Más allá de ChatGPT: estas son las habilidades con la IA que necesitas para ser el más productivo y deseado por las empresas
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Hay que saber usar la IA para ser más productivos y que nuestro perfil sea más atractivo para las empresas.

Una de las argumentaciones más extendidas sobre la inteligencia artificial (IA) es que lo harán todo mejor que nosotros y nos van a quitar el trabajo. Esto es posible que suceda en algunos casos, pero en la mayoría de situaciones, la realidad no es esa.
Los que más van a destacar serán aquellos que controlen la IA como la mejor herramienta de productividad que pueda haber. “Hay que relacionarse con la inteligencia artificial como si fuera un compañero de trabajo que nos puede ayudar en todo”, asegura Carlos González Reyes, profesor de los Estudios de Economia y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, e investigador del grupo i2TIC-IA Lab.
Si bien todos hemos experimentado un poco con ChatGPT o Gemini, nuestra destreza con la IA se puede multiplicar exponencialmente si tenemos en cuenta las indicaciones que veremos en este artículo. “Saber usar la IA nos hace más productivos”, indica Cecilio Angulo, investigador del Intelligent Data Science and Artificial Intelligence Research Center (IDEAI-UPC). “Pero hay que entender que la IA es un proceso inductivo, y que, por tanto, no siempre te dirá la verdad: hay que tener siempre espíritu crítico”.
La IA es un proceso inductivo y, por tanto, no siempre te dirá la verdad: hay que tener siempre espíritu crítico
“La IA siempre se basará en lo más probable, en lo que es normal. Tenemos que saber si lo que le vamos a preguntar es normal o no, y si la respuesta que nos va a dar tiene sentido o no”, prosigue Angulo. “Confundir la respuesta de la IA con una certeza no funciona”.
La consecuencia directa de asumir que la inteligencia artificial funciona por probabilidad y no por certeza es que el valor ya no está en la respuesta, sino en la capacidad de formular bien la pregunta y de evaluar críticamente el resultado. Para González Reyes, ahí empieza la verdadera diferencia entre quien “juega” con la IA y quien la incorpora de forma profesional a su trabajo diario.
Cuanto más claro sea el contexto que le damos, más útil será lo que nos devuelva
“Uno de los errores más comunes es pensar que la IA es una especie de oráculo”, explica el profesor de la UOC. “En realidad, es un sistema que responde en función de patrones. Cuanto más claro sea el contexto que le damos, más útil será lo que nos devuelva”. Esta idea conecta con una habilidad que las empresas empiezan a valorar de forma explícita: la capacidad de estructurar problemas complejos antes de delegar parte del trabajo en un sistema automatizado.
Saber pedir, saber leer y saber corregir
Entre las competencias clave, González Reyes destaca tres que aparecen de forma recurrente en sus investigaciones y en el contacto con empresas: formular instrucciones precisas, leer la respuesta con criterio profesional y corregir activamente a la IA cuando se desvía.
Diálogo. “Un buen uso de la IA implica diálogo”, señala. “La primera respuesta rara vez es la mejor. Ajustar el encargo, pedir aclaraciones o introducir restricciones forma parte del proceso”. Esta dinámica, que se parece más a la supervisión de un equipo junior que al uso de una herramienta automática, permite obtener resultados más ajustados a la realidad de cada sector.

En este punto, Cecilio Angulo introduce una advertencia importante: “La IA no tiene comprensión del contexto como la tenemos los humanos. Puede parecer que entiende, pero lo que hace es encadenar probabilidades”. Por eso insiste en la necesidad de validar siempre la información, especialmente cuando se aplica a ámbitos sensibles o estratégicos.
Entender qué puede y qué no puede hacer la IA
Hay que ser conscientes de las capacidades
Saber las limitaciones. Otro de los aspectos que González Reyes considera fundamentales es comprender las limitaciones técnicas reales de los modelos actuales. La mayoría de usuarios asocian la IA generativa a texto, pero su impacto va mucho más allá: análisis de datos, simulaciones, generación de escenarios, apoyo a la toma de decisiones o automatización de tareas repetitivas.
“El problema aparece cuando se utiliza la IA fuera de su zona de competencia”, apunta. “Hay tareas donde es extraordinariamente eficiente y otras donde introduce ruido”. Saber distinguir unas de otras se convierte en una habilidad profesional en sí misma.
Angulo coincide en este diagnóstico y añade un matiz relevante: “La IA tiende a normalizar. Funciona muy bien cuando el problema encaja en patrones conocidos, pero se vuelve frágil cuando nos movemos en situaciones excepcionales o poco frecuentes”. Esto obliga a los profesionales a mantener el control sobre el proceso y a no delegar decisiones críticas sin supervisión humana.

La productividad como ventaja competitiva
Desde el punto de vista empresarial, el valor diferencial ya no está en usar IA —ya se da por hecho—, sino en cómo se usa. González Reyes subraya que muchas compañías han pasado de la fase experimental a una etapa en la que buscan perfiles capaces de integrar la IA en flujos de trabajo reales.
“Las empresas buscan personas que sepan convertir la IA en una ventaja operativa”, explica. “No alguien que se limite a generar textos, sino que sepa ahorrar tiempo, reducir errores o mejorar procesos”. En este sentido, habilidades como documentar correctamente un proyecto, definir objetivos claros o evaluar resultados cobran más importancia que nunca.
Las empresas buscan personas que sepan convertir la IA en una ventaja operativa
Angulo refuerza esta idea desde una perspectiva más técnica: “La IA amplifica tanto las buenas prácticas como las malas. Si el planteamiento inicial es débil, el resultado también lo será”. Por eso insiste en que la formación en IA debería ir acompañada de una base sólida en pensamiento crítico y metodología.
Aprender a convivir con la IA en el trabajo diario
Rebajando el ánimo alarmista, ambos expertos coinciden en que el escenario más probable pasa por una convivencia cada vez más estrecha entre personas y sistemas de IA. No como sustitutos, sino como herramientas que redefinen tareas y responsabilidades.
“Quien entienda la IA como un apoyo constante tendrá ventaja”, resume González Reyes. “No porque sepa más tecnología, sino porque sabrá trabajar mejor”. Tampoco están diciendo que sean necesarios conocimientos avanzados de programación, pero sí una actitud activa de prueba y error: probar, equivocarse, ajustar y aprender.
Quien entienda la IA como un apoyo constante tendrá ventaja
En última instancia, el perfil más demandado será el que haya desarrollado una relación madura con la inteligencia artificial, más que dominar una herramienta concreta, que puede cambiar en pocos meses. Una relación basada en el criterio, la supervisión y la capacidad de integrar lo que la máquina propone dentro de su día a día profesional.
Como recuerda Angulo, “la IA puede acelerar mucho el trabajo, pero la responsabilidad final sigue siendo humana”. Tengamos en cuenta esto, porque lo vamos a tener que recordar cada día el resto de nuestras vidas profesionales.


