Sociedad

“Durante años, las cuidadoras de colonias éramos las locas de los gatos”: por qué tratar los felinos callejeros como un problema no beneficia a nadie 

Gatos

Durante décadas, la presencia de gatos en el espacio público se trató como un problema de salud pública; hoy la ley marca un antes y un después en la gestión de las colonias felinas.

La gestión de colonias felinas ha vivido en España un profundo cambio de paradigma en los últimos 20 años. 

La gestión de colonias felinas ha vivido en España un profundo cambio de paradigma en los últimos 20 años. 

Unplash

La gestión de colonias felinas ha vivido en España un profundo cambio de paradigma en los últimos 20 años. Donde antes reinaba la invisibilidad, hoy existe legislación. Donde antes se actuaba desde la urgencia individual, ahora emergen estrategias colectivas. Sin embargo, aún coexisten prácticas del pasado —como la eutanasia sistemática, los sacrificios preventivos o los abortos masivos, prácticas ilegales y éticamente reprobables— con una nueva sensibilidad social y legal que exige actualizar no solo procedimientos, sino también valores.

Ayer: gestionar el “problema”

Durante décadas, la presencia de gatos en el espacio público se consideraba un “problema de salud pública”. Las administraciones, desbordadas o indiferentes, recurrían a empresas de control animal que aplicaban sacrificios masivos como método de control poblacional. Incluso dentro del entorno veterinario y proteccionista, la eutanasia era considerada una solución compasiva para casos de enfermedad leve, dificultad de manipulación o simplemente por exceso de población.

La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales ha supuesto un antes y un después. 
La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales ha supuesto un antes y un después. IJPHOTO

Los abortos sistemáticos en gatas capturadas —incluso sin la correcta anestesia en algunos casos— eran habituales. No había una visión integral de bienestar animal, sino una lógica de urgencia: “mejor prevenir”... Aunque fuera de forma cruel. El desgaste emocional de estas prácticas ha dejado huellas, en muchos casos, difíciles de reparar. No somos inmunes al dolor, tampoco es aconsejable hacérnoslo nuestro, pero en cualquier situación siempre es mejor hacer lo posible para hacer el menor daño posible, mejorando en lo que se pueda, el daño que podamos estar causando.

Hoy: gestionar con ética, ciencia y derechos

La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales ha supuesto un antes y un después. Esta ley prohíbe expresamente el sacrificio de animales salvo por causas estrictamente médicas, así como la eliminación indiscriminada de gatos comunitarios. Del mismo modo desaconseja los abortos como práctica de control poblacional.

Además, establece que el método CER (Captura, Esterilización y Retorno) es la única vía legal y ética de gestión de colonias. Este cambio no es solo normativo. Es filosófico. Los animales ya no son residuos urbanos que debemos eliminar. Son seres sintientes con derechos.

¿Qué significa hoy gestionar colonias?

Muchas entidades y ayuntamientos aún creen que hacer CER es “capturar y operar”. Pero el CER actual va mucho más allá: se aplica en todo momento el bienestar del animal por encima de todo y esto pasa por entender que las personas que le cuidan deben estar ahí, antes, durante y después… son ellas las únicas garantías de que el animal no sufra. Debe haber seguimiento, cuidado, vigilancia, medición del impacto en cada colonia, justificación de la actividad aquí y allí no, saber qué estamos haciendo y cual es la composición que estamos tratando de vidas felinas y familias que dependen de esta actividad para su supervivencia.

Esto no es voluntariado puntual. Es una política pública sostenida. Es salud pública, bienestar animal y cohesión social. Y si no se hace bien, puede salir muy caro.

Durante años, las cuidadoras de colonias fueron vistas como “locas de los gatos”. Hoy, el conocimiento científico y legal nos ha dado razón

Montse Casaoliva 

El reto actual, es definir cómo queremos cuidar. Ahora que hay una ley clara y que los ayuntamientos están obligados a aplicar el CER, es urgente definir cómo queremos seguir cuidando las colonias. Porque el cuidado diario los 365 días del año no es una broma: implica una enorme red de personas que alimentan, supervisan, capturan, atienden enfermedades y gestionan emergencias.

Los gatos no están ahí porque se les da de comer. Nacieron hace miles de años, al igual que el ser humano y otras especies que estamos aniquilando porque molestan o porque nos interesan más los resultados económicos que la preservación de la naturaleza en su conjunto. Están porque han elegido ese territorio. Si dejan de ser alimentados, no mueren de hambre en silencio, se desplazan, buscan comida donde pueden, asumiendo riesgos, cruzando carreteras, metiéndose en entornos hostiles o peligrosos que no perciben como tal ante su supervivencia.

