Bienestar

Saioa Gómez, profesora de la Universidad del País Vasco, alerta del daño de los excesos navideños en la microbiota: “Es posible que en 15 días aumenten los microorganismos perjudiciales”

Cuidado

Varias personas en el mercado de abastos realizan sus compras el día

Varias personas en el mercado de abastos realizan sus compras el día

María José López - Europa Press / Europa Press

El Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED) define la microbiota como “el conjunto de bacterias que colonizan la piel, el aparato digestivo, incluida la boca, y el aparato genital”. Entre sus funciones se encuentran la protección de bacterias patógenas que provocan enfermedades en nuestro cuerpo, el mantenimiento del sistema inmunitario, la digestión de alimentos y la absorción de vitaminas. Tanto el término como el sistema que define han ganado protagonismo en los últimos años.

Uno de los elementos que la microbiota regula es nuestro tránsito intestinal, por lo cual es necesario aportar alimentos y elementos favorables para que todo baje adecuadamente. Sin embargo, existen periodos del año en los que esta tarea se vuelve más complicada. Las comidas de Navidad, copiosas y a menudo poco favorables para el organismo, pueden provocar más de un dolor de cabeza. Saioa Gómez, profesora de la Universidad del País Vasco, analizó las claves de un hecho que ocurre con demasiada normalidad.

Microbiota
MicrobiotaGetty Images

La docente alertaba de cómo los excesos y malos hábitos alimentarios, no solo en el periodo navideño, puede provocar en el intestino una condición llamada disbiosis. “Este término hace referencia a un aumento de microorganismos potencialmente perjudiciales, una disminución de los considerados beneficiosos, un descenso de la variedad microbiana (diversidad intestinal) y la alteración de la función de barrera intestinal, que puede dejar pasar a la sangre sustancias que pueden generar daño”, detallaba.

“La disbiosis se relaciona con múltiples efectos negativos sobre la salud, como problemas digestivos: hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea; un aumento de la inflamación intestinal, cambios en el metabolismo e incluso alteraciones en el estado de ánimo debido a la comunicación vía eje intestino-cerebro. Además, a largo plazo, si la disbiosis se mantiene en el tiempo, puede contribuir a desarrollar enfermedades metabólicas crónicas de gran prevalencia como la obesidad o la diabetes mellitus tipo 2”, detallaba Gómez.

Redondo de ternera
Redondo de terneraAlejandro Martínez Vélez / Europa Press

Pocos beneficios

La divulgadora destacó que los menús navideños “suelen ser pobres en fibra y prebióticos”. Alimentos como los turrones, polvorones, embutidos y otros grasos en grandes cantidades, “no solo modifican la composición de la microbiota intestinal, sino que, además, favorecen la producción de metabolitos proinflamatorios, comprometiendo la función de barrera intestinal. Por otro lado, las comidas navideñas se caracterizan por incluir en exceso alimentos proteicos, lo cual puede afectar a la composición de la microbiota, ya que parte de la proteína cuando se ingiere en exceso no se termina de digerir”.

Para remediar esta problemática, Gómez recomienda seguir una serie de pautas: “Evitar caer en excesos o al menos reducirlos a las comidas y cenas de los días festivos. Reducir limitar el consumo de alcohol. Ingerir alimentos ricos en fibra como frutas verduras, legumbres, cereales integrales y semillas, esenciales para la microbiota intestinal. Ingerir alimentos fermentados como los yogures, el kéfir o el chucrut. Realizar actividad física diariamente. Dormir al menos 7 horas cada día, evitando la exposición excesiva a pantallas, sobre todo por la noche, y fijando unos horarios”.

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