Sociedad

La mitad de los españoles teme que su perro se sienta abandonado durante un viaje sin él, pero forzar la experiencia puede generarle estrés: “No todos lo toleran”

Viajes 

Dos de cada diez tutores en España reconoce sufrir ansiedad al viajar sin su perro, por miedo a que se sienta abandonado, sufra estrés o altere sus hábitos de alimentación 

Viajar con perro ha dejado de ser una cuestión puntual para convertirse en un factor que condiciona directamente cómo, cuándo y a dónde viajan muchos españoles.

Viajar con perro ha dejado de ser una cuestión puntual para convertirse en un factor que condiciona directamente cómo, cuándo y a dónde viajan muchos españoles.

Unplash

Para muchos españoles, planificar unas vacaciones no empieza eligiendo el destino, sino tomando una decisión previa: qué hacer con el perro. Viajar sin él no siempre es una opción cómoda. De hecho, uno de cada tres asegura que viajaría más y más lejos si pudiera hacerlo con su mascota, y casi un 20% reconoce sufrir ansiedad al separarse de ella. El vínculo es tan fuerte que las preocupaciones se repiten: miedo a que el animal se sienta abandonado, a que sufra estrés o a que altere sus rutinas. 

Durante el viaje, esa inquietud no desaparece. Hay quien revisa fotos del perro a diario, quien hace videollamadas o quien incluso compra recuerdos pensando en él. Y eso no es solo una percepción. En 2025, plataformas como Booking.com han detectado millones de búsquedas de viajes que admiten mascotas, una tendencia que refleja cómo viajar con una mascota ha dejado de ser una excepción para convertirse en una demanda creciente. 

Se han detectado millones de búsquedas de viajes que admiten mascotas, una tendencia que refleja cómo viajar con una mascota ha dejado de ser una excepción para convertirse en una demanda creciente.
Se han detectado millones de búsquedas de viajes que admiten mascotas, una tendencia que refleja cómo viajar con una mascota ha dejado de ser una excepción para convertirse en una demanda creciente.Unplash

Y es que viajar con perro ha dejado de ser una cuestión puntual para convertirse en un factor que condiciona directamente cómo, cuándo y a dónde viajan muchos españoles. No es solo una preferencia: es una demanda creciente que está transformando la forma de entender el turismo. Los datos confirman esta tendencia. En 2025, los alojamientos que admiten animales han superado los 7,5 millones de búsquedas y el filtro “Admite mascotas” se ha consolidado como uno de los más utilizados. Por tanto, viajar con perro ya no es una excepción, sino una opción cada vez más buscada. 

Pero ese cambio de hábitos también plantea una pregunta incómoda: ¿viajar con perro siempre es buena idea? ¿O, en algunos casos, responde más a las necesidades humanas que al bienestar del animal? Según el educador canino, Hugo Fernández, fundador del centro de educación 'En clave de can', no todos los perros están preparados para viajar, y forzar la experiencia puede generar más estrés que disfrute. “Viajar con perro implica observarlo y adaptarse a él, no al revés”, resume. 

Según el especialista, antes de planificar cualquier desplazamiento, es esencial valorar el umbral de sensibilidad frente a la novedad, el movimiento y los entornos desconocidos. “Señales como hipervigilancia, evitación, jadeo anticipatorio o tensión muscular indican que el animal puede estar por encima de su nivel óptimo de gestión emocional”, apunta. Además, se deben tener en cuenta factores físicos como dolor articular, intolerancia al calor, edad avanzada o patologías respiratorias.

Señales como hipervigilancia, evitación, jadeo anticipatorio o tensión muscular indican que el animal puede estar por encima de su nivel óptimo de gestión emocional

Hugo Fernández

Educador canino 

A su vez, es muy interesante trabajar con ellos una habituación progresiva para reducir la carga sensorial del viaje. “Es un proceso técnico: el perro necesita exposiciones controladas, graduales y positivas a los estímulos del transporte y del destino”. Trucos como enseñarle el transportín como un espacio seguro, realizar microtrayectos o exponer al can a estímulos similares a los que encontrará— ruido urbano, tránsito de personas, superficies nuevas— pueden disminuir la respuesta de estrés y mejorar la percepción de control. 

El día del viaje también puede marcar la diferencia. Los perros regulan su estado emocional a través de la co-regulación con la persona de referencia, así que, según Fernández, se deben evitar las prisas, ofrecer previamente un paseo basado en el olfato y proporcionar una comida ligera para prevenir mareos. “En estaciones o aeropuertos, reduce la densidad de estímulos buscando zonas tranquilas. Un manejo adecuado del día del viaje previene picos de cortisol que dificultan la adaptación posterior”. 