Ahí es donde el papel de las cuidadoras se vuelve insustituible: mantienen estabilidad territorial, evitan conflictos vecinales y garantizan el seguimiento de la salud del grupo. Sin ellas, el sistema colapsa.

De locas de los gatos a gestoras de salud pública

Durante años, las cuidadoras de colonias fueron vistas como “locas de los gatos”. Hoy, el conocimiento científico y legal nos ha dado razón: sin su labor, no sería posible mantener una gestión ética, eficiente y económica de los gatos comunitarios. Estudios recientes sobre el impacto emocional de la gestión animal muestran que cuando la atención a animales comunitarios se convierte en obligación social o legal, y no hay estructura de apoyo, puede generar estrés, ansiedad y fatiga por compasión. Esto refuerza la necesidad de que las asociaciones reciban recursos, formación y acompañamiento institucional.

Feminismo, red y reconciliación: no más divisiones

Durante mucho tiempo, las relaciones entre mujeres en espacios de cuidado o activismo se vieron atravesadas por dinámicas de competencia encubierta, fruto de una cultura patriarcal que nos educó para rivalizar, no para cooperar. Diversos estudios en psicología social y del comportamiento (Gilligan, 1982; hooks, 2000) han demostrado cómo las mujeres, en contextos donde los recursos son escasos y el reconocimiento limitado, han tendido a competir entre sí en lugar de construir alianzas. Esta competencia no era natural, sino inducida: si solo hay una “silla” en la mesa, luchamos por ella.

Pero hoy, esa mirada está cambiando. Sabemos que el machismo estructural nos ha separado, y que el verdadero feminismo no es una etiqueta sino una práctica diaria de cooperación, empatía y red. En Mishilovers creemos que tejer comunidad entre mujeres no es solo un ideal: es una necesidad política, emocional y operativa. Animamos a mirar con nuevos ojos a quienes nos rodean. Porque divididas no avanzamos. Unidas, lo hacemos posible.

Estamos hartas del “esto sería lo ideal, pero en mi pueblo eso es imposible”. ¿Y si empezamos a cambiar esa frase por: “¿Cómo lo hacemos posible?” Nuestra era es la de la comunicación, la del entendimiento. ¿Te has sentado a tomar un café con esa persona que cuida gatos y con la que no te hablas por un malentendido del pasado? ¿Todavía sigues enfadada por algo que pasó hace años y que revive cada vez que la ves? ¿Estás enfadada al tener un pensamiento que ya pasó? Es absurdo.

Habla con esa persona. Tal vez ha cambiado. Tal vez tú también. Sentadas frente a frente, en una conversación tranquila, se pueden construir puentes. En esto las personas mayores con frecuencia son las más sabias: ya han pasado por todo, saben que no merece la pena desgastarse con orgullos ni con egos. Mejor colaborar porque nos necesitamos, mucho más de lo que pensamos. La dificultad la mayoría de veces no está en la otra persona, sino en tu mirada hacia ella.

Desde Mishilovers acompañamos a ayuntamientos y asociaciones a transitar este nuevo paradigma. 
Desde Mishilovers acompañamos a ayuntamientos y asociaciones a transitar este nuevo paradigma. Getty Images

Y si seguimos divididas, no llegará la solución. Lo que llegará es una empresa de control de plagas a hacer nuestro trabajo, y lo hará sin ética, sin alma y con respaldo legal. Porque nosotras estaremos en litigios con el ayuntamiento, con otras asociaciones… y con nosotras mismas. En definitiva, lo importante es unificar, no dividir. Todo es posible hacerlo fácil. Si no creemos en eso, nuestra vida será siempre difícil. El CER, la gestión felina, el bienestar de las colonias y de las personas cuidadoras no puede sostenerse sobre enfrentamientos personales ni egos. Este nuevo tiempo exige unión, compasión, estrategia y diálogo. Porque lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa. Y porque los gatos nos necesitan juntas.

Desde Mishilovers acompañamos a ayuntamientos y asociaciones a transitar este nuevo paradigma: con formación, protocolos, indicadores, acompañamiento emocional y visión a largo plazo. Para que gestionar colonias no sea una carga... Sino una solución compartida y transformadora.

Montse Casaoliva

Montse Casaoliva

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Soy educadora en el vínculo humano-felino, especializada en el comportamiento de las gatas y los gatos, formada en Antrozoología y en la IAABC con certificación internacional. Busco el beneficio para la vida de todos los seres vivos.