Así puedes adaptar tu casa a tu perro o tu gato: los cambios que los harán más felices
Hogar con animales
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Tanto si tienes perro como si tienes gato, puedes hacerle la vida más feliz con una serie de acciones en casa.
A la hora de elegir casa son muchos los criterios que cada persona tiene en cuenta. En el caso de Marta Gil, un innegociable era que estuviera cerca de zonas verdes para que Soma, su golden retriever, pudiera correr y explorar con calma. “También necesitaba que tuviera ascensor porque sé que, muy probablemente, Soma tarde poco en necesitarlo”, explica. El caso de Gil es cada vez más habitual: tutores que tienen en cuenta el bienestar de sus animales a la hora de elegir una casa.
“Se tiene mucha más predisposición a entender que un perro o un gato es un individuo más de la familia”, afirma Cristina González Cano, veterinaria, etóloga y profesora del máster de etología clínica de la UAB, que recuerda casos de familias que, sobre todo por tema de fobias o de ansiedad, han terminado mudándose al campo, donde han sido todos mucho más felices. “Pasa lo mismo que si quien tuviera la ansiedad o la fobia fuéramos nosotros”, sentencia.
Para quienes viven en la ciudad, existe la eterna duda de si un gato o un perro pueden vivir bien en un piso. Para María Figuerola, bióloga y especialista en arquitectura animal, la respuesta es bastante similar a si la pregunta se la hicieran a un humano. “¿Tú estarías mejor en una casa con jardín y con piscina? Sí, ¿no? Pues posiblemente un perro también. Pero aun así vives en un piso y no te tiras por el balcón. Al final nos adaptamos y nos acostumbramos al espacio que tenemos”, señala.
Continúa la especialista: “Si tu casa es más pequeña y no te da el sol, ¿qué haces? Te vas a tomar más un café fuera. Si tú estás cubriendo las necesidades de tu perro en el exterior, como haces tú mismo, ya lo tendrías”. Lo mismo opina González Cano, que asegura que, en general, los pisos están bien adaptados para las mascotas, pero que “se les pueden hacer muchas mejoras”.
Mejoras para un gato feliz
“Ahora está muy de moda el concepto de gatificación y la gente piensa que tiene que gastarse un dineral, pero las gatificaciones pueden ser muy sencillas, simplemente con cajas de cartón y un cúter para hacerles refugios en cada habitación”, explica Figuerola.
Y es que cualquier tutor de gato sabe perfectamente que prefieren las cajas a lo que sea que haya dentro de la caja. También necesitan un rascador, para evitar tentaciones con los sofás o las cortinas. “Que sea medianamente grande y de una base estable, para que no se mueva cuando el animal rasca. Y que esté en una zona central de la casa les ayuda muchísimo”, apunta González Cano.
Otro indispensable es el arenero que, normalmente, los humanos buscan casi esconder para que nadie lo vea. “Necesita una zona que no sea de paso, que no haya ruido y que el arenero sea lo más grande posible”, explica la etóloga. Con el agua y la comida, se tiende mucho a ponerlos juntos en el mismo sitio y ambas expertas coinciden en que esa no es la mejor opción. Mejor separados y en varios puntos de la casa.
“Los gatos son cazadores y no han perdido el instinto de caza, aunque sean domésticos”, señala Figuerola, que aboga por propiciar que no tengan la comida tan fácil. Es lo que se conoce como contrafreeloading, un comportamiento por el cual, cuando se les ofrece la posibilidad de elegir entre el alimento proporcionado o el que requiere esfuerzo para obtenerlo, prefieren el segundo.

Y, como último apunte, a la pregunta de qué es lo fundamental que habría que tener en casa para que un gato sea feliz, la respuesta de Figuerola, entre risas, es tajante: “Otro gato. Con gatos, generalmente, se recomienda coger dos, porque ahí ya te acabas de solventar el 90 % de los problemas que puedas tener de bienestar”.
Los ajustes perfectos para un perro
En el caso de los perros, son mucho más sociales que los gatos, por lo que González Cano aboga porque, en la medida de lo posible, se les deje compartir sofá o al menos tener un lugar de descanso muy cerca. Esto también es aplicable para lugares en los que se esté mucho tiempo, por ejemplo, un despacho si se trabaja desde casa, porque lo habitual es que el perro quiera estar donde esté el humano. Además, especialmente en perros sensibles, es muy útil habilitar una zona tranquila de descanso en la que se pueda amortiguar el sonido exterior. “Eso nos ayuda muchísimo cuando nos tenemos que preparar después para fuegos artificiales o petardos”, puntualiza González Cano.
Al igual que con los gatos, “la comida que llega en un plato es aburridísima”, afirma Figuerola, que plantea alternativas sencillas como una botella de plástico, un tetrabrick, una toalla anudada con pienso dentro, etcétera. “Al final, el bienestar animal es darle control al animal, en un entorno donde yo decido cuándo comes, dónde duermes, cuándo sales, cuándo haces pis. Si nos fijamos en los perros, el control es totalmente externo”, señala la bióloga, que explica que, en el momento en el que se le permite elegir y se le da cierto control sobre el entorno, el animal se empodera y crece su bienestar.
Eso sí, ambas expertas apuntan que las conductas difieren en función del tipo de perro. “Con los perros, el mayor problema que hay, de lo que más se peca, es de no ser conscientes de las razas. Yo recomiendo que se investigue, que veas si son perros de presa, perros cazadores, perros pastores, etc., para cubrir esta parte de necesidad”, explica Figuerola. Y es que lo fundamental, resumen las dos expertas, es saber cómo se comportaría ese animal en una vida libre y si responde a las necesidades que tiene de la mejor manera posible.

