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Alba Nieto, veterinaria: “En muchos conflictos con animales no hay mala praxis, hay falta de información y gestión emocional”

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La veterinaria explica cómo distinguir una negligencia real de un mal resultado clínico y qué hacer en conflictos legales con animales de por medio

Alba Nieto, veterinaria

Alba Nieto, veterinaria

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En un momento en que el bienestar animal y su encaje legal ganan terreno: en la consulta veterinaria, en los juzgados y también en la vida diaria, no siempre es fácil distinguir entre un desenlace clínico desafortunado, un conflicto vecinal o una disputa familiar en la que hay animales de por medio. Alba Nieto Palau y Josep Vallès Palau trabajan justamente en esa zona gris: donde hace falta criterio veterinario, pero también conocer la normativa.

Nieto ha centrado su trayectoria en la veterinaria de colectivos, especialmente en refugios, y acumula experiencia en clínica, inspección administrativa, gestión de animales decomisados y elaboración de informes y peritajes, con una visión muy pegada a la aplicación real de las normas. Vallès suma más de tres décadas de trabajo en clínica y cirugía, ganadería y consultoría, y está especializado en mediación en Derecho Animal. Juntos dan asesorías veterinarias pensadas parar casos en los que la parte técnica resulta decisiva. 

En la práctica, ¿qué conflictos os plantean con más frecuencia los particulares?

Sospechas de mala praxis veterinaria, conflictos tras cirugías o ingresos, disputas por la custodia de animales en separaciones, denuncias por presunto maltrato animal y problemas vecinales relacionados con condiciones de tenencia o bienestar.

Mascota en el veterinario. 
Mascota en el veterinario. Getty Images

Uno de los miedos más comunes: ¿cómo se distingue un desenlace triste de una posible negligencia?

Es importante dejar claro que no todo mal resultado implica una negligencia. En veterinaria existen riesgos, complicaciones y limitaciones biológicas que pueden conducir a desenlaces no deseados incluso cuando la actuación ha sido correcta.

Desde un punto de vista técnico, la diferencia está en analizar si se actuó conforme a la buena praxis: si el diagnóstico fue razonable, si el tratamiento era el indicado, si se informó adecuadamente al tutor y si todo quedó correctamente documentado. Esta valoración debe hacerse con criterios técnicos y objetivos, no desde la emoción del momento.

Nuestra experiencia nos dice que, en un alto porcentaje de los casos que generan conflicto, no existe realmente una mala praxis, aunque el tutor así lo perciba. En muchas ocasiones, el origen del problema está en fallos de comunicación más que en errores técnicos.

¿Qué pasa cuando el tutor no entiende qué está pasando?

El ritmo de trabajo, el estrés y la presión asistencial de la veterinaria clínica hacen que, a veces, se pase por alto algo tan fundamental como informar bien, de forma clara, cautelosa y realista. Cuando el tutor no siente que comprende lo que está ocurriendo, es fácil que un desenlace negativo se viva como una negligencia, aunque técnicamente no lo sea. Nosotros creemos en una profesión veterinaria crítica y constructiva, donde mejorar la comunicación con los tutores es una de las herramientas más eficaces para prevenir conflictos y proteger tanto al profesional como al animal.

Si alguien sospecha mala praxis, ¿por dónde debería empezar?

El primer paso es solicitar toda la documentación clínica en el centro veterinario donde se ha atendido al animal: historial clínico completo, pruebas realizadas, informes, consentimientos y cualquier otra información documentada. Es un derecho del tutor y es fundamental para poder valorar el caso. Una vez se dispone de esa documentación, lo recomendable es consultar con un perito veterinario independiente para realizar un informe de viabilidad. Puede ser a través de una empresa especializada o a través de un abogado, ya que muchos despachos trabajan habitualmente con peritos veterinarios y derivan directamente a este tipo de profesionales.

El ritmo de trabajo, el estrés y la presión asistencial de la veterinaria clínica hacen que, a veces, se pase por alto algo tan fundamental como informar bien

Alba Nieto

Veterinaria

¿Qué se evalúa en ese informe? 

Se analizan únicamente hechos objetivos y pruebas documentadas. El perito valora si los procedimientos realizados fueron adecuados, si se actuó conforme a la buena praxis y si se aplicó lo que se conoce como lex artis, es decir, si se hizo todo lo razonablemente posible para evitar el desenlace ocurrido. Si el informe concluye que existe una viabilidad alta, el abogado podrá valorar iniciar una demanda con una base técnica sólida. Si, por el contrario, la viabilidad es baja, lo más habitual es que se recomiende no continuar, para evitar una pérdida de tiempo, dinero y desgaste emocional.

¿Qué ocurre después?

