Gallinas, vacas y ahora cerdos: por qué la España rural sufre un brote de virus en animales
Crisis sanitaria
En poco tiempo, tres patógenos han irrumpido en la España rural, con un doble impacto, económico y ambiental: ¿Es casualidad? ¿Tiene relación la crisis climática y de biodiversidad? ¿Influye la globalización?

Agentes rurales acompañados por perros buscan rastros de jabalís infectados con la peste porcina africana en Collserola

Primero, la gripe aviar. Y el s acrificio de 2,7 millones de aves de granja. Luego, la dermatosis nodular contagiosa, una enfermedad que ha generado una crisis en el sector bovino, con sacrificios y restricciones de movimientos. Y ahora, la peste porcina africana, un virus muy contagioso que afecta a los cerdos y jabalíes y que tiene en vilo a una industria líder en exportación. En un muy corto plazo de tiempo, tres patógenos han irrumpido en la España rural, con un doble impacto, económico y ambiental. ¿Cómo se explica esta encadenación de patógenos? ¿Es pura casualidad? ¿Tiene relación la crisis climática y de biodiversidad? ¿Cuánto influye la globalización? ¿Vamos hacia un mundo con más enfermedades de este tipo?
A la espera de saber cómo se ha originado el brote que que afecta a jabalíes de Collserola, Guyana Guardian ha consultado a tres expertos -un catedrático de sanidad animal, una doctora en medicina sanitaria y una ingeniera agrónoma especialista en políticas alimentarias- para encontrar respuestas a estas preguntas. La peste porcina africana avanza por toda Europa. Este año se han detectado casi 10 mil casos en jabalíes en 19 países y otros 899 en cerdos domésticos, según los datos recopilados hasta el 1 de diciembre por el Sistema de Información sobre Enfermedades Animales (ADIS), una plataforma digital de la Unión Europea para la recogida y análisis de datos sobre sanidad animal.
Vivimos en un mundo donde las personas nos movemos muy rápidamente entre continentes. Y lo mismo con productos y animales...

Las voces de los científicos y científicas son coincidentes: no hay un patrón en común que conecte a estos virus. Pero sí muchos factores que están favoreciendo su propagación: un mundo global con mucha movilidad de humanos y de animales, un planeta cada vez más caliente y degradado, más interacción con especies salvajes y sistemas productivos intensivos que ayudan a la diseminación de estos patógenos.
Christian Gortázar es licenciado en veterinaria, doctor por la Universidad de Zaragoza y catedrático de sanidad animal en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos IREC. Menciona un cuarto virus -con menos difusión- que se está propagando por los campos, el serotipo 3 de la lengua azul, una enfermedad vírica infecciosa no contagiosa que afecta al sector ganadero, especialmente al ovino. La enfermedad entró por el sur de Portugal en 2024 y este año se ha propagado por 21 provincias españolas.
Para este experto, las “malas coincidencias y la poca fortuna” explican una parte de la aparición de todos estos virus a la vez, pero no la película completa. “Lo que ocurre es que cada vez más vivimos en un mundo donde las personas nos movemos muy rápidamente entre continentes. Y lo mismo que nos movemos las personas, pues movemos productos y movemos animales. Eso unido a algunos otros efectos del cambio global que estamos sufriendo, por ejemplo la subida de temperaturas, que facilita la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, hace que haya más contagios y transmisiones”, explica.
En el caso de la dermatosis nodular contagiosa, las investigaciones científicas relacionan el calentamiento global con el salto del virus a Europa, endémico en África y Oriente Medio. La enfermedad se transmite principalmente por mosquitos, moscas y garrapatas que actúan como vehículos involuntarios al picar a animales sanos después de haber estado en contacto con individuos infectados.
El cambio climático, al aumentar las temperaturas, está permitiendo que estos vectores se vuelvan cada vez más activos, extendiéndose por zonas donde antes no sobrevivían. Además, el clima más cálido ha prolongado el período de actividad de estos parásitos, que antes se limitaba a los meses más calurosos y ahora pueden mantenerse activos casi todo el año. Por tanto, ahora pueden colonizar regiones más frías, incluso con inviernos que antes no permitían su supervivencia.
Júlia Vergara-Alert es doctora en Medicina y Sanidad Animal e investigadora del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA). Lleva más de 13 años trabajando con enfermedades zoonóticas emergentes bajo el concepto de “One Health”, un enfoque colaborativo, multisectorial y multidisciplinario que reconoce la interconexión entre la salud de los seres humanos, los animales y los ecosistemas para abordar riesgos sanitarios de manera integral.
Cuando destruyes la naturaleza y los ecosistemas, eliminas a los predadores naturales