En cuanto a lo que se refiere al destino, el educador incide en la importancia de seleccionar entornos y actividades alineadas con sus necesidades etológicas. “Esto incluiría exploración, olfateo, descanso, movimiento y seguridad. Un entorno dog-friendly debe permitir conductas naturales sin restricciones excesivas. Evita destinos con sobrecarga ambiental o alta densidad de estímulo”, explica. Por ello, el educador aconseja priorizar alojamientos con zonas de paseo accesibles y actividades que permitan expresar comportamiento natural sin generar estrés por sobreestimulación. Además, durante la estancia, es esencial facilitar la exploración, el olfateo y la socialización. “El olfateo es una conducta de procesamiento de información fundamental para el bienestar. Permite que el perro explore sin prisa, marque parte del recorrido y decida si quiere o no interactuar con personas o perros”, apunta. Es decir, la socialización debe ser voluntaria y regulada por el animal, evitando exponerlo a interacciones que superen su umbral de tolerancia.

Un entorno dog-friendly debe permitir conductas naturales sin restricciones excesivas

Hugo Fernández

Educador canino

Pero el bienestar del perro durante el viaje no depende solo del entorno, sino también de cómo se gestionan sus ritmos básicos. Proteger el sueño y los tiempos de descanso es clave para evitar estrés acumulado. Durante las vacaciones, la carga sensorial suele aumentar, por lo que garantizar periodos reales sin interrupciones y evitar agendas excesivamente llenas ayuda a prevenir estados de fatiga y reactividad. 

La alimentación y la hidratación son otro factor determinante. Mantener la dieta habitual y evitar cambios bruscos reduce el riesgo de malestar digestivo o mareos durante los desplazamientos. Ofrecer raciones más pequeñas en días de viaje y asegurar acceso frecuente a agua, especialmente en épocas de calor, contribuye a mantener la estabilidad física y, con ella, el equilibrio emocional.

Además, el educador subraya la importancia de una movilidad segura. El uso de sistemas homologados— como arneses adecuados, transportines bien fijados o cinturones de seguridad— no solo protege el animal ante posibles accidentes, sino que también reduce la respuesta de estrés asociada al movimiento. “En tren o avión, asegúrate de que el transportín permite una postura natural y buena ventilación para evitar disconfort postural. Un desplazamiento seguro mantiene la activación dentro de niveles manejables”, aconseja.  

En cuanto a lo que se refiere al destino, el educador incide en la importancia de seleccionar entornos y actividades alineadas con sus necesidades etológicas.
En cuanto a lo que se refiere al destino, el educador incide en la importancia de seleccionar entornos y actividades alineadas con sus necesidades etológicas.Unplash

A todo ello se suma la importancia de ofrecer al perro un entorno reconocible, incluso fuera de casa. Contar con un “entorno seguro portátil” puede marcar la diferencia durante un viaje. Llevar su manta, su cama o una alfombra habitual puede ayudar a generar un espacio familiar que reduce la incertidumbre y facilita la adaptación al nuevo entorno. Estos elementos actúan como un ancla emocional que “favorece la relajación, reduce conductas de desplazamiento y mejora la adaptación en entornos nuevos”, señala. 

Y, por último, se debe planificar la vuelta al hogar para favorecer la readaptación y detectar posibles señales de estrés residual. “Tras un viaje, algunos perros muestran conductas de estrés acumulado (hiperalerta, aumento de demanda social, inquietud). Facilita la readaptación con paseos conocidos, horarios estables y actividades de masticación u olfato que promuevan la regulación”, explica Hugo Fernández. Y matiza que, si las señales persisten, se debe consultar con un profesional para evitar que evolucionen hacia problemas de comportamiento. 

En definitiva, el auge del turismo pet-frienldy refleja un cambio en la relación entre personas y animales. Pero también obliga a replantear cómo se viaja. Llevar al perro no debería ser un gesto automático ni una moda, sino una decisión consciente, pensada también desde su bienestar. Viajar más y más lejos es un deseo por muchos. Hacerlo sin olvidar que el perro no es un acompañante más, sino un ser con límites propios, es el reto que marca esta nueva forma de viajar. 

Laura Villanueva

Laura Villanueva

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Coordinadora de Peludos y SEO en Guyana Guardian. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y máster en Periodismo Deportivo. Especializada en bienestar y temas sociales. Ha trabajado en Diario de Navarra y Mundo Deportivo.