No hay que limitarse a emitir una conclusión técnica. En muchos casos, especialmente cuando no existe mala praxis, hay que ayudar al tutor a entender qué ha ocurrido realmente. Sabemos que el dolor de perder a un animal sin comprender lo sucedido genera mucha frustración y puede empujar a iniciar procesos que no aportan soluciones. No se trata de proteger a ningún compañero por sistema: cuando detectamos una mala praxis, hay que señalarla. Creemos que esta forma de trabajar es una manera responsable de defender la profesión, mejorarla y evitar conflictos innecesarios. 

En separaciones o divorcios con animales, ¿cómo intervenís para priorizar el bienestar del animal?

En los últimos cambios normativos se ha reforzado una idea clave: los animales ya no se consideran objetos, sino seres vivos sintientes. Esto ha cambiado la forma de abordar los procesos de separación o divorcio cuando hay perros o gatos implicados. Desde VetLexis, como veterinarios, nuestro papel es asesorar tanto a los profesionales que gestionan estas separaciones como a los propios tutores, aportando un criterio técnico centrado en el bienestar del animal. 

¿El enfoque es similar al que se aplica en disputas de custodia?

Sí, pero adaptado a las necesidades reales de un perro o un gato, que no son las mismas que las de un menor. Siempre que es posible, es positivo que el animal pueda mantener relación con ambas personas con las que se ha criado, y en muchos casos la custodia compartida puede ser una buena opción. Sin embargo, no todos los casos son iguales. Hay situaciones en las que el vínculo no es equilibrado o, incluso, casos en los que el animal se utiliza como herramienta de conflicto. En estos escenarios, cuando existe mala fe, es fundamental actuar con cautela y coordinarse con otros profesionales, como abogados o psicólogos, para tomar la decisión que realmente proteja al animal. El objetivo es siempre el mismo: sacar al animal del conflicto y situar su bienestar por encima de la disputa entre las personas.

Ante una sospecha de maltrato animal, ¿cuál es el primer paso responsable?

Lo primero es documentar correctamente lo observado: fotografías, vídeos, fechas y cualquier prueba objetiva que permita valorar la situación. En los casos de maltrato animal, las pruebas son fundamentales. A continuación, lo adecuado es poner los hechos en conocimiento de las autoridades competentes, como la policía o los agentes correspondientes, para que sean ellos quienes investiguen si realmente existe un caso de maltrato. Es importante recordar que no todas las situaciones que generan alarma constituyen maltrato desde el punto de vista legal. Por eso, una valoración previa puede evitar conflictos innecesarios. En los casos de maltrato real y evidente, actuar con rapidez, pruebas y responsabilidad es clave para proteger al animal.

¿Qué errores son habituales en denuncias bienintencionadas que terminan complicándose?

Uno de los errores más frecuentes es difundir el caso de forma precipitada en redes sociales. Aunque las redes pueden ser un altavoz muy potente y en algunos casos han servido para visibilizar situaciones graves, también pueden generar mucho daño cuando se utilizan sin toda la información. A veces, situaciones que desde fuera parecen maltrato no lo son legalmente, o responden a contextos complejos: problemas de salud mental, situaciones puntuales, conflictos personales o versiones de los hechos que no se conocen en su totalidad. Exponer estos casos públicamente puede perjudicar a personas inocentes y dificultar, en lugar de ayudar, la intervención correcta.

Por eso insistimos en que el camino principal ante una sospecha de maltrato debe ser siempre el legal: recopilar pruebas, acudir a las autoridades competentes y dejar que sean los profesionales quienes investiguen. Las redes sociales pueden tener su lugar en determinados momentos, pero siempre con cautela, responsabilidad y una información contrastada. Actuar desde la buena fe es importante, pero hacerlo sin prudencia puede acabar generando más daño del que se pretendía evitar.

En conflictos vecinales, ¿cuándo basta con mediación y cuándo hace falta un informe técnico?

Cuando el problema es de convivencia, la mediación suele ser suficiente. Si existe riesgo de sanciones o denuncias formales, un informe técnico aporta objetividad y seguridad jurídica.

Josep Vallès Palau
Josep Vallès PalauCedida

¿Recordáis un caso en el que vuestra intervención evitara llegar a juicio o a una sanción?

En varios supuestos casos de mala praxis, tras analizar la situación, vimos que no existía un error profesional, sino un problema de comunicación entre el tutor y el equipo veterinario. Nuestra intervención consistió en una mediación técnica y neutral, explicando de forma clara qué había ocurrido. Gracias a ello, se evitó iniciar procedimientos judiciales o sancionadores que no habrían aportado ninguna solución y solo habrían generado más conflicto.

Para terminar, ¿qué tres recomendaciones harías hoy mismo a cualquier tutor para evitar problemas legales con su animal?

En primer lugar, conservar siempre la documentación veterinaria y solicitar información clara sobre los tratamientos y procedimientos realizados. En segundo lugar, cumplir la normativa básica de identificación y tenencia responsable, que es la base para evitar muchos problemas administrativos y legales. Y, por último, confiar en los profesionales: en los veterinarios como profesionales de la salud animal y en el resto de profesionales que acompañan y asesoran en una tenencia responsable y en el bienestar de los animales.