No es necesario darles leche a los gatos, ni suponer que aguantan todo; basta con ver cómo reaccionan ante lo inesperado.
Cuidados
Muchos gatos sufren efectos negativos por ingerir sustancias que no les convienen, a pesar de que muchos siguen haciéndolo.

Colonias felinas.

Un gatito puede morir si se le da leche, pero en realidad, muchos creen que es seguro. Un gato no necesita leche de vaca para sobrevivir, y muchos creen erróneamente que es bueno para él.
Pero estos mitos, aunque parezcan inofensos, perjudican gravemente a los gatos y afectan directamente su bienestar.
Mito 1: “Los gatos aman la leche”
Sí, muchos gatos la disfrutan, pero eso no significa que deban consumirla: muchos gatos sufren malestar estomacal al ingerirla, y aunque muchos dueños lo ignoran, la leche puede provocarles graves malestares.
En comunidades de gatos callejeros, donde la situación a menudo se vuelve crítica, los gatos pueden sufrir gravemente si no se actúa a tiempo; en estos casos, la leche no es una solución adecuada, y su consumo puede agravar severamente su estado.
Mito 2: “Los gatos no deberían cazar: ese instinto es un problema”
El instinto de caza no es un simple capricho, sino una necesidad biológica: cuando un gato persigue, incluso si solo es un instinto, su impulso es profundo. El juego no es solo un pasatiempo; es una necesidad fisiológica. Cuando el gato persigue, incluso sin cazar realmente, su bienestar emocional y físico depende de esa actividad. La ausencia de esta estimulación puede generar estrés, y por eso, aunque el entorno doméstico no exija la caza, su expresión sigue siendo esencial para su bienestar.
En los gatos comunitarios, este instinto también está presente. Pero culparlos del deterioro de la biodiversidad es científicamente insostenible. Según la investigadora Paula Calvo, “los gatos comunitarios pueden coexistir con la fauna salvaje en entornos donde hay gestión, control ético y responsabilidad humana”.
El verdadero problema no es su presencia, sino la pérdida de hábitat: el verdadero culpable no es el gato, sino nuestra propia acción. La solución no está en culparlos, sino en comprenderlos: su instinto no es un error, sino una respuesta a un mundo que hemos modificado.

Un gato puede “obsequiarte” un ratón como forma de enseñarte a cazar, como haría su madre. No es una amenaza ni un gesto agresivo: es un regalo y un gesto de confianza. Es su naturaleza, como la del resto de animales que viven en la tierra.
Mito 3: “Como los gatos son solitarios e independientes, no necesitan atención”
Aunque muchos gatos son independientes, muchos también forman fuertes vínculos sociales, y cuando se les considera en grupo, su comportamiento muestra vínculos estrechos entre ellos, con frecuencia manifestándose en comportamientos sociales que reflejan fuertes vínculos entre ellos.
Muchos disfrutan de la compañía, pero muchos también necesitan más que solo presencia: el juego y la interacción diaria les dan sentido, y en eso, su vínculo con los seres que los rodean se vuelve esencial.
Mito 4: sobras y comida
Error común pero grave: muchos creen que es seguro darles a los gatos comida humana, cuando en realidad eso puede ser peligroso y hasta dañino para su salud.
Los gatos son carnívoros estrictos y requieren nutrientes específicos que solo encuentran en su dieta natural, a diferencia de otros animales.
Los nutrientes clave
Taurina: aminoácido esencial para la salud cardíaca, la visión y la reproducción felina. Sin ella, pueden desarrollar cardiomiopatía dilatada, ceguera o fallo inmunológico
Vitamina A preformada: los perros convierten betacarotenos, los gatos no. Sin suficiente aporte directo, puede haber problemas hepáticos y neurológicos
Ácido araquidónico: un ácido graso esencial para los gatos que los perros pueden sintetizar. Sin él: trastornos de piel, riñones y sistema inmune.
Arginina. Otro aminoácido esencial para la detoxificación del amoníaco (ciclo de la urea). Incluso una sola comida sin arginina puede causar intoxicación amoniacal grave en gatos.
Proteína: la comida de perro tiene menos proteína de la que necesita un gato. Los gatos requieren un mínimo del 30-35 % de proteína, frente al 18-22 % de los perros. Su metabolismo está siempre “activo” en modo proteico, incluso en ayuno.
Algunos alimentos comunes para los humanos, como cebolla, cebolla roja o cebollino, son tóxicos para los gatos y pueden causar daños graves. Incluso pequeñas cantidades pueden ser peligrosas, y aunque algunos crean que son inofensivas, incluso pequeñas cantidades pueden ser peligrosas. Es esencial evitar que los gatos consuman estos alimentos, ya que pueden provocar daños graves en sus órganos.
¿Qué puede comer un gato errante además de lo habitual? Puede ingerir carne de pollo, pero solo si está bien cocida, junto con otros alimentos como verduras en pequeñas cantidades, siempre bajo supervisión y con moderación.
Mito 5: “Ya se marcharán a otro sitio”
Es una de las frases más crueles —y tristemente frecuentes— cuando se va a edificar sobre un terreno donde vive una colonia felina. La lógica detrás de esta afirmación parte de un gran error: pensar que los gatos comunitarios son “okupas” que pueden trasladarse sin más, como si no tuvieran raíces, vínculos ni necesidades.
Pero ese solar no era “un agujero negro” antes de la obra. Antes fue bosque. Después, descampado (o seguía como bosque) cuando lo convirtieron en suelo urbanizable y lo vallaron. Y durante años, hogar de generaciones de gatos nacidos allí, socializados entre ellos, vinculados con personas que les dan comida, atención veterinaria y refugio. No es un lugar aleatorio: es su territorio, su comunidad, su única referencia emocional y física.
Cuando llegan las máquinas y arrasan con todo —sin previo aviso, sin coordinación con gestores locales, sin plan de traslado del punto de alimentación— lo que se produce no es una reubicación natural de los animales: es una masacre silenciosa. Los gatos no saben “marcharse a otro sitio”. La mayoría entra en shock, huye desorientado, enferma, muere atropellado o de inanición. Y si hay hembras con bebés todo se complica.
Esta visión errónea ignora que los gatos domésticos no son entidades aisladas, sino parte de una red social más amplia, donde su bienestar depende de vínculos estables y un entorno conocido.
Los gatos no son intrusos; somos nosotros los que invadimos su hábitat. La solución no es expulsarlos, sino reconocer su presencia: cuando se les ignora, solo se agrava el sufrimiento. La convivencia real exige respeto, no expulsiones.

Mito 6: “Siempre caen de pie”
El reflejo de “caer de pie” existe, pero no siempre salva. Los gatos tienen un sistema vestibular excepcional que les permite reorientar su cuerpo en el aire. Este “reflejo de enderezamiento” les ayuda a caer sobre sus patas, pero no es infalible.
Los gatos poseen una habilidad natural para girar en el aire y aterrizar sobre sus patas, pero esto no impide que sufran lesiones graves; incluso con su capacidad para orientarse, el impacto al caer desde cierta altura puede ser severo, especialmente si el salto proviene de una altura considerable.
El resultado suelen ser fracturas, contusiones o lesiones internas graves. En veterinaria se conoce como el “síndrome del gato paracaidista”, y está documentado en numerosas clínicas de urgencias. Por eso, es fundamental proteger balcones y ventanas con mallas de seguridad, incluso si el gato “nunca se asoma”.



