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Silvia Marsó, actriz y cantante: “La mirada de Nana se me clavó en el alma y desde entonces temo que se escape o la atropellen; no podría superarlo”

PELUDOS VIPS

Desde hace trece años, la actriz comparte su vida con Nana, una ratonera murciana que llegó de forma circunstancial y hoy es un miembro más de su familia

Silvia Marsó, junto a su perra Nana. 

Silvia Marsó, junto a su perra Nana. 

Cedida

Tenía claro desde pequeña que quería dedicarse a la interpretación. Tras dar el salto a la pequeña pantalla como azafata en el mítico 'Un, dos, tres', Silvia Marsó se ha convertido en una de las actrices más reconocidas de nuestro país. Ha participado en series como 'Ana y los 7', 'Gran Reserva' y 'El secreto de Puente Viejo' y, recientemente, la hemos visto en 'Encrucijada'. También ha hecho cine, aunque reconoce que su gran pasión es el teatro, donde ha cosechado grandes éxitos y cuenta con el reconocimiento de la crítica y el público. 

La catalana sigue de gira con Claveles, junto con Abel Folk, ha rodado una serie para Netflix en Colombia y prepara nuevos proyectos teatrales, sin olvidar su faceta como cantante, en el proyecto 'Blues&Roots', junto con el grupo 'Del Toro Blues Band'. Proyectos muy variados en los que la barcelonesa se implica de lleno, como también lo hace con su perrita Nana, una ratonera murciana que llegó a su vida de forma circunstancial y hoy en día es un miembro más de su familia.

Silvia Marsó: “La mirada de Nana se me clavó en el alma y desde entonces temo que se escape o la atropellen". Video

Silvia Marsó: “La mirada de Nana se me clavó en el alma y desde entonces temo que se escape o la atropellen".

Me preocupa todo lo que pueda pasarle, como lo haría con mi hijo o con un ser querido. El temor recurrente es que se escape y la atropellen. Es algo que no podría superar

Silvia Marsó 

Actriz y cantante

¡Quién iba a decirte hace 13 años lo que Nana iba a representar para ti! Cuéntame cómo llegó a tu vida.

Era diciembre, y mi hijo, David, estaba pasando unos días en un pueblo costero de Murcia, en familia. Él estaba con su primo Javi cuando vieron a dos perritas abandonadas en la calle. Eran hermanas y tendrían un mes. Javi se quedó con una perrita y, mi hijo, con la otra.

Silvia Marsó, junto a su perra Nana. 
Silvia Marsó, junto a su perra Nana. Cedida

¿Recuerdas el momento en que viste a Nana por primera vez?

Sí, perfectamente. De entrada, cuando mi hijo la encontró, le expliqué que no nos la podíamos quedar, porque yo hago giras teatrales y he de viajar mucho. Le dije que la trajera a Madrid, porque yo colaboro con varias asociaciones, como El refugio, Igualdad animal, SOS Galgos... Y pensé que alguna de estas entidades podría hacerse cargo, pero, al verle la carita, esos ojitos y esa mirada, no pude llevarla a ninguna asociación. Y nos la quedamos. Su mirada se me clavó en el alma.

Y, desde entonces, sois inseparables. ¿Cómo es tu día a día con ella?

Ahora ya es más mayor, pero antes la llevaba al retiro por las mañanas. Cuando me siento en el sofá, Nana está conmigo y, cuando estoy haciendo cosas, en su camita... La cuido mucho y vigilo mucho su alimentación. Tiene un problema con la dentadura y no puede comer pienso, sino comida húmeda, latas, pero se está cansando y entonces le mezclo con comida natural. Nana es muy buena, todo el mundo la quiere, ha viajado en casi todos los medios de transporte posibles... Si hay opción de que venga conmigo por trabajo, me la llevo. Si no, cuento con amigos y con gente profesional que me echa una mano. He de decir que, en la mayoría de teatros de nuestro país, suelen admitir perros, así que, encantada.

¿Cómo se comporta en un camerino?

¡Le encantan los teatros! Cuando sabe que vamos a uno, Nana se vuelve loca. Le gusta mucho bajar al foso, subir por los camerinos, olerlo todo, ir al patio de butacas... Conoce bien los teatros, y no se pierde. Cuando estamos ensayando, Nana da vueltas por allí y luego vuelve al camerino.

¿Y espera paciente hasta que acabas la obra?

No, ja, ja, ja. La dejo en su camita, en mi camerino, pero siempre ladra 5 minutos de reloj cuando cierro la puerta y me voy a hacer la función. Es ese tiempo exacto, por lo que he de salir con tiempo al escenario. Luego se calma, y ya.

Se os ve muy bien avenidas. Aun así, confiésame quién manda realmente en casa.

Ja, ja, ja. Llegamos a acuerdos. La verdad es que Nana entiende todo. Cuando le hablamos, sabe lo que le decimos. Es maravillosa. Y mi hijo tiene una relación con ella de hermanos. Juegan y para ella, David es el tete.

Dices que le hablas y te entiende perfectamente. ¿Lo haces como si fuera una hija, una amiga, una confidente...?

Todo a la vez. Hablo a Nana con mimo. También reconozco que, cuando tengo una conversación con ella para decirle que algo no ha de hacerlo, le pongo una voz normal, pero cuando le doy mimitos, le pongo una voz muy ridícula que prefiero no reproducir, ja, ja, ja.

A mi perrita le encantan los teatros, y los conoce bien. Le gusta bajar al foso, subir por los camerinos, olerlo todo, ir al patio de butacas...

