Las Claves
- La Fiscalía dispone de dos querellas contra Julio Iglesias por presunta agresión sexual tras denuncias de antiguas empleadas en sus residencias.
- Las denunciantes describen abusos y tocamientos ocurridos durante el año dos mil veintiuno en la República Dominicana y las Bahamas.
- Usuarios de redes sociales recuerdan el comportamiento táctil de Julio Iglesias en archivos televisivos ante la gravedad de las nuevas acusaciones.
- Isabel Díaz Ayuso defendió públicamente al cantante universal mientras diversos sectores critican la posible impunidad otorgada por el poder económico.
Jesús Quintero se encuentra frente a él, con esa actitud de cómplice envuelto en el humo de los cigarrillos que suele mostrar ante sus invitados. La charla en TVE junto a Julio Iglesias, durante aquel El perro verde de 1988, lleva ya más de diez minutos centrada en el tema femenino. “Yo hago el amor cuando puedo. Como todo el mundo. Como cualquier ser humano. Y hago el amor con la cabeza y con el alma, profundamente”, afirma el artista. Mantiene relaciones íntimas cuando le es posible. Actualmente se le imputa el haber forzado encuentros cuando le place.
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A partir del 5 de enero, la Fiscalía dispone de dos querellas contra Julio Iglesias por presunta agresión sexual. Eldiario.es y Univisión revelaron el martes el proceso tras un periodo de tres años de pesquisas. Por ahora, son un par de antiguas empleadas de las residencias que el vocalista posee en la República Dominicana y Bahamas quienes le señalan, durante todo el 2021, por abusos sexuales, penetraciones, tocamientos y diversos incidentes más. Ellas retratan el lugar como una auténtica vivienda del horror.
Este asunto requiere cautela. No obstante, apartando temporalmente esta controversia: Julio Iglesias suele ser demasiado táctil. Y lo sabes. Lo ha evidenciado en diversas ocasiones frente a los focos. En las plataformas digitales lo rememoran. Sirven de muestra el beso a la presentadora Susana Giménez. Un caso más a una reportera boliviana. “Siempre ha tratado a las mujeres como objetos. Solo hay que ver los archivos de la tele”, manifiesta @borjateran.
Los archivos de prensa hacen que bastantes personas no se asombren hoy frente a la denuncia por violencia y hostigamiento sexual. “Normalmente cuando un famoso tiene un escándalo siempre hay un ‘no me lo esperaba, la verdad’. Con esto de Julio Iglesias es ‘a ver, me cuadra’”, reflexiona @Serthand. Para ciertos individuos, Julio Iglesias ya califica como un viejo verde. De modo oficial.
Para otros, ante este material televisivo, se mostraba tan culpable que solo podía ser inocente. Hay personas que piden no precipitarse. Que debe imperar la presunción de inocencia y que corresponde a un juez sentenciar. Hasta ese instante, solo ocurren “juicios de la infamia”. “Le ha tocado a Julio Iglesias. De oca a oca y te condeno porque te toca, sin juicio, sin sentencia, y desde el anonimato”, lamenta la abogada @Proserpinasb.
Sin embargo, y en una dimensión aparte, figura Ayuso. Inicialmente añade las churras: “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán”. Y seguidamente, las merinas: “La Comunidad de Madrid no contribuirá jamás al desprestigio de los artistas, y menos al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias”.
“Violar, violará, pero ¿y como canta, qué?”, le responde con sorna @SiberetSiberet. “Julio Iglesias, el único anciano a salvo gracias a Díaz Ayuso,” resuena 7.291 ocasiones @josecabreraah. El de mayor firmeza es @DonMitxel_I: “No defiende la presunción de inocencia (...). Lo que defiende es que los ricos puedan también violar mujeres”. Según la mandataria, no hace falta tampoco un proceso legal. Se trata de Ayuso como impulsora de un pensamiento: poseer poder otorga impunidad.
Puesto que abundan los individuos pudientes imputados por abuso sexual y perdonados por su posición económica. Donald Trump. Bill Cosby. Harvey Weinstein. Gérard Depardieu. Por incidentes de menor calado, Plácido Domingo, a quien Ayuso también ofreció su respaldo.
En nuestros días, un sector de la opinión pública contempla a Julio Iglesias como un viejo verde dentro de un entorno tan degradado como el que relata Vargas Llosa. La apariencia del intérprete dista de aquel muchacho de veintitantos años que lucía un turquesa impecable que cantó Gwendolyne en Eurovisión. Todo en tonos azules. De pies a cabeza. Con una chaqueta carente de bolsillos para evitar que introdujera las manos y se notara su nerviosismo. Desde aquel momento ha prescindido de ellos. Actualmente se comenta que las tiene alargadas tras tantos años de mantenerlas al aire. Supuestamente.
“Le he visto rodeado de menos mujeres –le comenta Quintero ya entonces, en aquel El perro verde –, ¿es porque ya está cansado de consumir placer?”. El fallo será emitido por los tribunales. Siempre que se realice el juicio.

