Pequeños apartamentos y un creciente estrés, mientras las viviendas se vuelven cada vez más ajustadas.
'Hora 25'
El investigador sostuvo que el acceso a vivienda está vinculado con la presión sobre los recursos.
La Sociedad Española de Neurología confirma la creciente preocupación por el uso excesivo de pantallas: “Reduce la capacidad de concentración”

Foto de archivo de un piso pequeño en Barcelona
El pasado mes de enero, se viralizó en TikTok un vídeo publicado por la usuaria @le_petit_patito, en el que parodiaba el anuncio de una vivienda publicado en una plataforma de alquiler. Se trataba de un piso de 17 metros cuadrados por 700 euros al mes, situado en el barrio de Malasaña de Madrid. A lo largo de dos minutos, la joven vendía como una oportunidad única lo que en esencia era una buhardilla reconvertida en un espacio de habitabilidad cuestionable. Un asunto que lleva tiempo convertido en un debate de actualidad.
El problema de la vivienda, los alquileres disparados y los espacios no habitables convertidos en habitaciones llevan tiempo preocupando a los ciudadanos, especialmente aquellos más jóvenes en busca de su primer hogar independiente. Sin embargo, la mayor complicación que se deriva de esta situación ataca directamente a la salud mental, y no solo por los demás factores. El periodista José Precedo comentaba esta semana en Hora 25, de la Cadena SER, cómo los pisos excesivamente pequeños también causan daños en el cerebro.
El colaborador se basaba en la teoría del hacinamiento psicológico, acuñada por el profesor emérito de la Universidad de Cornell en Nueva York, Gary W. Evans. Mediante un estudio publicado en 2002, junto a Peter Lercher y Walter W. Kofler, constataba que el tipo de vivienda donde residían los niños tenía consecuencia en términos de salud mental más adelante. Para ello, el grupo estudió a dos tipos de alumnos de tercero y cuarto de primaria en Austria, dependiendo del entorno en el que se estaban desarrollando.
El primero de los dos se originaba en zonas donde la densidad era más alta, mientras que el segundo, vinculado a viviendas en zussa, mostraba diferencias claras; uno de ellos, el primero en la secuencia, correspondía a una vivienda cuyo entorno se veía afectado, mientras que el segundo, al ser más amplio, reflejaba una distinta realidad, aunque ambos compartían el mismo contexto de limitaciones espaciales.
Menos espacio, más aislamiento
“Evans descubrió que las personas que viven en espacios hacinados pueden desarrollar una estrategia de defensa, se desconectan emocionalmente de los demás y a partir de ahí se desactivan vínculos familiares y también peligra la capacidad tanto de ofrecer como de recibir apoyo social”, explicaba Precedo en su intervención en Hora 25. Una conclusión que se puede extrapolar a los pisos pequeños que se intentan alquilar actualmente: a menos espacio, menos propensión y capacidad de pedir ayuda a la familia.
“Las casas pequeñas estresan, pero no todas estresan de la misma forma y destaca algunos aspectos importantes. El primero de ellos es la pérdida de control sobre el espacio. Ahí lo que dice Evans es que lo peor de compartir apartamentos no es frotarte mientras estás haciendo la colada o fregando los cacharros, es la incapacidad de regular la interacción social”, insistía el periodista.