Silvia Marsó

Actriz y cantante 

¿Te ha hecho Nana ver la fama y el éxito desde otro lugar?

No. Ella no sabe que soy artista. Sí que voy a teatros, pero ella no sabe nada de la fama. Yo para ella soy su mamá.

Cuéntame alguna anécdota divertida.

Nana entiende las palabras. Por ejemplo, si estoy con mi hijo en la cocina preparándole la comida y hablamos de ello, Nana viene directamente a la cocina, sin habérsela puesto aún. Es decir, cuando decimos comidita, entiende que vamos a preparársela, y se adelanta. La palabra comidita la tiene muy interiorizada. Es muy lista. Lo mismo ocurre con el transportín cuando viajamos en tren. Cuando le digo: ¡Sube!, lo hace, pero para bajar he de dejar el transportín en el suelo del andén y, hasta que no le digo que salga, no lo hace. Entiende las palabras y no porque la haya llevado a algún educador o adiestrador canino.

Si Nana fuera tu espejo, ¿qué parte de Silvia Marsó crees que reflejaría?

¡La alegría! Nana y yo somos muy parecidas. No sé si nos mimetizamos, pero ella tiene una actitud muy alegre, y en eso se parece mucho a mí. También es muy sensible a los olores, los cambios climáticos... Como yo.

Hablemos ahora de límites. ¿Qué cosas no permites que haga?

Que suba a la cama. Para mí, es un lugar sagrado, higiénicamente hablando, por lo que los perros no deberían estar en la cama. En el sofá sí, porque yo le pongo su mantita y se envuelve en ella, pero en la cama, donde duermo yo, no me parece bien. Es el único límite, la verdad, porque se porta tan bien que no he de ponerle ninguno.

Silvia Marsó y Nana. 
Silvia Marsó y Nana. Cedida

Como tutora suya, ¿qué es lo que más te preocupa?

Todo lo que pueda pasarle, como me preocuparía con mi hijo o con un ser querido. Sufro por si le pasa algo malo a Nana, le atropella un coche o le muerde otro perro... Vamos al veterinario muy a menudo para que le haga revisiones, porque tiene una leve insuficiencia cardíaca, y está tomando una medicación. Para mí, el temor recurrente es que se escape y la atropellen. Es algo que no podría superar.

Confiésame alguna manía de Nana que te molesta.

Lo único malo que puedo decirte es que, cuando llaman al timbre, ladra desesperadamente. Creo que lo hace para protegernos. Y, cuando la baño, no le gusta el secador, y por ello es preferible dejarla para que no sufra. La dejo húmeda cerca de un radiador y, en verano, al sol. Tiene pánico al secador, así que lo evito y dejo que su pelo se seque el aire libre.

En torno a los animales domésticos hay temas polémicos, como poder llevarlos sueltos o no o la existencia pocos espacios pet-friendly. Dame tu opinión.

Dejar sueltos a los perros a horas reglamentarias en el Retiro o cualquier otro parque me parece bien. Al final, el dueño ha de saber calibrar hasta qué punto su perro es agresivo o peligroso, y ser responsable. En cuanto a espacios pet-friendly, te diré que hay pocos. En España, estamos muy atrasados en este aspecto. En cambio, en Europa e Inglaterra hay muchos espacios accesibles para perros. Aquí no se trata bien a los animales, y el bienestar animal deja mucho que desear.

¿A pesar de los avances logrados con la Ley de Bienestar animal?

Sí, porque aún queda mucho hasta que se cumpla en todos los estamentos. La mentalidad que tiene mi país con respecto a los animales no me gusta. Comparado con países del norte de Europa, e incluso con Francia, hay una gran diferencia. Tenemos un retraso de décadas. Mientras existan las corridas de toros, aún peor. Aquí el abandono es tremendo. En Holanda, por ejemplo, no hay ni un solo animal abandonado. En cambio, en España no está asumido el respeto hacia los animales. A pesar de todos los que hay, ya que los perros superan al número de adolescentes en nuestro país.

En España, hay pocos espacios pet friendly, y el abandono de animales es tremendo. Estamos muy atrasados en este aspecto. Aquí no se trata bien a los animales

Silvia Marsó

Actriz y cantante 

¿Qué dirías a alguien que aún no entiende el vínculo que se crea con un animal?

Primero, que no compre, ya que hay muchos abandonados, y a estos hay que darles una segunda oportunidad. También les diría que es tal la gratitud cuando les das comida, refugio y amor que te hace sentir muy bien y te sube la autoestima y tu valoración personal. Cualquier persona que atraviesa un momento difícil debería tener un perro para saber lo que es dar amor y recibirlo.

¿Le abrirías un perfil a Nana en redes sociales?

¡No! Ni mi hijo ni ella quieren saber nada de redes sociales, pero a Nana a veces sí la muestro en Instagram. Si enseñar animales en redes sirve para que la gente empatice con ellos, bienvenido sea.

Ponme en una balanza expectativas frente a la realidad de tener un perro.

Hay que tener muy clara la responsabilidad que conlleva y es imprescindible contar con alguien si has de viajar a menudo por trabajo, como en mi caso. Para mí, el único hándicap de tener un animal es tener que viajar por trabajo. Los gastos médicos no me importan, se lo merecen, pero es cierto que mucha gente no puede asumirlos y también es algo a tener en cuenta. Y ser conscientes de que vas a cuidarlos hasta el final de sus días. No se les puede dar un hogar, y luego quitárselo.

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