Sebastià Sánchez, psicólogo: “Mucha gente prefiere decir que no les gusta conducir, o que lo haga otro, pero detrás hay un miedo muy real, que puede condicionar mucho la vida diaria”
Entrevista
El estrés, la ansiedad y el miedo a conducir pueden afectar a la seguridad en carretera más de lo que imaginamos, según este especialista en movilidad
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El psicólogo Sebastià Sánchez Marín advierte que la ansiedad al volante puede bloquear al conductor en plena ruta
Conducir es mucho más que manejar un vehículo. Aparte de la habilidad de cada uno para controlar el coche, intervienen otros aspectos que pueden condicionar seriamente la seguridad al volante. La ansiedad, el estrés e incluso el miedo a conducir -lo que se conoce como amaxofobia- afectan a más personas de lo que parece y pueden llegar a bloquear al conductor o convertir cada trayecto en una fuente de sufrimiento.
Lo sabe muy bien Sebastià Sánchez Marín, presidente de la Secció de Psicologia de la Mobilitat i de la Seguretat del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya y autor de dos libros sobre amaxofobia. Desde hace años, imparte terapia en coche a personas que sufren miedo o ansiedad al volante.

¿De verdad es tan peligroso conducir con ansiedad?
Sí, y mucho más de lo que la gente piensa. Una persona con ansiedad no está centrada en la conducción, sino en los síntomas físicos que está experimentando: el corazón le va muy rápido, nota presión en el pecho, le tiemblan las manos o se le tensa la musculatura. Todo eso desvía su atención y puede llevarla a cometer errores graves al volante.
¿Qué diferencia hay entre ansiedad y estrés?
Aunque a veces se confunden, son cosas distintas. El estrés suele estar vinculado a la sobrecarga. Son situaciones en las que tenemos demasiadas tareas por hacer, nos queda poco tiempo y tenemos la sensación de que no vamos a llegar. La ansiedad, en cambio, tiene que ver con el miedo. Es una reacción a algo que nos preocupa o que interpretamos como una amenaza, aunque no siempre sea real o inminente. Y esa diferencia es clave, porque la ansiedad puede paralizar.
Una persona con ansiedad no está pendiente de la conducción, sino de los síntomas que experimenta su cuerpo”
¿Cómo se traduce eso en la conducción diaria?
Muchas personas conducen de forma casi automática, sobre todo en trayectos que conocen y están familiarizados con ellos. Pero si están en un estado de ansiedad, su mente se va a otro sitio. Cuando llegan a destino, no recuerdan cómo lo han hecho. Eso es muy habitual y muy peligroso, porque no estaban 100% pendientes de la conducción.
¿Se puede tener una crisis de ansiedad en medio de la carretera?
Sí, y puede ser dramático. He visto pacientes que se bloquean dentro de un túnel, sobre un puente o en plena autopista. De repente no pueden frenar porque tienen la pierna rígida o no pueden girar el volante. En esos momentos, el miedo no es tanto a tener un accidente como a perder el control del cuerpo o de la situación, y eso hace que la crisis se agrave aún más.

¿Eso explica que algunas personas den grandes rodeos para evitar ciertos lugares?
Exacto. No es que tengan miedo al puente o al túnel en sí, sino a los síntomas que les genera pasar por allí. Su cerebro ha asociado ese lugar a una experiencia angustiante, y cada vez que lo vuelven a cruzar, la ansiedad se dispara. Es una asociación automática que cuesta mucho romper sin ayuda.
¿Estamos, entonces, ante un caso claro de amaxofobia?
Sí, sin duda. La amaxofobia es el miedo a conducir, y en muchos casos se manifiesta justo así, es decir, evitando ciertos lugares, bloqueos o malestar intenso en determinadas situaciones. Es una fobia específica, como puede ser el miedo a volar o a los espacios cerrados. Lo curioso es que mucha gente no se atreve a ponerle nombre. Prefieren decir que no les gusta conducir, o que lo haga otro. Pero detrás hay un miedo muy real, que puede condicionar mucho la vida diaria.
Hay quien evita túneles o puentes, no por miedo al lugar, sino a los síntomas que les genera pasar por allí”
¿Y se puede tratar con éxito?
Sí. La mayoría de las personas que buscan ayuda consiguen volver a conducir con normalidad. En mi experiencia, entre un 75% y un 80% responde bien al tratamiento psicológico. A veces trabajamos con coches de doble mando para hacer prueba o prácticas graduales en entornos seguros. Se trata de recuperar la confianza poco a poco.
Pero, por lo que dice, hay un 20-25% de pacientes que no lo supera…
Son casos más complejos. En muchos de ellos hay trastornos asociados, como depresiones graves, trastornos de personalidad o incluso esquizofrenia. Cuando la ansiedad es solo la punta del iceberg, el abordaje terapéutico es más difícil y largo, y no siempre conseguimos el mismo nivel de recuperación.

¿La medicación puede ayudar en estos casos?
Puede ser útil, pero siempre bajo supervisión médica. Lo preocupante es que muchas personas se automedican con ansiolíticos que tienen por casa, sin receta, porque los toma alguien de la familia. Y eso no solo es peligroso a nivel de salud, sino también legalmente. Si te paran y das positivo en un control de drogas y no tienes una receta a tu nombre, la sanción es la misma que si hubieras tomado cocaína.
¿Qué recomienda hacer si alguien nota que le está viniendo una crisis mientras conduce?
Lo primero es parar en un lugar seguro, como si el coche se hubiera averiado. Poner los cuatro intermitentes, respirar y esperar. No pasa nada si estás 15 o 20 minutos parado hasta que te encuentras mejor. Incluso puedes llamar a alguien para que te recoja, aunque seguramente cuando venga a buscarte ya te habrá pasado esa crisis. Lo que no hay que hacer nunca es forzar la situación y seguir conduciendo a toda costa, porque es peligroso para uno mismo y para los demás usuarios.
La mayoría no dice ‘tengo miedo a conducir’, sino ‘prefiero que conduzca otro’; pero detrás hay un miedo muy real”
¿Aconseja, entonces, que esas personas lleven siempre encima una pastilla por si acaso?
Sí, se trata de un buen recurso. De hecho, muchas personas llevan una pastilla de rescate en el bolsillo, y eso les da tranquilidad. Pero también es contraproducente porque si un día no la llevan encima, pueden entrar en pánico solo por eso. La ansiedad es muy sensible a esos pequeños rituales o elementos de seguridad, y conviene trabajarlos en terapia para que la persona no dependa de ellos.
¿Cuál es el patrón más habitual en los pacientes con amaxofobia?
Al principio evitan ciertas carreteras. Luego dejan de salir de su entorno habitual. Y sin darse cuenta, su mundo se va haciendo más pequeño. Eso tiene un coste emocional muy alto. Lo importante es detectar ese proceso a tiempo y pedir ayuda antes de que la evitación se generalice.
¿Hay otros miedos al volante que no se suelen verbalizar?
Sí. Hay gente que, por ejemplo, tiene miedo a aparcar en sitios concurridos porque piensa que los demás la están observando y juzgando. Esa preocupación desencadena ansiedad, y ahí empiezan los síntomas físicos otra vez. No es tanto el acto de aparcar, sino la anticipación de lo que puede pensar el entorno.

