
Sin paz ni tregua en el tren
El patio digital
No hay paz ni tregua en las redes ante una tragedia. Tampoco milagros políticos. Los primeros mensajes de solidaridad y colaboración entre el Gobierno central y el PP por el choque de trenes que ha costado la vida a una cuarentena de personas se diluyeron por la extrema derecha a medida que aumentaba el número de víctimas y el cálculo coste-beneficio político.
Hay errores comerciales, como el de Ouigo, que se olvidó de desprogramar un mensaje en X en el que ofrecía plazas de alta velocidad más baratas. “De Blue Monday a Ouiii Monday. Haz que el día más triste del año sea mucho más alegre con una escapada Ouigo”. El desafortunado descuido se solventa con una disculpa pública y la retirada “inmediata" del mensaje. “Hoy solo queremos expresar nuestro respeto y condolencias por el trágico accidente ferroviario”. Sin margen para el negocio y pendientes de la investigación de la Guardia Civil, la responsable de la infraestructura, Adif, abre su web con un mensaje informativo y la operadora Iryo, con uno equivalente de condolencias.

Después está la deshumanización ideológica. Santiago Abascal y los voceros de la derecha habían dictado sentencia el domingo por la noche mientras iba aumentando el recuento de víctimas mortales. El presidente de Vox sostuvo en un mensaje que “por desgracia, y lamento decirlo, como en tantas catástrofes que nos han golpeado estos años, no puedo confiar en la acción de este Gobierno. Nada funciona bajo la corrupción y la mentira”. Y sigue y sigue...
El exatleta y candidato de Podemos a la alcaldía de Madrid, Roberto Sotomayor, lanzó el aviso: “Comienza otra campaña de desinformación e intoxicación. Prepárense para ver y oír en los próximos días auténticas barbaridades de las alimañas que conviven entre nosotros”.
El primer paso es sembrar dudas: “Aún no nos han explicado por qué se dio el apagón. Nunca nos explicarán por qué chocaron los trenes”, escribe Lucía Etxebarría. Y el siguiente, poner el ventilador en marcha: “El presidente de Renfe se gasta 2,5 millones en fichar 28 nuevos directivos en siete meses”, “La Moncloa aprueba 228 millones de euros para sufragar el metro de El Cairo” o “España dará un crédito a Marruecos de 750 millones para comprar trenes”. Todo es especular y hurgar en los lindes de la tragedia: “¿Cuántos kilómetros de vías se podrían haber mejorado con los 228 millones que el Gobierno dio a Egipto para su metro? ¿Cuántos trenes se podrían haber modernizado con los 750 millones a Marruecos para sus trenes?”
El fallo humano está prácticamente descartado porque los sistemas de seguridad corrigen cualquier acción errónea, así que hay que mirar en la infraestructura y alrededores. Los alrededores son el ministro Óscar Puente, que afronta su segunda crisis tras la tragedia de la dana, en la que ofreció en las redes una masterclass de comunicación y reconstrucción. La vehemencia no está reñida con la eficacia, pero en este caso, Puente no puede sacar pecho pese a la excelente respuesta de los servicios de emergencias. Las víctimas habían pagado billete y proliferan los mensajes publicitando avisos de Adif sobre incidencias técnicas en el tramo de Adamuz.
La inquietud mediática es contagiosa y el presidente del PP es reincidente. Para no perder el foco, Alberto Núñez Feijóo se reúne con los expresidentes de Renfe, Pablo Vázquez, y la ex directora general de la compañía, Berta Barrero. Son cargos de los antiguos gobiernos del PP con los que pretende analizar la situación “en tiempo real” y tener “la información técnica más solvente”. El líder popular quiere dar la imagen de “estar pendiente en todo momento”, pero tropieza en la misma piedra de la dana y sus comunicaciones “en tiempo real” con Carlos Mazón.
La responsabilidad institucional de los dirigentes políticos debería incluir la paciencia ante las tragedias. El apoyo a las autoridades competentes y la solidaridad con las víctimas debe primar. Es lo que han hecho Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno Bonilla. Nadie echará de menos a Feijóo si se mantiene en una discreción exigente; por el contrario, todos recordarán los errores de comunicación que pueda repetir respecto a la tragedia de Valencia.
Lo peor de las redes convive con lo mejor. Los pasajeros de los trenes dieron testimonio inmediato de la tragedia gracias a sus teléfonos. Aun así, hubo quien quiso hacer negocio vendiendo imágenes falsas generadas con inteligencia artificial. Y los familiares de los pasajeros, desesperados, apelaron a la “magia” de X e Instagram para localizar a sus seres queridos. Más humanidad y menos brega política.

