La tecnología más eficaz para evitar ocupas y robos en casa, según un especialista en seguridad: “Si se lo pones difícil, se van al vecino”
Seguridad doméstica
El experto en seguridad doméstica Santi Cortés, conocido en las redes como SantiGo, recomienda unas medidas u otras, según el tipo de intrusión que queramos evitar
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Las cámaras de seguridad son una de las opciones recomendadas, y deben tener cumplir algunos requisitos.

Una de las ventajas de asistir a congresos internacionales es que te permiten conocer y hablar con gente muy interesante. Precisamente en el CES de Las Vegas coincidí con un creador de contenido poco común. Se trata de Santi Cortés, más conocido en las redes como SantiGo, colombiano de origen, pero afincado en Madrid desde hace 26 años. Ya desde antes de llegar a España se dedicaba a la cerrajería y a la seguridad doméstica, y ahora tiene su propia empresa con varios colaboradores.
Uno de sus grandes méritos ha sido aprovechar internet, el SEO y las redes sociales a favor de su negocio. Sus vídeos de YouTube y sus publicaciones en Instagram y TikTok, no solo le han generado beneficios directos, sino que también le han proporcionado nuevos clientes, que se suman a su cartera de recurrentes. Durante una charla en uno de los hoteles de la capital del juego, nos explicó que no es lo mismo preparar la casa para evitar robos en casa que para frenar a posibles ocupas.
“Si te quieren entrar, te entran”
¿Frase real, o leyenda urbana?
“Si te quieren entrar, te entran”, repiten muchos vecinos resignados. Y Cortés lo confirma, esta idea es no solo incompleta, sino peligrosa. “Eso me lo dice la mayoría de la gente. Y sí: si te quieren entrar, te entran. Yo creo que hay menos miedo del que debería haber”, afirma sin rodeos. Y lo justifica con una combinación inquietante: cerraduras vulnerables, facilidad técnica para forzarlas y un marco legal que, a su juicio, penaliza poco tanto el robo como la ocupación.
Cortés lleva años trabajando directamente sobre el terreno, en viviendas que ya han sido asaltadas, y su diagnóstico es claro: “Es muy fácil entrar en una casa. Mucho más de lo que la gente cree”. La mayoría de ciudadanos confía en una puerta cerrada y poco más. El problema, explica, es que esa confianza no se corresponde con la realidad de cómo actúan ladrones y ocupas hoy.

El experto insiste en que no se trata de vivir obsesionados, sino de entender cómo funciona la delincuencia doméstica para tomar decisiones razonables. “El 90% de los robos son aleatorios, a la oportunidad. El ladrón va a lo más fácil”, resume. Y ahí es donde entran en juego las medidas que realmente funcionan.
“Otra cosa son los robos dirigidos, como los que planean a las casas donde viven personas chinas, que saben que guardan el dinero en las viviendas”, explica. “Sé de un caso al que fueron a robar disfrazados de albañiles, fingiendo que le estaban cambiando la puerta de entrada. Arrancaron la puerta principal, entraron y le desvalijaron. Así que… Sí: si te quieren entrar, te entrarán, aunque se tengan que disfrazar”.
Qué medidas funcionan más
Evitar los robos en domicilios
Cuando se habla de robos, Cortés subraya un concepto clave: el tiempo. “Una puerta como norma general se tarda 30 segundos en abrir”, explica. Para un ladrón, eso es asumible. Lo que no lo es, es enfrentarse a varios minutos de intervención. “Cinco minutos es eterno. Tiene que controlar que no le vean, que no le oigan, los nervios… Por eso hay menos robos en las plantas bajas que en los pisos altos, porque en los bajos los ladrones están demasiado expuestos”.
Por eso, la primera recomendación es clara: una buena cerradura, o mejor aún, dos. “Si tienes dos cerraduras, duplicas el tiempo de acción del ladrón”, señala. No porque existan sistemas absolutamente infranqueables —casi ninguno lo es—, sino porque obligan a usar métodos más ruidosos o visibles. Y eso rompe la lógica del robo oportunista.
El problema, advierte, es que muchas cerraduras consideradas “de seguridad” siguen siendo vulnerables a técnicas de habilidad. “Antes era el ganzuado, ahora son los decoders”, explica. Son unas herramientas específicas y muy tecnológicas que permiten abrir cilindros en segundos. “Tengo un cajón lleno de ellas. Cada cerradura tiene su herramienta”.
A esto se suman los errores cotidianos. “El 70% de la gente sale a tirar la basura o a comprar el pan y cierra de golpe”, afirma. Y eso, en términos de seguridad, es crítico. “Yo tengo cientos de vídeos abriendo una puerta de golpe en dos segundos”. En este punto, las cerraduras inteligentes sí pueden aportar algo concreto: el cierre automático. “Un smart lock evita ese problema. Configurándolo bien, la puerta se cierra con vueltas en cuanto has salido”.
Y quien habla de puertas, habla de ventanas. “Las ventanas tendrían que estar cerradas, incluso cuando estamos en casa”, asegura. “Sé más de un caso en el que a una mujer (casi siempre es a mujeres), le han entrado estando ella en casa. Ahí el ladrón normalmente se va corriendo, porque la condena puede ser mayor”.

