Opinión

Los voceros del caos

EL PATIO DIGITAL

España es una nación que, únicamente en enero, ha contemplado un desfile de expertos en la política de Venezuela que, poco después, dominaban los pormenores de Groenlandia como si veranearan allí y, entretanto, manejaban las claves del modelo de financiación autonómica explicándonos la ordinalidad. Actualmente, esos mismos sujetos se han vuelto especialistas en redes ferroviarias que entienden de coladas de acero y procesos de soldadura industrial. En las plataformas digitales abundan estos perfiles que lo conocen todo y dan lecciones magistrales sin pudor. Es el reflejo de nuestra era, un periodo donde la rapidez manda y se solicitan contestaciones directas a dilemas complicados. Sin embargo, en ciertos momentos, los hechos demandan sosiego.

Imagen de 'El Grito', de Edvard Munch
Imagen de 'El Grito', de Edvard MunchPropias

La administración se aproxima a su octavo aniversario y Pedro Sánchez superará próximamente a José Luis Rodríguez Zapatero en tiempo de gestión. El mandatario reitera su intención de completar el ciclo parlamentario, de modo que los comicios nacionales tendrían lugar dentro de dieciocho meses. ¿En qué situación se encontrará el planeta para esa fecha? Se trata de un interrogante fundamental.

Sin embargo, el PSOE atraviesa actualmente una dualidad de crisis ferroviarias que compromete gravemente su devenir. El responsable de Transportes, Óscar Puente, está llevando a cabo una tarea sobresaliente en prensa y redes sociales en pro de la claridad, algo vital en periodos de alarma social. El representante de Valladolid está definiendo una metodología singular para conducir coyunturas críticas. Demostró esto con la dana en la Comunidad Valenciana y lo manifiesta nuevamente hoy. Más tarde, será la ciudadanía la que valore si sus justificaciones son creíbles. No obstante, el estilo Puente marca un hito: de aquí en adelante, aquel líder que no actúe con franqueza al lidiar con un asunto de importancia enfrentará complicaciones.

El siniestro de Adamuz ha concentrado hasta la fecha la mayor parte del interés informativo, como es natural. Han fallecido 45 personas y los parientes de los damnificados cuentan con la total potestad para pedir que se asuman culpas. La ciudadanía restante, tal como señaló la reina Letizia, tiene actualmente el compromiso de no ignorar lo ocurrido en esta catástrofe.

La crisis en Rodalies, por el contrario, posee una relevancia política y social superior. No únicamente debido a que Catalunya represente el mayor caladero electoral del PSOE, sino porque se arriesga la credibilidad de un modelo de transporte del cual dependen muchísimas familias a diario para acudir a sus empleos, centros educativos o atender a parientes. La paciencia se ha agotado y resurge una indignación que anteriormente se materializó en el procés. La narrativa sobre el retorno de la estabilidad a Catalunya resulta poco convincente en la actualidad.

El autocontrol de los internautas y la claridad de las instituciones gubernamentales, factores esenciales para enfrentar el alarmismo en los entornos digitales.

Dentro de las plataformas digitales, el doble conflicto del ferrocarril es utilizado por los grupos habituales para afirmar que España se ha transformado (con la venia de David Uclés) en el territorio peninsular donde el transporte ferroviario falla. Al igual que ocurrió en desastres y contratiempos previos, se busca difundir la noción de que “este país es un caos” y que en el pasado la gestión era superior. Tal situación desemboca en el término “hartos de pagar impuestos” y, consecuentemente, en un recelo global hacia las instituciones. Constituye el núcleo del trumpismo. El propio Rey lo señaló en Paiporta: “Hay gente interesada en crear caos”. Caos figura entre los vocablos más recurrentes en internet durante las jornadas recientes.

Tras los promotores del desconcierto opera un sofisticado engranaje con fines marcadamente políticos. O más bien antipolíticos. Giuliano da Empoli lo relata con rigor en Los ingenieros del caos, un texto cuya lectura resulta aconsejable para quienes frecuentan X, Bluesky y redes sociales parecidas.

Los difusores del desorden apoyan sus reproches al modelo en datos con cierta certidumbre. ¿Es real que la red de trenes rápidos sufre más inconvenientes que en el pasado? Eso está sujeto a matices. Si por una optimización se entiende la exactitud en los horarios, la contestación es afirmativa. Si por una optimización se entiende la facilidad para viajar y un incremento de la oferta, la contestación es negativa.

Resulta innegable que España presenta ciertas deficiencias en su gestión, no obstante, existe una gran diferencia con afirmar que reina el caos absoluto. Únicamente se requiere atravesar los Pirineos para comprender que no existe ningún lugar idílico.

¿De qué forma enfrentar el alarmismo de los agitadores que circulan por las plataformas digitales? Se sugiere la prudencia del ciudadano común y la claridad de las instituciones gubernamentales. Los hechos objetivos superan a la narrativa, según el dicho popular. Por ello, ante los dos conflictos del tren que afectan a España, resulta vital ofrecer mayor información para disipar las dudas. Lo que se encuentra en riesgo es la credibilidad en la estructura vigente.

Fernando Hernández Valls

Fernando Hernández Valls

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Periodista del área económica de Guyana Guardian en la sede de Madrid. Escritor de la obra 'El año que vivimos sin Gobierno' (Libros.com) y participante en diversos espacios de televisión y radio.

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