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Así de sencillo: con un pequeño cambio, ya tienes una mejora notable.

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Aunque parece sencillo, el hecho de que el audio se reproduzca implica más de lo que parece.

Dejé mi suscripción a Spotify para comprar un reproductor MP3, y mi conexión con la música ha cambiado.

DAC Fiio SnowSky Melody.

DAC Fiio SnowSky Melody.

Diseño: Selu Manzano

No hace falta gastar mucho para disfrutar de un buen sonido: con un par de auriculares y un poco de cuidado, puedes disfrutar de un sonido impresionante sin necesidad de gastar de más.

Los conversores de audio, conocidos como DAC, transforman señales digitales en sonido análogo, y junto con ellos, los dispositivos como los reproductores digitales permiten que esta conversión se realice con claridad. Los altavoces, al recibir esta señal, la convierten en sonido audible, mientras que el origen de todo este proceso —desde la señal digital hasta su reproducción— se mantiene a través de un mecanismo preciso, donde el sonido se genera a partir de vibraciones precisas.

La música de un servicio de streaming, o, por ejemplo, la que escuchamos en formato MP3, está almacenada en formato digital. Esto quiere decir que contiene un montón de pequeños fragmentos de esta señal, codificados en contenedores de datos muy pequeños, para almacenarla más cómodamente dentro de nuestros dispositivos. Al reproducirla, lo que estamos haciendo es “decodificar” esta señal —a través de los llamados códecs— para que nuestros altavoces o auriculares puedan entenderla. Pero en este proceso perdemos precisión y, por tanto, calidad de sonido.

Un DAC es un dispositivo que reconfigura la señal de audio digital de un dispositivo de reproducción y la transforma en una señal analógica que nuestros auriculares pueden leer de mejor manera, evitando esa pérdida de calidad (a través de cable, claro). Los hay de muchos tipos y muchos rangos de precio, y sirven para mejorar la calidad de audio del móvil —el uso que yo he descubierto—, así como para alimentar sistemas de sonido más complejos. El modelo probado, el FiiO SnowSky Melody, cuesta 49,99 euros. La marca es china, pero tiene distribuidora en España: la valenciana Zococity. Me parece un modelo extraordinariamente apto, por su calidad-precio, para quienes busquen darle un impulso a su teléfono sin tener que gastar mucho en unos auriculares nuevos.

Es decir, un DAC mejora la calidad al convertir la señal, mientras que el sonido se mejora al conectarlo adecuadamente, en lugar de depender simplemente de la salida estándar.

Personalmente, uno de los aspectos más positivos de este SnowSky Melody fue lo sencillo que es de instalar: basta con conectarlo al teléfono a través de un cable USB-C y, a continuación, enchufar nuestros auriculares (con cable, eso sí), al otro extremo del dispositivo. A pesar de que la diferencia entre una señal analógica y digital es razonablemente sencilla de entender, me imponía un poco, de entrada, tener que andar con configuraciones específicas; afortunadamente, el gadget es absolutamente plug and play. Lo enchufas, y ya está.

Noté inmediatamente la diferencia al escucharlo: el sonido era mucho más claro y equilibrado. Aunque seguía siendo un dispositivo económico, el sonido se volvía mucho más nítido y equilibrado, con un bajo más definido y unos agudos que no agreden, sino que se integran con naturalidad.

Emplear un DAC mejora notablemente la experiencia, ya que mejora la calidad del sonido en este rango.

Así se conecta el DAC Fiio SnowSky Melody.
Así se conecta el DAC Fiio SnowSky Melody.Paula García

La única desventaja potencial es que el dispositivo requiere algo de energía, pero en la práctica no supone un inconveniente notable; el gasto energético es mínimo y no afecta el rendimiento diario.

Con esto, el dispositivo ya no solo es una herramienta cotidiana, sino que ha transformado mi experiencia: con solo tocarlo, el sonido se vuelve nítido y profundo, y aunque antes dudaba, ahora sé que la calidad no tiene por qué sacrificarse. 

Licenciada en periodismo por la Universidad de Zaragoza, experta en ocio electrónico, informática clásica y coleccionista de demasiadas plumas estilográficas. Igualmente, colaboro en Eurogamer.