La retirada ‘in extremis’ de 500 toneladas de sedimentos del río Onyar evitó que Girona se inundase
Actuación providencial
Dos días antes del temporal de esta semana, el Ayuntamiento finalizó los trabajos de remoción de escombros acumulados en la zona más crítica del cauce urbano. Sin la obra, el río podría haberse desbordado

Trabajos de remoción de escombros en la zona más crítica del cauce urbano del río Onyar a su paso por Girona, el sábado

La nueva realidad climática de Catalunya, con temporales cada vez más frecuentes e intensos, como la violenta borrasca Harry que ha sacudido la costa del Mediterráneo esta semana, exige a las administraciones públicas llevar a cabo políticas de adaptación. Es decir, medidas que limiten los impactos del calentamiento global y reduzcan las vulnerabilidades de ciudades que se construyeron y diseñaron para otro clima. El Ayuntamiento de Girona ejecutó la semana pasada una de estas actuaciones: por primera vez en 20 años, retiró más de 500 toneladas de sedimentos del río Onyar, acumulados en el tramo que transcurre por la plaza de Catalunya. La remoción de este hormigón ha evitado que esa zona de la ciudad se inundase este martes tras la abrupta crecida del cauce. “Hemos reducido el riesgo y evitado daños”, celebra Sergi Cot, concejal de Acción Climática, impulsor de la obra.
Girona ha sido uno de los epicentros de la borrasca con un acumulado de casi 200 litros tras 12 horas de intensas lluvias. El río Onyar, que regala una de las postales más famosas de la ciudad, las casas “colgadas” de colores, se convirtió en una amenaza por el repentino aumento del caudal, que alcanzó los 430 m3/s, cerca del límite del desbordamiento. El plan de emergencia del Ayuntamiento incluyó la recomendación a los vecinos de subir a los pisos superiores y evitar las plantas bajas o garajes.
La zona de la plaza Catalunya es un punto crítico en caso de crecidas por el efecto tapón del túnel (...) Hemos reducido el riesgo y evitado daños

Cot explica que la zona de la plaza Catalunya es siempre un “punto crítico” en caso de crecidas por el “efecto tapón” del túnel. El agua que baja por el cauce no puede evacuar con normalidad hacia una salida. Esto provoca una acumulación aguas arriba, aumentando la posibilidad de desbordamiento o de elevación del nivel del río. Una medida para reducir este riesgo -recomendada por los expertos en hidrología- es quitar los sedimentos que se acumulan en los canales.
Hacía 20 años, desde mediados de 2006, que el Ayuntamiento de Girona no ejecutaba esta tarea. En la última revisión, los técnicos del consistorio detectaron “un exceso de sedimentación” -arenas y lodos procedentes de las crecidas recurrentes del río- que impedía evacuar bien el agua. “Sabíamos de la importancia de sacar estos sedimentos. Los modelos climáticos proyectan tormentas cada vez más frecuentes e intensas. Ante esta nueva realidad, las políticas de prevención y adaptación son vitales”, subraya el concejal.
Las máquinas empezaron a remover las toneladas de hormigón -530 en total- el 14 de enero. Los trabajos finalizaron el sábado, dos días antes del comienzo de la tormenta. “Es difícil asegurar que sin esta obra el río hubiese desbordado. Creemos que en algunas zonas tal vez sí. Pero hemos minimizado el riesgo y evitado posibles daños”, explica Cot. Y agrega: “El riesgo nunca es cero en ninguna parte, pero la responsabilidad de las administraciones es minimizarlo todo lo posible. Estas actuaciones y gestiones a menudo invisibles, son siempre imprescindibles”.
La obra costó 18.000 euros
Inversión mínima versus a potenciales daños millonarios

Cot señala que Girona es una de las ciudades con más riesgo de inundaciones de Catalunya. Un tercio de todo el territorio está amenazado por el agua. Hace seis años, en enero de 2020, la borrasca Gloria elevó al río a niveles críticos, a centímetros de un desbordamiento generalizado. La tormenta de esta semana recordó aquella postal.
La obra de remoción de estos sedimentos ha costado 18.029 euros, un monto mínimo y exiguo al proyectar los daños económicos de una inundación. “Estamos hablando de una zona con muchas tiendas, con cientos de casas que se verían afectadas. La inacción, no hacer nada frente a esta nueva realidad, se puede pagar con vidas y también con millones de euros”, reflexiona el edil.
Según un reciente informe del Banco Central Europeo (BCE), España es el país del bloque que tiene la factura económica más alta por los daños que está ocasionando el clima extremo: 12.000 millones de euros solo para 2025, datos que podrían escalar hasta los 34.000 millones de euros para 2029.
Para Cot, no hay que pensar esta remoción de sedimentos como una “simple obra de mantenimiento”. “Es una política de adaptación climática. La coincidencia temporal entre el fin de los trabajos y la llegada de la borrasca le ha dado visibilidad. Todas las administraciones locales tenemos que acelerar este tipo de actuaciones”, agrega. “Hay que hacerlas por más que mucha gente pueda pensar que se está despilfarrando el dinero o que hay políticas más urgentes. Lo cierto es que la adaptación al nuevo clima es uno de los retos más importantes que tenemos las administraciones locales hoy en España”, concluye.
