Piluca Barrau, farmacéutica, sobre el ojo seco en menopausia: “Si la lágrima se evapora antes de tiempo y se normaliza, puede acabar dañando la córnea”
BIENESTAR
Según explica la experta a Guyana Guardian, la superficie ocultar también es una mucosa y, como tal, se ve afectada por los cambios hormonales

Piluca Barrau

A muchas mujeres nadie les explicó que la menopausia también se nota en los ojos, en la piel, en la intimidad o en la forma de dormir. Que no todo es “edad” o “estrés”. Que la sequedad, el escozor o el dolor no son algo que haya que asumir en silencio. La menopausia no es una enfermedad, pero sí una etapa de grandes cambios fisiológicos que afectan a todo el organismo y que, si se invisibilizan, pueden convertirse en un malestar crónico que condiciona la vida diaria. “Esta etapa de la vida implica transformaciones fisiológicas profundas que afectan a la piel, las mucosas, el sueño, la salud ocular y la esfera sexual, con un impacto directo— y a menudo infravalorado— en la calidad de vida de millones de mujeres”, explica la farmacéutica Piluca Barrau.
La menopausia puede ser una etapa de alta vulnerabilidad fisiológica a raíz de la disminución de estrógenos, lo que provoca la pérdida de colágeno, la alteración de la función barrera y la capacidad de la piel para retener agua. Un combo que puede dar como resultado una piel más fina, más reactiva y más propensa a la sequedad, el picor y la sensación de tirantez, además de un envejecimiento visiblemente más acusado. “Muchas mujeres intentan compensarlo con cosmética más potente o rutinas agresiva”, señala la experta, “cuando lo que realmente necesita la piel en esta etapa es reparación, protección y constancia, no sobreestimulación”.
Esta etapa de la vida implica transformaciones fisiológicas profundas que afectan a la piel, las mucosas, el sueño, la salud ocular y la esfera sexual
La disminución del deseo sexual durante esta etapa es frecuente por la baja de estrógenos y testosterona, lo que puede traducirse en sequedad o dolor y afectar directamente a la excitación. “Uno de los síntomas más silenciados es, precisamente, la sequedad vaginal. Los cambios hormonales afectan directamente a la mucosa genital, provocando sequedad, ardor, escozor y dolor durante las relaciones sexuales, lo que clínicamente se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia”, apunta. Además, según datos de la North American Menopause Society, más de la mitad de mujeres posmenopáusicas presentan síntomas del llamado síndrome genitourinario de la menopausia, que engloba molestias como sequedad vaginal o dolor en las relaciones sexuales.
Sin embargo, el problema no es solo físico, “es profundamente emocional”, añade. Lo que ocurre durante la menopausia es que muchas mujeres evitan las relaciones por causas como el miedo al dolor. “Algo que puede acabar afectando a la autoestima, a la relación de pareja y a la forma en la que se perciben a sí mismas”.
Ojo seco: la gran conversación pendiente
La superficie ocultar también es una mucosa y, como tal, se ve afectada por los cambios hormonales. Durante la menopausia aumenta la prevalencia del ojo seco, con síntomas como escozor, sensación de arenilla, visión borrosa o dificultad para tolerar pantallas. “A menudo, desde la óptica se detecta un signo muy claro y de fácil medición: la lágrima se evapora en un tiempo más corto de lo que debería. Este acortamiento del tiempo de estabilidad lagrimal es frecuente en mujeres en menopausia y suele verse agravado por el uso prolongado de dispositivos digitales y la exposición continuada a aire acondicionado o calefacción”, señala la farmacéutica.

La alteración de la lágrima puede ser una de las primeras señales de alerta. “Cuando no cumplen su función protectora es fundamental activar un protocolo de detección del resto de síntomas asociados”. Sequedad cutánea, la sequedad vaginal, la boca seca, las alteraciones del sueño o cambios en el estado anímico suelen aparecer juntos y formar parte del mismo proceso fisiológico.
“En este punto es donde el abordaje integral cobra sentido. Desde la farmacia y la óptica, el farmacéutico puede coordinar el cuidado ocular con el resto de síntomas sistémicos y, cuando está indicado, apoyarse en estrategias de suplementación y fitoterapia siempre con criterio profesional”, explica Barrau, quién además advierte de que el ojo seco no es una simple molestia. “Cuando se cronifica y no se trata adecuadamente, puede provocar daño en la córnea”.
Tal y como cuenta para Guyana Guardian, en los casos más severos, la sequedad extrema puede derivar en queratitis, erosiones corneales e incluso úlceras corneales, “una complicación seria que compromete la visión si no se aborda a tiempo”. Por tanto, normalizar el ojo seco es un “error”, ya que cuando “la córnea sufre, ya amos tarde”.
Boca y nariz: las sequedades invisibles
La sequedad asociada a la menopausia no se limita a la piel o la zona íntima, muchas mujeres sienten la boca seca, con más probabilidad de sufrir caries, problemas de encías y dificultad para tragar, incluso sequedad nasal, congestión persistente o pequeños sangrados. “Son síntomas que rara vez se asocian directamente a la menopausia, pero que forman parte del mismo proceso de pérdida de hidratación de las mucosas”, explica la farmacéutica.
A lo que hay que añadir los sofocos y sudores nocturnos, que no solo resultan incómodos, sino que también fragmentan el sueño. “Despertares repetidos, empaparse de sudor durante la noche y dificultad para volver a dormir generan un descanso no reparador. El problema no es solo estar cansada al día siguiente, sino que dormir mal afecta a la memoria, a la regulación de la saciedad y el hambre, a la concentración, al estado de ánimo y a los procesos de reparación celular. Y eso tiene consecuencias a medio y largo plazo”.

Muchas recurren a suplementos por iniciativa propia, pero quiero lanzar una advertencia clara: la suplementación no es inocua
En este contexto, la experta advierte también de un error frecuente: recurrir a la suplementación sin criterio profesional. En la menopausia, es habitual que las mujeres prueben distintos suplementos buscando aliviar síntomas como la sequedad, el cansancio o las alteraciones del sueño, pero no todos están indicados para todas las personas. “Muchas recurren a suplementos por iniciativa propia, pero quiero lanzar una advertencia clara: la suplementación no es inocua. No todo el mundo necesita lo mismo, ni en la misma dosis, ni durante mucho tiempo”, insiste. “Suplementarse sin analítica, sin revisar la medicación concomitante y sin seguimiento profesional puede ser ineficaz o incluso perjudicial”, advierte.
Por tanto, hay que seguir las pautas de los profesionales de la salud, para llevar una menopausia con seguridad, evidencia y personalización. “La menopausia no necesita soluciones mágicas ni castigos. Necesita información, criterio profesional y un abordaje integral que devuelva a la mujer el control sobre su salud”, concluye Barrau.

