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“El ordenador es un idiota”: el genio de los negocios Peter Drucker nos advirtió en los 90 de nuestra dependencia actual a la tecnología

Dependencia tecnológica

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Peter Drucker, consultor.

Peter Drucker, consultor.

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A mediados de los 90, el genio de los negocios y consultor empresarial Peter Drucker dio una entrevista a Forbes en la que quedó como poco menos que un hombre apocalíptico. “El ordenador es un idiota. Hace exactamente lo que se le dice y nada más”, dijo entonces. 

Su voz era tan disidente entonces como lo puede parecer ahora. Estábamos en plena euforia informática, cuando las empresas empezaban a informatizar procesos y a confiar ciegamente en los sistemas de información, y la frase sonó reaccionaria y exagerada. Pero ¿puede que tuviera parte de razón?

Al contrario de lo que pudiera parecer, Drucker no era tecnófobo ni nostálgico de siglos pasados. Se definía como teórico social, y esa perspectiva le permitía ver algo que muchos ingenieros y directivos no veían: que el verdadero riesgo de la tecnología no estaba en la máquina, sino en la renuncia humana al criterio y a la responsabilidad.

Cuando hablaba del ordenador como “idiota”, no estaba cuestionando su potencia, sino su naturaleza. Para Drucker, el ordenador —y por extensión cualquier sistema tecnológico, como la IA hoy en día— carece de comprensión, de contexto y de juicio. Procesa datos, ejecuta instrucciones y optimiza tareas, pero no entiende lo que hace ni por qué lo hace. Y eso, por más que avance la tecnología, no ha cambiado un ápice.

Peter Drucker, consultor.
Peter Drucker, consultor.Wikimedia Commons

Es por ello que, hoy en día, sus palabras deberían resonar con fuerza. En un momento en el que las big techs apuestan por automatizar todo, acabar con puestos de trabajo en favor de las máquinas y dejarlo todo en manos de la IA, cabe recordar que uno de los más influyentes consultores empresariales del siglo pasado advertía sobre lo que podría pasar si esto ocurría.

”No necesitamos más tecnología, sino un mejor uso de la que ya tenemos”, también dijo entonces, en su libro Gestionar en tiempos de grandes cambios (1995). Sin embargo, en plena década de los 20s, nos encontramos en una deriva en la que crear el prototipo más óptimo y optimizar los procesos parece ser la clave de todo. Así, la tecnología ya no es solo una herramienta, sino que es un fin en sí misma.

Este es precisamente el escenario que Drucker temía. No porque la tecnología avance, sino porque avance sin una estructura ética y humana que la controle. Para él, el management no consistía en maximizar la eficiencia técnica, sino en equilibrar resultados, personas y responsabilidad social. Cuando ese equilibrio se rompe, la tecnología deja de servir a la empresa y pasa a dirigirla.

En el caso de la inteligencia artificial, esta advertencia cobra una importancia aún más grande. La IA no solo ejecuta órdenes, sino que sugiere, prioriza y filtra la realidad. Pero sigue siendo, en esencia, lo que Drucker describía: una tecnología incapaz de comprender significado, valores o impacto humano. El peligro no está en que la IA falle, sino en que la tratemos como si no pudiera hacerlo.

La pregunta, entonces, no es hasta dónde puede llegar la tecnología, sino hasta dónde estamos dispuestos a ceder nuestro criterio. Y esa, como advirtió Drucker hace ya tres décadas, no es una cuestión técnica, sino simplemente humana.

Creativo y tecnólogo. Escribo sobre IA y cultura digital. Fundé una productora y una Proptech. Hablemos de futuro.

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