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El poblado de Palencia que perdió a sus 450 habitantes, acabó abandonado en 2020 y todavía mantiene todas sus casas intactas

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Tenían su propia iglesia, la ermita del Cristo de la Cinta, que daba culto a los 450 habitantes que había

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Velilla del Río Carrión, el pueblo de Palencia que perdió a sus 450 habitantes, acabó abandonado en 2020 y todavía mantiene todas sus casas intactas

Velilla del Río Carrión, el pueblo de Palencia que perdió a sus 450 habitantes, acabó abandonado en 2020 y todavía mantiene todas sus casas intactas

Palencia Turismo

Velilla del Río Carrión, en la provincia de Palencia, es un pueblo que convive con un poblado vacío, que aún conserva intactas sus viviendas y espacios comunes. Su historia está estrechamente ligada a la central térmica del municipio, motor económico de la zona durante décadas, y gracias al tiktoker Carrillo hemos podido ver como se encuentra actualmente, años después de ser abandonado. 

El poblado nació en los años sesenta al calor de la central térmica de Velilla del Río Carrión, cuando la industria del carbón daba empleo a buena parte de la comarca. La central marcó el ritmo de vida del lugar, creando un núcleo pensado para albergar a las familias de los trabajadores, con servicios y espacios compartidos que daban vida y sentido al día a día.

El riño Carrión en Velilla
El riño Carrión en Velilla

Durante años, el poblado fue sinónimo de rutina. Las casas estaban ocupadas, los colegios llenos, se practicaba deporte y las celebraciones formaban parte de una vida organizada en torno al trabajo en la central. Pero todo ese entramado social se empezó a resquebrajar con el declive del carbón y culminó con el cierre definitivo de la instalación en 2020, durante la época covid.

Carrillo ha recorrido ahora esas calles vacías y lo ha compartido en su perfil de TikTok (carrillo.now): “Aquí vivían muchas familias que trabajaban en la central térmica de la zona. Y esto no eran solo casas, había pistas deportivas, zonas comunes, toda una vida montada en torno al trabajo. Hasta tenía su propia iglesia, la ermita del Cristo de la Cinta, que daba culto a las más de cuatrocientas cincuenta personas que habitaban aquí”. Con el cierre, muchas familias se marcharon y otras fueron reubicadas, principalmente en Asturias.

“El silencio ocupó el lugar”, explica Carrillo en el clip, mientras va mostrando colegios, canchas de baloncesto y calles desiertas. Hoy, el poblado permanece como un testimonio físico de un modelo industrial desaparecido, con casas cerradas que recuerdan que allí hubo partidos, celebraciones y un día a día que se apagó con el fin de la central.

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