Más allá de la puerta, Cortés insiste en la simulación de presencia: luces programadas, persianas que se mueven, rutinas visibles. “En verano funciona mucho contra los ladrones. Y si te llaman a la puerta o al interfono, responde siempre: si sabe que estás, no intentarán robarte”, añade. También alerta de prácticas muy habituales entre delincuentes, como revisar buzones o colocar pequeñas tiras de plástico o silicona para comprobar si hay alguien en casa. “Si pasan cuatro días y sigue ahí, entran”, comenta Cortés.
Hay que temer más una ocupación que un robo
Si el robo preocupa, la ocupación —según Cortés— debería preocupar aún más. “La ocupación es peor”, afirma tajante. “El ladrón puede irse con las manos vacías (es lo que suele pasar) y como mucho te desordena la casa. El ocupa, en cambio, te la destroza, se adueña de ella y puede estar un año hasta que un juez lo eche”.
Aquí, el enfoque cambia radicalmente. Las cerraduras, por sí solas, no son suficientes. “Hay mafias de ocupas que tienen sus propios cerrajeros”, explica. Profesionales capaces de vulnerar sistemas avanzados en poco tiempo. Por eso, la clave está en la seguridad activa.
“Lo que más funciona contra la ocupación son las cámaras y las alarmas”, asegura. Especialmente aquellas que permiten identificar el acceso en las primeras 48 horas, mediante detecciones de presencia y grabación en la nube. “Si tú puedes demostrar con una cámara que alguien entró mientras no estabas, eso cambia mucho la situación legal”.
Cortés defiende cámaras visibles, con sirena y luz. “Cuanto más se vea, mejor. Igual que la policía patrullando disuade, una cámara grande disuade”. Y siempre con grabación en la nube: “Aunque rompan la cámara, la imagen ya está registrada”.

En pisos, recomienda claramente la mirilla inteligente. “Lo primero, que recomiendo una mirilla inteligente”, dice. Y relativiza los problemas legales o vecinales: “Si te llevas normal con tus vecinos, estás protegiendo más al vecino que a ti mismo”. Según su experiencia, los conflictos reales son mínimos.
En cuanto a alarmas, Cortés es muy crítico con los sistemas masivos. “Las centrales de alarma, especialmente las más conocidas que se anuncian en los medios, no valen absolutamente para nada”, afirma sin matices, citando numerosos casos reales. Prefiere sistemas autogestionados, con aviso directo al propietario, doble conectividad y respaldo energético. “El ladrón, en cinco minutos, ya ha cometido el hurto. No puedes depender de una central saturada”, señala el experto.
Finalmente, introduce un factor humano decisivo: los vecinos. “Tener vecinos cotillas es muy bueno”, dice entre risas, pero con total seriedad. “Muchas ocupaciones se han evitado porque los vecinos avisaron”. La indiferencia, concluye, es “caldo de cultivo” para la ocupación. Aunque no son lo más eficaz, tanto la mirilla, como las cámaras como las alarmas, también son de ayuda para prevenir robos.
El intruso siempre va a lo fácil
La seguridad doméstica, según Santi Cortés, no va de blindarse hasta lo absurdo, sino de entender cómo piensa quien quiere entrar. “El ladrón va a lo fácil”, repite. Y lo mismo ocurre con el ocupa.
La diferencia entre que te marquen como objetivo o no suele estar en los detalles: tiempo, visibilidad, reacción inmediata y, sobre todo, no confiarse. Como resume el propio Cortés, “si se lo pones difícil, se va al vecino”.


