancias o enfermedades diagnosticadas, “no necesitas absolutamente ningún suplemento si llevas una vida saludable, con todos los grupos de alimentos, sueño y ejercicio”.

Eso sí, entre sus recomendaciones claras hay un mensaje directo: “Comer fruta, verdura y un probiótico al día”. Y entre los probióticos, los fermentos vivos marcan la diferencia. De hecho, menciona también las leches fermentadas enriquecidas con bacterias adicionales como Lactobacillus acidophilus.

Comer un probiótico al día debería ser casi una obligación”

Alfredo Corell, inmunólogo

Corell también alertó en Hora 25 sobre el aumento global de las alergias, que ya afectan al 20 % de la población y, según la OMS, podrían alcanzar a más del 50 % en 2050. “Ahora las encontramos antes, pero también se están produciendo más”, explicó. Entre las causas, destacó la llamada hipótesis de la higiene, que relaciona una infancia poco expuesta a microorganismos con un sistema inmune menos entrenado.

Además, señaló factores como el sedentarismo y el uso excesivo de pantallas como enemigos del sistema inmune. “Reducen la calidad del sueño, la motivación para comer bien y te exponen a sonidos nocivos que afectan al sistema inmunitario”.

En cambio, Corell valora el verano como un aliado: “Es un momento fantástico para que el sistema inmunitario esté a tope”. Las vacaciones suelen implicar menos estrés, más actividad física al aire libre y una mejor regulación emocional. Eso sí, advirtió sobre el alcohol: “Su consumo no es nada beneficioso para el sistema inmunológico”.