Juan Carlos enseña a conducir en Barcelona
Aprender a conducir
Un profesor veterano critica el exceso de pruebas

En Barcelona, una cifra en aumento de estudiantes aguarda meses para evaluarse y varios se trasladan a diferentes provincias para lograr un cupo.

El examen terminó antes de empezar. La alumna se sentó, ajustó el asiento, respiró hondo… y no supo arrancar el coche. El volante estaba bloqueado y el motor seguía apagado. Juan Carlos Miguel, desde el asiento del copiloto, sabía exactamente qué ocurría. Pero no podía decir nada. “En el examen práctico el profesor no existe”. El examinador fue tajante: prueba finalizada. Suspendida. “El próximo día tendrá usted que poner el motor en marcha”, le dijeron. Y ahí acabó todo.
Juan Carlos cumple 60 años este año y lleva más de tres décadas sentado a la derecha del conductor, con el pie preparado para frenar y la paciencia entrenada para templar nervios adolescentes y adultos. Por su coche han pasado cientos de alumnos y ha visto lágrimas de frustración y abrazos de victoria. Y nunca ha sido solo un profesor de formación vial. Ha sido testigo de ese instante en que alguien deja de depender de otros para empezar a moverse por su cuenta.
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Ahora, desde una autoescuela de Barcelona, advierte en una entrevista con Guyana Guardian de un problema que va más allá de los nervios al volante. “Nos faltan examinadores y eso lo termina pagando el alumno”, resume. Las listas de espera se alargan durante meses y algunos aspirantes optan por recorrer cientos de kilómetros para examinarse antes. Lo que antes era una cuestión de práctica y paciencia, hoy también depende de un “sistema tensionado”.
Si no apruebas, no solo fallas la evaluación; en ocasiones debes aguardar hasta tres meses para tu próximo intento.
Juan Carlos, ¿cómo está la situación de los exámenes en Barcelona hoy?
Muy complicada. Nos faltan examinadores y eso lo termina pagando el alumno. Las listas de espera se alargan meses. Si suspendes, no solo pierdes el examen. A veces tienes que esperar hasta tres meses para la siguiente oportunidad. Y eso genera ansiedad y presión, tanto para los alumnos como para las autoescuelas.
¿Qué soluciones buscan los alumnos ante esta situación?
Algunos ya no se conforman con esperar. Hay gente que se va a Soria, a Castellón o incluso a otras provincias solo para examinarse antes. Se trata de salvar tiempo, pero también de asegurarse una plaza, porque si suspendes aquí, el próximo examen podría tardar demasiado.

¿Cómo afecta esto a la autoescuela?
Los cupos son limitados, y si muchos suspenden o no hay examinadores suficientes, nos quitan capacidad para programar clases y prácticas. Es un círculo complicado: menos examinadores, más suspensos, más estrés para todos, y finalmente los alumnos pagan las consecuencias.
¿Dirías que el problema es solo del sistema en sí?
Es estructural. No es culpa de los alumnos ni de los profesores. El sistema está tensionado y las consecuencias se sienten en cada clase, en cada examen, en cada autoescuela.
La licencia no es cuestión de fortuna; si cometes errores en tu hogar, en la prueba oficial fallarás todavía más.
¿Muchos alumnos piensan que aprobar es cuestión de suerte en la teórica?
Para nada, no es así. Bastantes personas aparecen comentando: “Voy a probar suerte”. Pero la realidad es distinta. Si tienes fallos practicando, en la prueba oficial fallarás todavía más. Hay quienes intentan el examen teórico repetidamente creyendo que la fortuna les ayudará. No obstante, el resultado es idéntico: sin dedicación, no hay aprobado. La parte teórica no es un juego, sobre todo hoy que la normativa y la señalización evolucionan constantemente. Cada equivocación demuestra un conocimiento que aún debe adquirirse.
¿Y en la práctica?
El examen práctico exige preparación, concentración y experiencia real en el coche. He visto suspender a una alumna porque no supo arrancar el coche. Todo lo que pasa en la prueba refleja lo que realmente sabe hacer el alumno al volante.

Del vigor joven a la madurez* (2
Los alumnos y sus nervios
¿Notas mucha diferencia entre los alumnos de antes y los de ahora en cuanto a nervios?
En realidad, los nervios son siempre los mismos. Hace 30 años, si un alumno era nervioso, lo era igual que hoy. Y el que pasa de todo, sigue pasando de todo. La edad no define cómo se enfrenta uno a un examen de conducción.
He instruido a estudiantes de 60 y 70 años: la edad no supone una barrera
¿Y cómo es enseñar a alumnos mayores?
He tenido alumnos de 40, 50… incluso 60 y 70 años. Para ellos, sacarse el carnet es un reto personal, algo que no es habitual y que les da independencia. La experiencia me ha enseñado que la motivación y la paciencia pesan más que la edad.
¿Y los adolescentes de 18 años? ¿También hay nervios extremos?
Por supuesto. Existen jóvenes de 18 años que resultan asombrosos: algunos intimidan, mientras que otros se desenvuelven de maravilla. Y existen personas que a los 25 aún lucen como principiantes. Cada estudiante representa un universo particular, y cada lección constituye un desafío diferente.

A menudo ejerzo como psicólogo, aunque la tarifa es de 60 euros por hora y media, mantén el enfoque.
Dices también que muchas veces haces de psicólogo… ¿cómo es eso?
Sí, muchos días. Hay alumnos que vienen nerviosos, otros que se frustran al no conseguir algo, incluso algunos que lloran por problemas personales o de pareja. Les recuerdo: ‘Estamos en la clase, son 60 euros la hora y media, concéntrate’. Pero al mismo tiempo hay que escucharlos, acompañarlos y motivarlos. La paciencia es clave.
¿Algún caso que recuerdes especialmente?
Muchos. Algunos lloran, otros se bloquean completamente. Pero al final, cuando logran superar ese momento, ves un cambio real: han aprendido a controlar sus nervios y conducir al mismo tiempo. Esa parte de mi trabajo es la más gratificante.
Pericia y valores para un buen conductor
Después de tantos años, ¿qué hábitos te siguen sorprendiendo al volante?
No puedo entender que, después de 30 años, haya gente que no se pare en un stop. Lo explico 40 veces y en el examen vuelven a no parar. Enseñamos todo lo posible, pero hay cosas que deberían ser instinto y siguen fallando. Eso me sorprende y a veces me preocupa.
En tiempos pasados eras el docente total… ¿se ha transformado hoy ese vínculo con los estudiantes?
Sí, antes los alumnos me escuchaban más sin cuestionar. Ahora no siempre es así: están más pendientes de las pantallas, de lo que creen que ya saben… Pero sigue siendo mi responsabilidad guiarlos, corregir errores y mantener la atención.
Finalmente, tras haber pasado tanto tiempo impartiendo clases de manejo, ¿sientes deseos de retirarte?
Hay días que cierro la persiana y pienso: hoy me lo he pasado bien. Pero jubilarme… en cuanto pueda. Lo echaré un poco de menos, seguro, pero no lo suficiente como para quedarme.
¿Algún mensaje final sobre estos años enseñando a conducir?
Representó una labor ardua, llena de tensiones, alegrías, llantos y algún sobresalto ocasional. No obstante, contemplar a un individuo que logra desplazarse de forma autónoma, que deja de estar subordinado a los demás… es algo incalculable. Y esa satisfacción conservaré, incluso cuando llegue el momento de bajar la persiana definitivamente.