También pone a la globalización como factor clave. La peste porcina africana se transmite por fómites, objetos inanimados que pueden portar y propagar enfermedades y agentes infecciosos. “Cualquier viajante puede traer este virus en sus zapatos”, pone de ejemplo. “Es cierto que unos patógenos son más resistentes que otros, unos son de más fácil transmisión que otros, pero el incremento de población, tanto humana como animal y la movilidad es un factor muy relevante para entender las enfermedades emergentes y reemergentes”, explica.
Agrega la interconexión cada vez más estrecha entre los humanos y los animales salvajes como otra circunstancia a tener en cuenta. “Vamos ganando terreno a la naturaleza cada vez más. Estamos reduciendo el espacio de las especies salvajes. Esto tiene consecuencias”, señala. Pone de ejemplo los jabalíes, huéspedes de la peste porcina africana. “Ahora están cerca nuestro, los hemos domesticado. Tienen contacto con los entornos urbanos y con los contenedores de basura. “Globalización, contacto humano con animales salvajes y cambio climático”, resume al señalar las variables que están favoreciendo la aparición de estas enfermedades.
Otro factor: la producción intensiva de proteína animal
Para Vergara, otro ladrillo de este “gran tetris” es la forma en la que estamos produciendo las proteínas de origen animal. Si bien las granjas intensivas tienen “niveles de biocontención” que dificultan la entrada de los virus, cuando esto ocurre la transmisión es muy rápida, con riesgo de mutación y de salto de huéspedes.
Coincide Celsa Peiteado Morales, ingeniera agrónoma que trabaja en políticas agrarias y responsable del Programa de Alimentos de la organización WWF España. En su análisis, la irrupción de todos estos virus es “un síntoma de un sistema alimentario industrializado, de producción, distribución y consumo de alimentos que está fallando por todos lados”.
Los impactos están casi todos relacionados. Esta producción intensiva necesita de “deforestación importada”, destruir bosques de otros países -la Amazonia, por ejemplo- para producir soja y alimentar a nuestras cabañas ganaderas industriales, explica Peiteado.
“Cuando destruyes la naturaleza y los ecosistemas, eliminas a los predadores naturales que vivirían allí, esos predadores lo que hacen es controlar, normalmente, la transmisión de patógenos. Entonces, estos paisajes simplificados a los que estamos tendiendo con los modelos de producción agrícola y ganadera industrial, lo que hacen es, por un lado, perdemos la capacidad que tienen los ecosistemas de protegernos frente a enfermedades emergentes”, advierte.
Además, sostiene, las macrogranjas son modelos de producción en los que “los animales son genéticamente idénticos”. Y cuanta más diversidad hay frente a una enfermedad, “más probabilidades hay de que algunos individuos se libren”. “Al ser todos los animales muy parecidos genéticamente, en cuanto hay una enfermedad se extiende como la pólvora”, afirma. Esta industria intensiva también contribuye a la resistencia a los antimicrobianos (RAM) debido al uso excesivo de antibióticos en animales sanos para prevenir enfermedades, lo que genera microbios resistentes.
Los tres virus que circulan por la España rural no afectan a los humanos. Pero “las alarmas están encendidas”, aclara Peiteado. “Nuestra salud depende de la salud de los ecosistemas y de la salud de todos los animales que nos rodean”.


