“Un buen pipican debería tener varias puertas, texturas y setos”: cuando el urbanismo ignora cómo viven los perros
Ciudades
La sociedad avanza en la consideración de los animales domésticos pero el diseño urbano les trata aún como una excepción

El urbanismo debe respetar la calidad de los espacios para nuestros animales.
Cada mañana, en cualquier gran ciudad, la escena se repite: perros esperando ante un semáforo interminable, tutores buscando en pleno agosto una sombra que no existe, bebederos improvisados en fuentes ornamentales y parques donde la señalización prohíbe el acceso salvo en horario restringido o siempre atados. La pregunta es inevitable: ¿están nuestras ciudades pensadas también para los animales con los que convivimos?
El llamado urbanismo animal parte de una premisa sencilla pero disruptiva: si más del 40% de los hogares españoles conviven con algún animal de compañía —un porcentaje que se eleva al casi 50% en Europa—, el diseño urbano no puede seguir ignorándolos. No se trata solo de habilitar áreas caninas, sino de integrar la variable animal en la planificación de calles, zonas verdes, transporte y servicios públicos. “Durante las últimas décadas, el llamado ‘giro animal’, un movimiento interdisciplinar en humanidades y ciencias sociales, nos invita a cuestionar el antropocentrismo y descentrar la mirada, posicionando a los animales como sujetos con agencia. La arquitectura, pensada de una manera ecosistémica, tiene también esa capacidad de entretejer vínculos entre humanos y no humanos, ensayando futuros deseables”, explica Lys Villalba, arquitecta, investigadora y profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM).
El espacio urbano sigue respondiendo a una lógica predominantemente humana, y en la mayoría de los casos, productiva. María Figuerola, arquitecta del paisaje especializada en bienestar animal, es optimista, cree que se está haciendo un esfuerzo por mejorar y se está integrando más a los animales. El problema es que “cuando pensamos en el diseño de las ciudades para animales domésticos, siempre estamos hablando de un tipo de perro, que es el perro Disney. El perro que no ladra, que se deja tocar por todo el mundo, que es super simpático con todos los perros y, por ejemplo, de aquí nace el nefasto diseño de todos los pipicanes”, señala.
Cuando pensamos en el diseño de las ciudades para animales domésticos, siempre estamos hablando de un tipo de perro, que es el perro Disney
Pipicanes y zonas verdes
Es verdad que muchas ciudades han multiplicado las áreas de esparcimiento canino, pero a menudo las condiciones no son las más adecuadas. “Siempre debería haber varias puertas con un doble puerta”, apunta Figuerola que añade: “en algunos meten agility, que es una manera de querer creer que estás cubriendo el bienestar de los animales sin entender muy bien el método. Porque aquí estás cubriendo las necesidades de los border collies.
Por eso el urbanismo animal propone alternativas diseñadas con criterios etológicos, con recorridos variados, vegetación segura, puntos de agua y zonas diferenciadas. “Un buen pipican tendría que ser un espacio con varias puertas, varias texturas, zonas cubiertas, que hubieran como colinas para que si hubiera dos perros que tienen un conflicto, uno pudiera esconderse visualmente del otro. Setos, hierba, piedras, diferentes tipos de arena. Un espacio estimulante y que el objetivo no sea solo cubrir las necesidades de bienestar del perro Disney”, resume Figuerola.

La arquitecta señala además que la desaparición de las zonas verdes en muchas ciudades dificulta el que los perros socialicen en cierta manera ya que “sus redes sociales son los pipís de otros perros, si le estás tirando agua con vinagre…”. Y es que en muchas ciudades la normativa exige que, en cualquier lugar en el que orine el perro, esta sea rociada con agua y vinagre o agua jabonosa. “Aquí tiene que haber mucha educación al ciudadano de: oye, pues vamos a enseñarles a los perros dónde pueden y dónde no pueden hacer pis. Pero es que esto va también de la mano de que haya sitios en los que sí puedan”, asegura Figuerola y sentencia: “Eso no es una solución, es una tirita. Si sabemos que hay más perros en las ciudades, pues adaptemos también las ciudades para que un perro pueda disfrutar de la ciudad”.
Arquitectura interespecie
Villalba sabe bien lo que es la arquitectura interespecie. Entre 2017 y 2018 diseñó, junto con Enrique Espinosa, el proyecto de la nueva sede de EDUCAN, una escuela de adiestramiento canino y de formación de adiestradores en Brunete (Madrid). “En ella los no-humanos son el centro del diseño”, puntualiza Villalba. Y los no-humanos no son pocos: perros, vencejos, cernícalos, gorriones y una lechuza. “En la planta baja, los suelos de las aulas se adaptan a las almohadillas y articulaciones de las patas caninas, cubriéndose con césped artificial en rollos de quita y pon, y con hormigón árido visto de cantos rodados de río semipulidos”, explica Villalba. De esta manera se prioriza la comodidad de los perros, les permite moverse de forma brusca minimizando el riesgo de lesiones.
La arquitectura, pensada de una manera ecosistémica, tiene también esa capacidad de entretejer vínculos entre humanos y no humanos, ensayando futuros deseables
También se tuvo en cuenta que iba a ser un lugar en el que habría muchos ladridos y que buscaba que los perros se mantuvieran atentos. “Los huecos se elevan a alturas superiores a un metro para evitar distracciones perrunas y las superficies interiores se revisten de pirámides aislantes de alta absorción acústica para minimizar el eco, el ruido y la reverberación de los ladridos”, asegura Villalba. Y por supuesto, no se olvidan de los alados, por eso en la planta alta, las aves habitan en las fachadas-nido, con las vistas y orientaciones idóneas para las distintas especies.
Sin duda, esto es una excepción, aunque hay otras como el Jardín Hospedero y Nectarífero para mariposas en Cali (Colombia), con una fachada vegetal pensada para albergar mariposas y plantas diversas o la tienda para mascotas Nova Pets en Hangzhou (China) diseñada para que humanos y animales puedan disfrutar juntos eliminando diferencias de altura, facilitando los recorridos visuales y jugando con las luces y los colores. Son pequeños ejemplos que permiten visualizar un debate de fondo. Hoy en día los animales de compañía ocupan un lugar afectivo y social mucho más visible. Esa transformación exige también coherencia espacial en las ciudades.
