Opinión

El ocaso de Montero: coge el dinero y dame las gracias

Cuadernos del Sur

Es un mal método, y en términos de estrategia política un pésimo negocio, exigir a los votantes, cuya percepción de la realidad a la hora de la verdad es la que discrimina el resultado en unas elecciones, que te regalen su agradecimiento por anticipado y de forma obligatoria. La gente valora lo que considera cierto y, en general, tiende a descreer de las abstracciones.

Por eso resulta asombrosa la táctica de Montero, que dejará de ser ministra dentro de unos meses, cuando se convoquen los comicios en Andalucía, de insistir y persistir en que el Quirinale –que está encantado con la oposición general del resto de las autonomías al sistema de financiación– va a tener problemas para explicar su negativa a recibir 4.800 millones de euros más.

Si se tiene en consideración el antecedente más inmediato –la condonación de la deuda regional– salta a la vista que en el Sur no va a producirse una rebelión social en contra de Moreno Bonilla, aunque no es nada descartable que la inminente campaña electoral de Montero sí se vea condicionada por una hostilidad social que no se circunscribe a lo estrictamente partidario.

María Jesús Montero durante un acto político
María Jesús Montero durante un acto políticoEFE

En Andalucía existe una oposición transversal a cualquier propuesta de discriminación en relación a otras autonomías. Prácticamente es el único legado cultural duradero del autogobierno: aquella famosa máxima de no querer ser más, pero tampoco menos, que nadie.

El PSOE parece pensar que la gente va a salir a la calle a agradecer a Sánchez la supuesta merced concedida con el nuevo reparto de los fondos autonómicos sin que, antes, medie la pregunta de si estos recursos financieros son los que realmente corresponden a Andalucía o, por el contrario, su ofrecimiento es un señuelo para camuflar una asimetría.

Aquí reside el nudo de la cuestión. La situación no deja de tener un matiz cómico. Es como acudir a un banco a pedirle una hipotética, recibir un contrato con cláusulas medievales y preguntarle a la entidad si esas condiciones te convienen, confiando en que te cuente la verdad.

Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía a la Junta de Andalucía
Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía a la Junta de AndalucíaEFE

Un benefactor, como escribió Balzac, padre de La comedia humana, no es necesariamente una criatura solidaria o un alma piadosa. Es alguien que te socorre a cambio de fijar una deuda moral por ofrecerte su asistencia. Nada es gratis en esta vida.

Si la vicepresidenta optase, como parece, por ignorar la rotunda oposición institucional –que incluye hasta a los presidentes de las autonomías del PSOE– mediante un acuerdo político en el Congreso de los Diputados con sus anteriores socios parlamentarios para aprobar esta reforma, estaría ganando una batalla coyuntural para, acto seguido, perder la guerra.

Si ya es difícil de explicar que Moncloa haya discutido el nuevo sistema de financiación únicamente con ERC, un partido que ni siquiera representa a la Generalitat, aunque el PSC dependa de los republicanos para casi todo, especialmente para perdurar en la plaza de Sant Jaume, mucho más lo sería que el nuevo modelo saliera adelante con los votos de Junts y ERC.

Actuación de la chirigota sevillana 'To pa mi', que parodia a la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero
Actuación de la chirigota sevillana 'To pa mi', que parodia a la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús MonteroEFE

Obtener esta hipotética mayoría en la Carrera de San Jerónimo equivale a estrellarse en Andalucía, donde la vicepresidenta se ha convertido esta semana incluso en un personaje de una chirigota (burlesca) del carnaval de Cádiz por su proverbial voracidad tributaria.

Montero ha respondido a su caricatura con buen talante (“Entrar en el imaginario del Carnaval de Cádiz es todo un privilegio, aunque sea como diva fiscal”, ha dicho) pero sabiendo, como sabe, que dicha estampa no le ayudará a la quimérica tarea de reconquistar la Junta, misión imposible según los sondeos, ni evitará su cada día más probable eclipse político.

La vicepresidenta y ministra de Hacienda puede pasar de ser la número dos del Gobierno y la vicesecretaria general del PSOE federal a portavoz de la oposición en Andalucía –salvo que medie un rescate– en una cámara legislativa dominada quizás por una nueva mayoría absoluta del PP o condicionada por los caprichos de Vox. Es un cambio de posición notable.

De suceder, no va a serle nada fácil contar con el apoyo de las minorías de izquierdas en el Sur, cuyo candidato, Antonio Maíllo, ha verbalizado ya la necesidad de poner punto final a la etapa de Yolanda Díaz y sustituir a Sumar –que en Andalucía no existe– por un frente de izquierdas que se aleje del PSOE y pueda, cosa que de momento no tiene muchos visos de ocurrir, incorporar a Podemos para no perder escaños, sueldos e influencia.

Tampoco es muy seguro que el PSOE andaluz se mantenga tranquilo en caso de acontecer una nueva debacle electoral en Andalucía que, sin duda, sería el preludio de una estrepitosa derrota en unas generales adelantadas.

Los socialistas meridionales llevan ocho años perdidos en el páramo. Están fuera de San Telmo, han rendido el control de seis de las ocho diputaciones provinciales, no cuentan con el ascendente de los grandes ayuntamientos del Sur y no han ganado unos comicios desde el fatídico invierno de 2018. La mitad de su electorado se ha esfumado en algo más de un década.

No parece el mejor escenario para la pax interna ni, desde luego, garantiza que la vicepresidenta pueda ejercer como regente del PSOE andaluz en una hipotética etapa post-sanchista. Más bien da la sensación de que la ministra sevillana está llegando a la estación término de su trayectoria política. “El agradecimiento” –decía Diderot, uno de los padres de la Encyclopédie– “siempre es una carga, y todos tienden a librarse de ella”.

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